"Maquiavelinas": Milei, el primero en su especie
Por Marcelo Mouhapé Furné
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"Invisibles no, Watson, inadvertidas. No sabía usted donde mirar y se le pasó por alto todo lo importante.” (Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle).
Para comprender a Javier Milei como presidente de Argentina, primero hay que advertir hacia donde “conducen” a la Humanidad. Fenece la Edad Contemporánea, cuyo punto inicial fue la Revolución Francesa (1789) que destronó al absolutismo monárquico. Hubo varias etapas. La actual comenzó tras la Segunda Guerra Mundial. En lo social su impronta es la universalidad de los Derechos Humanos. Eso está terminando. “Nos llevan” hacia la fase siguiente: el “Elitismo”. Un mundo disfrutable para muy pocos, con subsistencia forzosa para quienes les brinden servicios, y el resto a sobrevivir como puedan.
Ya no hay ejecuciones públicas con guillotina. Ahora el instrumento tamizador es la exclusión social. Hay un punto de este proceso que coincide con el de Francia hace 237 años: “que muchos defensores (y protagonistas), también serán víctimas del cambio. Habrá legiones de Robespierre.”
Este presente fue anticipado hace décadas. Con su libro “1984” (de 1949), Orwell describe a un mundo donde el Ministerio de la Verdad reescribe la historia para que el gobernante totalitario (“El Partido”) siempre tenga la razón. El líder del súper poder omnipresente es “El Gran Hermano”, que controla todo a través de cámaras de vigilancia. “El Gran Hermano” verdadero se radicó en Argentina en abril.
Otro ejemplo es “Fahrenheit 451”, novela distópica de Ray Bradbury de 1953. En ella los bomberos son pirómanos. Su trabajo es quemar los libros para que la población no los lea y así evitar que formen pensamiento crítico. El protagonista es uno de ellos. Pero (para mí), lo más interesante es su esposa, representante perfecta de una población a la que el gobierno controla aislándolos tecnológicamente de cualquier realidad disruptiva con programas televisivos vacíos. Una cultura superficial que rechaza la reflexión. “Pantallas estupidizantes y aislacionistas”. Suena cotidiano.
Un tercer aviso literario sobre la actualidad lo dio en 1995 “Ensayo sobre la ceguera”, del Nobel portugués José Saramago. Cuenta como una epidemia provoca que los habitantes de una ciudad pierdan la vista. Eso genera un caos en la sociedad al eliminarse el vínculo empático que la sostenía. En ese libro, Saramago no solo describe a la Humanidad de hoy como indolente ante el sufrimiento ajeno, también anticipa el recurso utilizado para conducirnos a esa condición. Una enfermedad repentina que hace temblar el tejido social llevando a tomar decisiones apresuradas. Eso fue el Coronavirus (Covid-19). Una pandemia (¿de diseño?) que aceleró y masificó la dependencia tecnológica. Ahí, -separándonos en burbujas-, nos inocularon el “virus de la inacción”, por el que aceptamos todo, hasta lo que nos perjudica sobremanera.
Por cadena nacional, el presidente Milei anunció medidas “respecto al ejercicio de nuestra soberanía sobre Malvinas”. Acusó al gobierno del Reino Unido de incumplir el mandato de Naciones Unidas de no realizar acciones hasta definir la controversia territorial al autorizar a dos empresas (una israelí y otra británica) a iniciar la explotación petrolera offshore. “No dejaremos que roben nuestro petróleo”, advirtió el jefe de Estado, quien detalló una batería de acciones. Milei destacó el anuncio del presidente Trump de que “evaluará cambiar la postura estadounidense sobre Malvinas” (una neutralidad mentirosa porque siempre apoyaron la posición inglesa), y que finalizará la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego (Ushuaia).
Es una obviedad que las Islas Malvinas son nuestras. Con solo mirar el mapa cualquiera se da cuenta que deben formar parte del territorio argentino. Del discurso presidencial rescato esto: “los isleños, al ser una población implantada en un territorio usurpado, no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación y que cualquier argumento basado en referendos realizado en las islas es inválido”. Coincido. Con ese argumento de reclamo ante la ONU, pero ahora con EE.UU apoyando nuestra postura, ahí sí la negociación podría encausar hacia lograr la restitución del territorio apropiado.
Si eso ocurre, por supuesto que la mayor parte de ese petróleo se lo llevará Estados Unidos (Venezuela es el caso testigo de eso), pero Argentina recibiría regalías importantes. Y, sobre todo, recuperaríamos una vasta área con gran potencialidad de explotación muy variada, además de la del “oro negro”.
En lo restante dicho por el presidente, hay oportunismo electoral (todos lo harían) y mucho “de saludar con gorra ajena”. Esa base empezó a construirse en marzo de 2022. Se hizo un 10 % y la frenó el propio Milei cuando paralizó la obra pública nacional. Y el paquete legislativo se basa en ampliar la Ley “Pino” Solanas (Nº 26659), aprobada unánimemente en 2011 con un fin parecido a este.
Es cierto que Trump está enojado con Gran Bretaña por no apoyarlo en el ataque a Irán, pero la verdad sobre su cambio de posición sobre Malvinas va por otro lado. Una de las características del “Nuevo Orden Mundial” es que en lo militar se pasará de lo hemisférico a lo continental. Y en ese contexto, esa base fueguina es esencial para EE.UU porque es la puerta de entrada a la Antártida, mega reserva de todo lo necesario.
Quien crea que esto es un manotazo de ahogado de un presidente en problemas está equivocado. O mira sin ver, o a su raciocinio lo nubla un deseo ideológico. Tomando la “Causa Malvinas”, Milei ya ganó gran parte de su reelección presidencial. Argentina es el activo más importante para los constructores de la nueva Humanidad. Y Milei es su gerente ideal. Harán lo que sea para que siga en el cargo (lo demostraron el año pasado). El presidente argentino es el primero en su especie. El modelo a imitar en un mundo donde la derecha gana terreno en forma acelerada.
A los intelectuales del “iluminismo” les llevó 150 años crear las condiciones para que pasemos a la Edad Contemporánea. Los arquitectos del “Nuevo Orden Mundial” llevan 79 años (desde 1947) erigiendo la próxima etapa (la “Elitista”). Aunque aborrezco el costo humano que tendrá, debo reconocer su enorme capacidad operativa. Basados en la tecnología, mientras al mundo lo entretenían banalizando la cultura ejecutaron con total eficacia cada etapa de la secuencia. Su logro más importante es en lo sociológico. Convertir a sujetos pensantes en masas que aceptan mansamente su precarización (o su final) existencial, solo lo puede conseguir una inteligencia muy superior.
Con respecto hacia donde “encaminan” a nuestra civilización, y la pasividad general ante eso, lo resumo con la siguiente frase de Octave Mirbeau: “Los corderos van al matadero. No se dicen nada ni esperan nada. Pero, al menos, no votan por el matarife que los sacrificará ni por el burgués que se los comerá”.

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