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“No da para festejar”; el lamento de un investigador tresarroyense del CONICET

Luciano Valenzuela

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Después de recibir un equipamiento muy anhelado y gestionado para certificar el origen y adulteración de alimentos, y la región de origen de personas fallecidas en casos forenses, Luciano Valenzuela planteó sus dudas por si el actual contexto nacional le permitirá seguir haciendo ciencia, o si por el contrario esas herramientas quedarán arrumbadas

 

En un fuerte descargo hecho en sus redes sociales el investigador tresarroyense del CONICET, Luciano Valenzuela, explicó por qué no puede festejar el haber recibido un equipamiento “extremadamente sofisticado”,  “en un país que está desmantelando su sistema científico”.

 

Recientemente el científico que trabaja para el Laboratorio de Ecología Evolutiva Humana que depende de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Centro que se encuentra ubicado en Quequén, la cuarta sede de la casa de estudios, publicó en sus redes sociales imágenes del equipo  recibido aún embalado, el mismo que no sabe si podrá utilizar en el marco del actual contexto nacional.

 

 

Uno de tres

Explicó que el equipo es un espectrómetro de masas de razones isotópicas, “una serie de equipos en serie –combinados- de alta tecnología, que en el país sólo existe en dos laboratorios uno en Buenos Aires, en la UBA, y otro en Mendoza en la UTN”.

 

Contó Luciano que “hay muy pocos equipos de estos en Latinomérica”, y que aprendió a trabajar con esa herramienta hace muchos años cuando vivía en Estados Unidos.

 

“Cuando volví al país en 2013, repatriado, me propuse lograr este objetivo armar este laboratorio y con este equipo”, algo que pudo gestionar con el programa Equipar Ciencia.

 

 

Aplicaciones

“Permite analizar las distintas formas de los elementos químicos, del carbono, del oxígeno, del nitrógeno. Podríamos por ejemplo testear si el trigo que nos dicen que es de la región de Tres Arroyos y el sur de la provincia, si es realmente de ahí, o si nos están exportando trigo de Santa Fe; es una forma de certificar el origen de la cosas”, describió.

 

“También podemos medir adulteración de mieles, de aceites, y en lo que más me especializo es en cuestiones forenses como en determinar la región de origen de personas fallecidas, de quienes no se conoce la identidad. Midiendo elementos químicos como huesos, dientes, uñas, pelo o piel, podemos saber dónde nació, dónde vivió, dónde pasó sus últimas semanas. Se puede hacer una reconstrucción de sus últimos movimientos cosas que en un caso forense es de mucha importancia porque aporta mucha información a la investigación”, detalló.

 

 

“Motivo de orgullo”

Fue en este contexto que decidió expresar su angustia en las redes sociales cuando anunció que –con sus compañeros- recibieron “el tan esperado equipamiento científico IRMS, ganado en un subsidio  hace un año y medio. La verdad que me llena de orgullo haber logrado esto, pero me cuesta disfrutarlo”, sostuvo en el comienzo.

 

Explicó Valenzuela que en otro momento haber logrado el financiamiento y llegada de semejante equipamiento científico “hubiese sido motivo de festejo durante años, motivo de orgullo para toda la comunidad científica de CONICET, de la universidad pública, y también para toda la comunidad «no científica» de la ciudad, de la región”.

 

“Lograr esto define la carrera científica de un investigador, sobre todo en Argentina donde el financiamiento nunca abunda”, afirmó el tresarroyense.

 

 

“Seguir haciendo ciencia”

Posteriormente manifestó que “lamentablemente el contexto de un país que está desmantelando su sistema científico no da para festejar. En un país donde quienes gobiernan, y sus votantes en gran mayoría, odian la generación de conocimiento local, donde lo de afuera siempre es visto como mejor, donde nos tratan de ñoquis, es muy difícil poder celebrar estos logros que son propios (del grupo y la universidad), pero logros que son de los ciudadanos, de aquellos que con sus impuestos pagan para generar ciencia de la buena, de primer nivel mundial, que es orgullo para nuestro país y genera beneficios para el mismo”, expresó Valenzuela.

 

En la defensa que hizo de los investigadores argentinos también planteó hacia la comunidad que los mismos ciudadanos “deberían también poder festejar estos logros, pero se les ha metido en la cabeza que hay que odiar al generador de conocimiento, al científico, que hacer ciencia es un curro y somos ñoquis”.

 

En consecuencia expuso sus dudas sobre el futuro de su trabajo como investigador en el país, al sostener si finalmente el IRMS funcionará, y si “nos dejarán seguir haciendo ciencia para que crezca el país”, o si finalmente “quedará arrumbado en un rincón juntando polvo hasta el próximo ciclo de gobierno que decida apoyar el desarrollo del conocimiento local”.

 

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