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“Nos estamos quedando sin semillero, sin pibes, sin gente”

Rolando Fernández y su hija Noelia. Crearon un programa educativo en el que sus programas

Rolando Fernández y su hija Noelia crearon un programa educativo de 16 clases destinado a formar trabajadores útiles para una demanda siempre activa de personal en su fábrica metal mecánica. La idea surgió ante la dificultad que les representaba conseguir trabajadores aptos en el mercado laboral. El programa lo desarrollan con proveedores experimentados que lo hacen ad honorem

 

Por Enrique Mendiberri

 

Cansados de no poder dar con una persona que tenga las capacidades básicas que necesitaban en su fábrica de norias, una familia empresaria tresarroyense decidió abrir un aula formativa de trabajadores con conocimientos específicos, para que conformen un semillero al que recurrir cuando hace falta personal.

 

La idea nació y comenzó a ser aplicada el año pasado en la firma Arg Metal, cuando Rolando Fernández y su hija Noelia, se sentaron a buscarle a una solución al problema de disponer de trabajadores capacitados.

 

“Necesitábamos un auxiliar de fábrica y nos encontramos con que es difícil conseguir gente que tenga ciertos conocimientos básicos”, le dijo Noelia a LA VOZ DEL PUEBLO en una de las salas que la firma tiene en el Parque Industrial. Un desafío al punto tal que, asegura sin exagerar y apelando a una metáfora, encontrar a alguien que entienda el mensaje  equivale a “un sueño”.

 

“Un sueño sería que venga un chico y, si le decís la medida de una planchuela, sepa dónde está la estantería, por ejemplo”, comentó.

 

Un auxiliar de fábrica es la persona que ingresa a una empresa y pasa por todos los puestos, “como una ayuda en todos los sectores. Entonces va aprendiendo un poco de todo. Y, lo básico que debería tener, es esto”, comentó Noelia al referirse a las ocupaciones del cargo que buscaba cubrir con los nombres que acopiaba luego de poner avisos en medios de comunicación locales y redes, además de los curriculums que la gente les iba dejando a lo largo del año.

 

“¿Tenés experiencia? Yo trabajé de cadete en una heladería, otro atendía el teléfono en una remisera. Entonces, uno le pregunta, ‘¿te gusta esto?’ y el otro contesta ‘y, yo quiero aprender’. Y ahí me tocan el lado débil”, enfatizó Rolando Fernández, “porque esto va mucho más allá de la plata o de precisar un operario. Va mucho más lejos. Nos estamos quedando sin semillero, sin pibes, sin gente para mañana, para dentro de diez años, cuando yo no quiera estar más”, aventuró con pena.

 

Y así, terminaban tomando gente a raíz de una impresión personal, que nada tenía que ver con su necesidad, “era a cara o cruz”, comentó Noelia.

 

 

Rápido y gratuito

 

Frente a esa necesidad insatisfecha, padre e hija decidieron tomar el toro por las astas. Reunieron a sus proveedores de servicios y familiares especialistas en alguna materia, para proponerles armar un programa de estudios de 16 clases de dos horas de duración cada una.

 

Gratuito y con el único objetivo de formar “un semillero” de trabajadores capacitados al que se puede recurrir cuando el trabajo diario así lo requiere. El lugar, un espacio cedido por la Liga de Madres de Familia.

 

“Muchos proveedores nuestros que han tenido su fábrica o negocio, y han sido exitosos porque han vivido y hecho un montón de cosas, tienen un montón de conocimientos que constituyen un capital que no se aprovecha”, dijo Noelia al referirse a los educadores seleccionados para llevar adelante el emprendimiento.

 

“Los profesores son gente que ha cosechado un montón de experiencia y está encerrada en sus fábricas… Un día fui a verlos a cada uno y les propuse ‘¿por qué no hacemos esto?’”, señaló al referirse a un staff docente de profesores de 60 años o más, que hoy componen un equipo “ideal”.

 

“Todos han sido muy exitosos en cuanto a la excelencia con la que han logrado sus servicios. A pesar de que muchas veces el éxito se mide con el resultado económico, acá no es así. A mí me tiene sin cuidado eso. Si, el valor de la persona”, añadió Rolando.

 

Si bien hacer el curso no garantiza que se les va a dar trabajo a sus asistentes (“nosotros sólo los estamos acercando a las personas para capacitarse. Puede llegar a pasar que tomamos a alguien, o que recomendamos a alguien para otra empresa”, mencionó Noelia al respecto), en 2023, con la primera matrícula, arrancaron con 35 inscriptos y terminaron 22. De los cuales, cuatro, ahora forman parte del equipo de Arg Metal.

 

Para este año, la matrícula se incrementó en 40 lugares y hay 60 inscriptos. Los 20 restantes forman parte de una lista de espera.

 

Al mismo tiempo, hubo lugar para contenidos nuevos, como “educación financiera básica”, una materia que surge de tomar contacto con el desconocimiento del uso de herramientas financieras básicas, como la tarjeta de crédito.

 

“Vemos que algunos muchachos tienen cero de manejo de tarjeta de crédito o de débito. No saben la diferencia entre una y otra. Van comprarse zapatillas con tarjeta de crédito y pagan con la de débito”, describió Noelia, antes de aclarar que, las finanzas de los trabajadores, “no es algo en lo que nos gusta meternos, por eso es solamente para los que quieran tomar una mirada. Porque (la historia que se da) es triste, y va más allá de la posibilidad de capacitar a un empleado. Esto es otra cosa”.

 

El programa educativo fue realizado por Noelia y está dividido en módulos con bibliografía propia. Son 16 clases de dos horas, con evaluaciones y el cierre con una cena, a lo largo del cual buscan aptitudes y aprovechan también a observar la voluntad de trabajo de sus asistentes, en detalles clave como la responsabilidad y puntualidad.

 

Reflexión

 

Después de haber afrontado costos de hasta 400.000 pesos para ingresar a una persona a su fábrica, “y te dura una semana, porque al segundo día termina llegando tarde y acá nadie llega tarde. Porque (su familia y empleados) son un excelente grupo de trabajo, donde no se admite llegar tarde”, Rolando mira atrás en su vida y concluye que son costos muy altos para poner en riesgo si la inversión tiene una perspectiva de menos de una semana.

 

“Como tresarroyense me da pena lo que está pasando con la juventud. Nosotros sentimos que teníamos más para dar, además de trabajo. Lo que pasa es que yo no creo en la gratuidad de las cosas”, dice antes de remarcar que, “(en el marco del proyecto pedagógico) si hay un costo económico lo afrontamos nosotros, pero el grupo de profesores es todo ad honorem, por  eso el mérito es de ellos. Por tener la voluntad de compartir su tiempo volcando su experiencia. Es algo muy valioso”.

 

Y antes de terminar, se manifiesta agradecido por el destino que le hizo recorrer la vida y la idea que por estos días le permite recompensarlo junto a la penúltima de sus siete hijos, “así sea por uno o ninguno (alumnos), igual se haría el curso. Porque queremos devolver a la sociedad, en forma de agradecimiento, lo que uno ha podido hacer dentro de ella. Que no es poco”.






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