“Maquiavelinas”: Otra épica electoral de los Milei
Escribe Marcelo Mouhapé Furné
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Javier Milei, -y su hermana Karina, porque funcionan cómo dupla indivisible-, no dejan de sorprender por lograr hechos extraños, y en algunos casos, inéditos. En el caso del presidente sobre todo en lo económico y en el de la secretaria general de la presidencia en lo político. En este aspecto, el primero fue venciendo a los Macri en la elección de CABA del 18 de mayo.
A la política tradicional (la “casta”) le hubiera sido muy difícil, -o directamente imposible-, revertir la derrota electoral del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires. Pero Milei lo hizo. Con algunos que ya había sumado del PRO, -sobre todo uno que terminó siendo protagonista-, la Libertad Avanza revirtió la debacle de un mes y medio antes y se impuso en el principal bastión peronista. En el resto del país, el apoyo a Milei era más esperable.
El desdoblamiento electoral de Kicillof, -que tenía una función partidaria, de la que hablaré el domingo venidero-, sirvió como una PASO. Ahí se produjo una señal de advertencia de que podrían volver los que una buena parte de la sociedad no quiere que regresen, y los que así piensan que no fueron a votar el 7 de septiembre el 26 de octubre si acudieron a las urnas para respaldar al gobierno nacional.
Hubo polarización extrema porque la tercera vía se quedó en el amague. “Provincias Unidas” tuvo más publicidad que votos y fue un fracaso pese a que en el "grupo de los seis" están dos gobernadores de peso en todos los sentidos, los de Córdoba y Santa Fé. Creo que el error de este armado no estuvo en los postulados básicos, -los que son de lógica absoluta: equilibrio fiscal, producción e ideas por sobre las ideologías-, sino en los candidatos. Dos ex ministros kirchneristas: Florencio Randazzo y Martín Lousteau; quien, a su vez, por esas extrañas cosas que solo pueden ocurrir en la política argentina es el presidente de la Unión Cívica Radical, un partido que con su histórico nombre hace rato que no compite. La gente se cansó de los personalismos que van de armado en armado buscando un cargo. Ya es hora de que los radicales auténticos refloten su genética partidaria y digan: “UCR, levántate y anda”.
¿Pero qué pasó para que Milei en 45 días pase de perder por casi 14 puntos a ganar en el mismo territorio dominado por el peronismo? Desde mi óptica ocurrieron tres cuestiones, dos mencionadas en “Maquiavelinas” anteriores.
La primera es la defensa de la territorialidad. En la elección provincial eran los Intendentes los que se jugaban porque se plebiscitaba su gestión. Salieron a la calle y, algunos más otros menos, lograron el aval del electorado. En el 63 % de los 135 distritos de la provincia de Buenos Aires los jefes comunales son del PJ. Por eso el 7 de septiembre ganó el peronismo. En la elección del 26 de octubre esos mismos Intendentes no ponían nada en juego. Más allá de respaldos mediáticos, a lo largo y ancho del territorio provincial no se vio gran despliegue de campaña desde los municipios para la puja nacional. Eso le hizo ganar terreno a la Libertad Avanza.
Los resultados del 7 de septiembre mostraron que con apatía de votantes, el kirchnerismo podía volver. Y el recuerdo de un 2023 con una inflación anual del 211,4 % (17,6 % mensual) estaba demasiado fresco en la gente. Hasta peronistas deben haber votado por Milei para que no regresara la posibilidad del infierno inflacionario.
Otra cuestión que ayudó al gobierno fue la postura destituyente de referentes del peronismo tras el resultado del 7 de septiembre. Eso no cayó bien en el electorado independiente.
Un aspecto fundamental que pesó en el resultado de la elección fue la Boleta Única de Papel (BUP). Un avance de transparencia enorme. Al estar todos juntos en ella, los “vivos de siempre” ya no pueden hacer desaparecer las boletas de los demás.
Pero más allá de lo antedicho, que contribuyó al éxito, la mayor parte del triunfo pasa por los Milei. Un presidente que encarna los procesos conducentes al mundo actual y al que se viene. Y a Karina Milei, cuyo armado político en la provincia de Buenos Aires hizo historia.
El 26 de octubre, la opinión mayoritaria del pueblo marcó un comienzo y un fin en la política argentina. No fue una elección no más. Lo comprobaremos con el paso del tiempo.

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