“Maquiavelinas”: Las Fuerzas del Cielo siguen con Milei
Por Marcelo Mouhapé Furné
Igual, a ese poder celestial le cuesta encarrilar al presidente y parece abandonarlo momentáneamente ofendido por sus excesos.
Como en el Foro de Davos (Suiza) de 2025, a donde Milei llegaba en su mejor momento. Muy cebado en éxitos, al jefe de estado argentino se le ocurrió retar al mundo occidental señalando que lo que hacían no servía al Nuevo Orden Mundial porque habían sido contaminados con el virus populista (“wokismo”).
Algo de eso enojó a sus protectores de arriba porque le retiraron los embajadores y desde ahí a Milei le empezó a salir todo mal. Los casos Libra, Andis, Espert y la no acumulación de reservas en dólares, lo que implicó que la imparable corrida cambiaria post derrota en el comicio provincial de septiembre forzara a Trump a rescatar al libertario en lo cambiario y en lo electoral nacional de octubre.
Superada la cuasi catástrofe de la primavera de 2025, el gobierno central transcurrió en paz hasta principios de marzo, cuando, -tras protagonizar un papelón lesivo de su investidura al inaugurar el período ordinario de las sesiones en el Congreso-, el presidente volvió a tener problemas. Se reactivó la causa Libra y estalló el escándalo por los viajes de Adorni (caso que se parece demasiado a los vicios de la casta que Milei prometió erradicar).
Todo esto no tendría tanta repercusión si la economía diaria funcionara. Cuando no se llega a fin de mes, el malhumor social cuestiona lo que antes toleraba en el gobierno (en todos). La inflación no baja, la recesión se instala y el desempleo se dispara. En esta coyuntura, cualquier otro presidente la tendría muy complicada; pero Javier Milei mantiene ese extra de confianza popular de creer que es capaz de revertir la crisis. Un capital enorme que debería proteger aplicando correcciones económicas y disciplina interna.
Tras unas breves vacaciones, parece que Las Fuerzas del Cielo volvieron a su misión de apoyar al presidente. Cuando peor estaba con el “criptogate” y los vuelos de su jefe de gabinete, a Milei le cae un regalo de arriba (del norte) que tapa todo. El fallo de la justicia estadounidense anulando el pago por 18 mil millones de dólares (16100 millones más intereses) a los inversores reclamantes como perjudicados por la expropiación de YPF en 2012 (aprobada por la Ley Nº 26741 del 3 de mayo de ese año).
Gran noticia para el país (lo tenía que pagar el gobierno, -o sea todos-, no la petrolera, -favorecida a su vez porque la resolución judicial hizo que sus acciones subieran significativamente-) e inmejorable ocasión política para Milei enfocando la culpa en Kicillof (quien hizo el procedimiento en aquel gobierno de Cristina). La campaña presidencial para 2027 empezó con la cadena nacional del viernes 27 de marzo de 2026.
Pero dato mata relato. El fallo de la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York reconoció la facultad expropiatoria del estado nacional bajo la ley argentina. Fin.
Por supuesto que las contrapartes de la grieta entre libertarios y peronistas tendrán su propia interpretación. Discusión que inundará las redes sociales donde quedará sin incidir más allá de ese ámbito porque la elección del año que viene la definirán quienes están afuera de ese Boca - River.
En este tema, -en medio de esa confrontación maniqueísta entre Milei y Kicillof-, hay un hecho paradojal de nuestra trágica historia. La normativa en la que la justicia estadounidense se basó para resolver que el estado argentino hoy no debe pagar una indemnización (impagable) porque la expropiación de 2012 estuvo respaldada por La Ley de Expropiaciones (Nº 21499), -que prohíbe las acciones judiciales de terceros que interfieran en una expropiación a favor del bien común-, fue sancionada durante el último gobierno de facto (el 17 de enero de 1977). La herramienta legal que salva al gobierno de Milei y reivindica el accionar del de Cristina, es obra de la dictadura de Videla, Massera y Agosti.
Mientras el presidente utiliza el fallo políticamente, da la impresión de que en su fuero íntimo lo rechaza (¿será porque es a favor del estado, no del inversor privado?). Milei anunció que enviará al Congreso un proyecto para modificar la Ley de Expropiaciones. Por lo publicado en los medios se basaría en quitar el blindaje que hoy tienen las empresas argentinas (sujetas a la posibilidad de expropiación) y blindar a los inversores. O sea, si la justicia de EE.UU hubiera tenido para considerar la ley sobre Expropiaciones que propone el gobierno "mileísta", habría fallado a favor de los demandantes y hoy toda la población argentina tendría que pagar una indemnización de 18 mil millones de dólares. Al respecto, me gustaría escuchar declaraciones de la vicepresidenta Villarruel.
Pero la resolución judicial estadounidense sobre el caso YPF, -que llegó tan justo para sacar a Milei del atolladero que pareciera ser propia de una intervención del más allá (o de acá: ¿Trump no tuvo nada que ver?)-, no resuelve el problema de fondo en el gobierno, que es la interna cada vez más abierta y escalando en intensidad entre los sectores de Karina Milei y los del asesor estrella, -Santiago Caputo-, (conocido como “El Mago del Kremlin”)
Este es el año en donde Javier Milei debe encausar todo para llegar con expectativas a la reelección. En 2027 el presidente tendrá que enfrentar a contendientes de peso. Minimizar (o, peor aún, negar) ese escenario sería un muy grave error. Los habrá en la otra vereda (Kicillof) y a los costados, porque el año próximo surgirán ofertas alternativas de la derecha (¿una o dos?) que dividirán el voto que hoy acapara Milei.
El hecho de que mucha gente empezó a darse cuenta que el plan del gobierno de conseguir dólares solo en tres sectores productivos (campo, energía y minería) no los incluye, agrega presión social. A los que se dieron cuenta rápido de que no iban a cobrar en dólares, se suman los que dejaron de cobrar en pesos. Además, la motosierra ya no se sostiene como lema de gestión (y mucho menos como carnada electoral para la campaña de 2027).
Otro aspecto muy importante a tener en cuenta para la administración Milei, es que el gobierno de Estados Unidos ya no le arrojará salvavidas. Por dos cuestiones. La primera es que la guerra contra Irán les cuesta 1500 millones de dólares por día. Trump ya quemó 45 mil millones de “verdes” (y eso, -sin concesiones de Estados Unidos a Irán-, va para largo). Otro anuncio de “cheque yankee” por 20 mil millones de dólares para acá, es imposible. El otro motivo es porque el gobierno estadounidense ya firmó con el argentino el “acuerdo recíproco” (el de la reciprocidad real de 11 a 1 a favor de EE.UU). Eso Trump ya lo pagó y por eso ya no considera necesario que su gobierno invierta más en metálico en la administración libertaria.
El tiempo pasa rápido y el electoral 2027 está a la vuelta de la esquina. El presidente Milei debe corregir lo único que hoy lo desestabiliza: “los problemas que le genera su interna”.
Si fuera Menem, -quien se sacó de encima a un vicepresidente-, Adorni ya no estaba en el cargo dejando a la oposición sin argumento. Carlos Saúl aceptaba que sus funcionarios jugaran a la interna, pero jamás hubiera permitido las operaciones que se hacen entre los bandos de la libertaria (que son una usina novelística para los medios).
Reactivar y desendeudar es más complejo, lo que si el presidente puede (y debe) resolver ya es la destructiva puja en su entorno; el que está para cuidar al presidente. Pero esto es al revés: “Milei pone su cuerpo para defender a sus muy cercanos que le generan problemas”. Adorni debió renunciar porque eso implica ser un fusible. Mantenerlo en el cargo es darle letra al peronismo para que se haga una fiesta.
El jefe de gabinete (quien dio a entender que los audios del avión los filtró la otra parte de la interna en la Casa Rosada) no se va porque es del plantel de Karina Milei. Ahí aparece un gran inconveniente con carga psicológica que impacta en la calidad de la gestión. ¿A la hora de gobernar, el presidente está en condiciones de poner límites a una dependencia familiar establecida en su infancia?
Javier Milei tiene que resolver con urgencia esta relación triangular tóxica. No le queda mucho tiempo de tranquilidad preelectoral, y a esa etapa debe llegar con esta cuestión resuelta. La distancia con uno de esos sectores podría ser la salida menos traumática (mucho menor que su supresión). O a Karina o a Santiago Caputo, Javier Milei debería enviar de embajador a Japón. (¿Entenderá japonés el “Mago del Kremlin”?)

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