Nace la polémica tras la demolición de la casa de Hurtado en Claromecó
Más de 100 años de historia quedaron reducidos a escombros con la demolición de la primera casa de Claromecó. El hecho provocó la indignación de instituciones y vecinos, quienes reclaman que el municipio debió prever la protección del inmueble antes de que el negocio inmobiliario se impusiera sobre la identidad cultural del pueblo
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El lunes 18 de mayo fue el día elegido para terminar con la leyenda y avanzar en un nuevo proyecto. Las maquinarias tiraron abajo más de un siglo de historia al demoler una de las primeras viviedas que se construyeron en Claromecó: la casa de Hurtado ya no existe.
Su construcción se realizó sobre el primer lote vendido a la familia Bellocq, cuando se hizo el loteo en 1917. Para el año 1920 la casa quedó terminada y en posesión de Juan Antonio Hurtado y Otilia Marollé, un matrimonio que habitó la histórica propiedad por muchos años.
La casa tenía un valor histórico porque hasta su demolición fue la primera obra de ladrillos y cemento que se levantó sobre Claromecó. El constructor fue Juan Oneto, entre 1918 y 1920, en la mítica esquina de avenida 26 y Costanera.
El Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la provincia de Buenos Aires emitió un comunicado el 16 de mayo, donde manifestó su “más enérgico repudio y rechazo ante el inicio de demolición sin permiso municipal de la denominada “Casa Hurtado”, inmueble reconocido como parte del patrimonio histórico y cultural de Claromecó”.
A su vez, el texto resalta que “la preservación del patrimonio arquitectónico no constituye únicamente una obligación legal, sino también un compromiso ético y social con la memoria colectiva, la identidad de nuestras comunidades y el legado cultural que pertenece a todos los ciudadanos”.
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Cortes: “La casa más representativa de Claromecó”
En representación del Museo Regional de Claromecó, Hugo Cortes, se mostró indignado y como todo el pueblo claromequense, con una sensación de resignación, ya que “es lamentable pero no se pudo hacer nada para evitarlo”.
El historiador contó que “la primera casa que está donde hoy es Claromecó es la casa de Bellocq, construída en 1905. En 1918, los Bellocq ya estaban preparando para hacer la fundación del pueblo, existía el trazado y la familia Hurtado, que estaban emparentado con los Bellocq hicieron esa casa. En ese mismo año se hicieron otras edificaciones más, donde era el Chipi o ahora es lo de Arbasetti, ahí era el almacén La Palma”.
Otro de los sitios históricos fue “la casa de Ochoa, que estaba en la Costanera, que no existe más, también era del mismo año. Es difícil decir cuál era la primera casa, sí estaba entre las primeras que se hicieron en Claromecó y es el único testimonio de esa época en las mismas condiciones que se podía construir”.
Cortes dio detalles de la construcción y señaló que “la casa era prácticamente la única sobre la Costanera, se aguantó todos los temporales, y según las hermanas Bellocq, dicen que los temporales les llegaban cerca, el mar subía hasta la entrada de la casa. El constructor fue Juan Oneto, el mismo que construyó el almacén de ramos generales La Palma, que es lo que después fue de Arbasetti, en la esquina del ´Chipi´, él fue quien levantó ambas propiedades”.
Sobre la cuestión legal admitió que “no entiendo cómo funciona, hay una comisión de patrimonio histórico, pero no entiendo cuál es el objetivo sino es capaz de preveer estas cosas antes que ocurran. Entiendo que no le podes ir a decir al propietario que compró la casa y decide demolerla para hacer algo nuevo, está en todo su derecho. Lo que creo es que debería haber algo que se pueda hacer con anticipación, no esperar a último momento y el último día, detenerle la obra, no tiene sentido. Creo que las cosas hay que hacerlas con mucho más tiempo”.
Para Cortes se trata de una perdida “histórica, porque es la casa más representativa de la historia de Claromecó, pero lamentablemente no se puede hacer nada. Nos hubiera gustado que se siguiera conservando pero entiendo la posición de propietario, que la compró y tiene derecho a hacer lo que quiera. Pienso que la Municipalidad, con tiempo, podría haberlo previsto y tratar de evitar la demolición, que eso quedará como una referencia histórica”.
Si bien la decisión ya fue consumada, el referente del Museo de Claromecó planteó que “desde la posición del gobierno municipal se podría buscar la manera de cambiarle esa propiedad por otro terreno en algún otro lado, compensar y quedará para algún día usarla para hacer la sede de la Dirección de Turismo, por ejemplo”.
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Paola Salerno: “Se cobrarán las multas que correspondan”
La secretaria de Planeamiento Urbano, Paola Salerno, se pronunció en relación al tema y fue contundente al indicar que “esta casa tiene un valor patrimonial, nunca se declaró patrimonio, ni en forma municipal ni en forma provincial. Esta comisión que nosotros estamos integrando con gente de los diferentes bloques, planeamiento y también algunos expertos, más el apoyo de la Comisión Provincial de Patrimonio, que los consultamos todo el tiempo”.
Según explicó la funcionaria, durante “20 años esta Comisión no funcionó, en el gobierno vecinalista no funcionó. Hay un listado de obras patrimoniales que las vamos estudiando de a poco, ya se han hecho algunas ordenanzas de algunos bienes. Esa inacción durante tanto tiempo trae este tipo de consecuencias, porque si esta obra se hubiera declarado patrimonial, el panorama sería otro”.
Las edificaciones necesitan determinados permisos para ser intervenidas o modificadas, por eso Salerno dejó en claro que “hay un código edificación y un código contravencional para respetar. Este señor, por medio de un patrocinio letrado, presentó una nota pidiendo la demolición total. Esto fue a la Comisión de Patrimonio, como corresponde, pero todavía no se le había dado una respuesta”.
Durante los primeros meses del año, el tema empezó a ocupar un lugar importante en la agenda legislativa y “en febrero se recepcionó el expediente en el Concejo Deliberante, se charló cuáles eran las características patrimoniales del bien, se consultó con Patrimonio de provincia, se hizo una visita de los integrantes de la Comisión a la casa.
La narrativa en torno a la casa dio un giro total luego del último temporal ciglogénesis que afectó a Claromecó, el cual generó que “por una cuestión de seguridad, en una nota que presentaron a la misma Comisión, declaran que tuvieron que retirar las chapas del techo. Desde la delegación de Claromecó, se lo intima al dueño a que cese con los trabajos que estaba desarrollando porque en la Comisión no se había expedido todavía sobre ese expediente”.
Ellos cortaron en ese momento los trabajos, y el lunes nos fuimos enterando de que se estaba efectuando la demolición, ya no se podía hacer nada. El martes por la mañana se libró un acta de constatación sobre el incumplimiento al acta de intimación que se hizo hace una semana y esto va a ser tratado por el área de Juzgado de Faltas. Lo van a citar a los poseedores a título de dueño de este inmueble y se cobrarán las multas que correspondan de acuerdo al código contravencional, por incumplimiento a la intimación realizada y el incumplimiento al código porque esto pasa a ser, como cualquier otra vivienda, obra clandestina”.
Queda claro que hubo un vacío legal a la hora de proteger una casa emblemática para toda la gente de Claromecó, y en ese sentido, Salerno indicó que “el inmueble no está declarado patrimonial y yo creo que la cantidad de años que se perdieron de poder trabajar en la Comisión, hoy tiene sus consecuencias. Esta es una”.
Por último, planteó que “nos tenemos que atener a las normas y a las leyes. En la casa que se demolió hace muchos años en calle 1810, tiene diferencias con este caso. La primera es que estaba declarada obra patrimonial, y la segunda es que se realizó la consulta a la Comisión de Patrimonio como corresponde porque era una casa con obras anteriores a 1950, entonces debía pasar por esa Comisión, la cual autorizó la demolición. No hubo nada fuera de normativa”.
Claromecó asiste hoy a la pérdida de uno de sus testimonios físicos más antiguos; un testigo silencioso de los primeros loteos, de los temporales fundacionales y del esfuerzo de los pioneros que ya no está. Con los escombros aún frescos en la avenida 26, el desafío de la comunidad y de sus gobernantes ya no es salvar el pasado, sino reaccionar a tiempo para que la modernización de la villa balnearia no termine por borrar las huellas de su propia historia.
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