Acumula 28 años de trayectoria y ha sido maestro de innumerables techistas. En el diario recorrió su

La Ciudad

Fabián Pierini, techista

Cuando uno quiere, no tiene techo

18|10|20 09:03 hs.

Como si fueran los tirantes de alguno de los tantos techos que hizo, la vida de Fabián Pierini tiene mojones muy claros que marcaron su camino que ya acumula 54 años. Un recorrido de trabajo, sacrificio y honestidad.


La Sortija 
Fabián se crió en La Sortija, su mamá era la portera de la Escuela N° 32 del Paraje; su papá estaba a cargo de la motoniveladora municipal y su misión eran mantener 150 kilómetros de caminos rurales de esa zona del distrito.

La infancia y preadolescencia campestre lo marcaron para toda la ruta. Libertad, naturaleza y la “casi granja” que era su hogar le inculcaron de entrada el valor del trabajo. 

Escuela Técnica 
En 1979, a los 13 años, luego de haber terminado la primaria, se instaló en la pensión de la familia Yebra, en Matheu al 238, pleno centro de tres arroyos, una revolución para él. El objetivo era hacer la secundaria en la Escuela Técnica. 

Ese gran paso con el paso del tiempo se transformó en un quiebre determinante. “Me costó al principio ordenarme con los horarios y el estudio. Y repetí segundo año. Después decidí hacer en cuarto la especialización en carpintería y no seguir estudiando”, cuenta. 

Tras completar esa especialización le tocó hacer el Servicio Militar Obligatorio. “Me mandaron a Colonia Sarmiento, en la provincia de Chubut”, recuerda. La experiencia duró de marzo a agosto de 1985. “Cuando volví me instalé en La Sortija un tiempo, necesitaba libertad… Les di una mano a mis viejos con la quinta y los animales. Eran épocas difíciles. Hasta que un día me dijeron que no me podía quedar ahí porque no tenían trabajo para mí. Que era cierto”. 

Carpintería Salerno 
Fabián se vino a Tres Arroyos en busca de trabajo. Se instaló en una casa que años antes habían comprado sus padres, agarró la bicicleta y empezó a recorrer carpinterías. “Me costó encontrar algo, hasta que Antonio Salerno me hizo un lugar en su carpintería, que estaba en Mitre 735”. 

Un año estuvo y sumó experiencia pero pocas monedas. Entonces decidió cambiar. Y apostó por la mueblería Centauro, de los hermanos Giuliani. “No me sentí cómodo porque había que trabajar muy apurado porque la fabricación era en serie”, explica Fabián, que un par de meses después se volvió a subir a la bicicleta en busca de un nuevo destino laboral. 

Boncuore 
“Pascual Fioritti, el encargado de la carpintería Salerno, me recomendó a Obdulio Boncuore, un excelente techista que estaba buscando ayudante”. El 17 de abril de 1987 Fabián empezó a trabajar en su primer techo y ya no paró. “Fue una casa alpino en San Lorenzo y Brown”, recuerda.

Con Boncuore tuvo sus idas y vueltas porque no era muy cumplidor con la paga, y Fabián a esa altura ya estaba casado con María del Carmen y ya era padre de Claudia, la primera hija de las dos que tendría el matrimonio. Más tarde llegaría Eliana.

En 1990 se largó solo. Por recomendación de un albañil pudo agarrar la obra de Colón al 1100, de la familia Carrera. Y después vinieron techos y más techos. “Sólo se me cortó el trabajo en la época de (Carlos) Menem, que no había nada para nadie”, cuenta. 


Fabián trabajando en un techo. Acumula 28 años de trayectoria y ha sido el maestro de muchos de los techistas que hoy se desempeñan en la ciudad


Maestro mayor de obras
Un accidente laboral en 1998 le provocó una hernia de disco que lo terminó mandando al quirófano cuatro años después. “Entendí que tenía que estudiar para poder hacer otra cosa”. Así decidió saldar una deuda de su adolescencia y empezó a estudiar Maestro Mayor de Obras. “Tuve ganas de hacerlo cuando terminaba el colegio, pero como me tenía que ir a Necochea, no pude”, recuerda. 

El sacrificio fue grande para lograr el título. “Cursaba todos los días de 19 a 24. Y me levantaba a las 6 para ir a laburar”, cuenta. “No hubiera podido hacerlo sin el apoyo de mi mujer, que me esperaba todas las noches con la comida caliente”. 

Para agregarle más complicaciones, en 2004 se cayó de un techo y se quebró siete costillas. Estuvo internado en terapia intensiva y tres meses inactivo. Así y todo siguió con el estudio y logró recibirse con 39 años. “Me entregaron el título el mismo día que a mi hija le daban el diploma por finalizar la secundaria”, comenta emocionado. 

El título de Fabián vino acompañado por un premio otorgado a un proyecto que había presentado en la cursada. “Yo creo que ese fue un premio a mi actitud y a mis ganas de estudiar”, asume.  



Hay equipo 
A partir de ese momento comenzó a trabajar también como maestro mayor de obras. “He logrado hacerme un lindo equipito de trabajo con Emiliano y Leandro, que antes que nada son grandes personas”, asegura. 

“Renegué mucho porque en estas épocas no se consigue mucha gente que tenga ganas de trabajar”, dice. “Yo amo mi trabajo y todo lo hago con amor. Por eso con los chicos logramos los resultados que logramos”, indica. 

Y con orgullo, dice que es reconocido “como uno de los mejores techistas que hay en Tres Arroyos” y que como persona “respondo a las expectativas, porque mi vida y mi trayectoria así lo demuestran. El que me conoce sabe que soy honrado y respetuoso de los clientes que han confiado en mí”. 

Eso es lo que le inculcaron en su hogar de La Sortija, donde le pusieron los tirantes a su vida.