"No lo controlo, no lo curo y no tengo la culpa"
EL COMPLEJO ROL DE LA FAMILIA ANTE LAS ADICCIONES
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La psicóloga especialista Vanesa Rodríguez analizó, en una charla con La Voz del Pueblo, los límites del consumo problemático y remarcó la importancia de establecer pautas sanas. La codependencia, el "desprendimiento con amor" y la recuperación como un trabajo diario
En una sociedad atravesada por el consumo en sus múltiples formas, definir la delgada línea entre un hábito y una adicción resulta cada vez más complejo. En diálogo con La Voz del Pueblo, la psicóloga especialista en adicciones Vanesa Rodríguez abordó esta problemática, brindando herramientas fundamentales tanto para quienes padecen la enfermedad como para su entorno más cercano, que muchas veces queda atrapado en el dolor y la codependencia.
Al ser consultada sobre el momento exacto en que una persona cruza el límite hacia la adicción, la profesional fue contundente: "Un consumo empieza a ser problemático cuando hay consecuencias psicológicas, familiares y sociales; cuando afecta el área laboral y los lazos interpersonales", explicó.
En este sentido, Rodríguez destacó que, más allá de la frecuencia, el foco debe ponerse en el contexto y la motivación del paciente. "Si lo que me motiva a acudir a esa conducta o a esa sustancia es tapar un vacío, el aburrimiento, o porque me quedé sin trabajo o me peleé con alguien, eso da más parámetros de un problema que la cantidad consumida", detalló, recordando que las adicciones no solo se limitan a sustancias, sino también a conductas y vínculos interpersonales.
Las consecuencias
Uno de los ejes centrales de la labor terapéutica de Rodríguez se enfoca en el entorno del adicto. Según la especialista, la familia suele desarrollar un fuerte vínculo patológico. "El adicto es adicto a la sustancia y la familia es adicta al adicto, en esto de que la vida gira siempre en torno a él", graficó.
Frente al miedo de ver a un ser querido deteriorarse, la psicóloga recomienda aplicar un concepto proveniente de los grupos de 12 Pasos: el desprendimiento con amor. "No significa decir 'no me importás' o 'hacé lo que quieras', sino dejar que la persona sea responsable de su vida y de las consecuencias de sus decisiones. Lo mejor que puede hacer la familia es dejar de actuar como facilitador y dejar de sostener el problema con plata o cubriendo sus macanas", advirtió.
Para ilustrar este punto, Rodríguez utilizó una clara metáfora: "Pienso al adicto como si estuviese en un desierto, muerto de calor, con hambre. Y por ahí viene el familiar en una 4x4 con aire acondicionado porque 'pobrecito, la está pasando mal'. Eso le evita la posibilidad de sufrir, de que el sufrimiento sea mayor al placer que le da el consumo, y finalmente poder pedir ayuda. A veces hay que dejar que vayan hasta el fondo".
Las tres reglas
Para orientar a los allegados, la profesional subrayó tres premisas básicas de supervivencia emocional a la hora de acompañar el proceso: "No hay manera de controlar el consumo del otro. No lo controlo, no lo curo y no tengo la culpa. Hay que poner límites desde el amor y dejar que el otro atraviese su camino de sufrimiento".
Si bien la especialista advirtió que es necesario entender que las conductas disruptivas (como robos o ausencias) se dan estrictamente en el contexto de la enfermedad -la cual comparó con una "novia o novio tóxico" que toma por completo a la persona y modifica sus esquemas de pensamiento-, enfatizó de manera tajante que "las consecuencias de sus actos tienen que estar".
Para toda la vida
Finalmente, respecto a las posibilidades reales de sanación, Rodríguez aclaró que el consumo problemático es una patología "crónica, progresiva y mortal", motivo por el cual los pacientes intentan automedicarse para evadir el dolor inherente a la vida.
Debido a esta cronicidad, la recuperación no tiene un alta definitiva. "El trabajo supone muchísimas áreas, como trabajar la impulsividad y las relaciones interpersonales. Como dicen en Narcóticos Anónimos, es 'solo por hoy'. Tal vez hace 15 años que no consumo, pero piso el palito y en cinco minutos estoy otra vez en la misma que antes", alertó la especialista.
Pese al daño neurológico irreversible que pueden dejar ciertas sustancias, concluyó que, con esfuerzo sostenido, los pacientes logran volver a encauzar sus días y construir una vida normal.

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