La Ciudad

Alejandro es playero en la estación de servicio Axion

El plan de Alejandro es trabajar

01|11|20 11:13 hs.

Le apasionan las motos, ama el break dance y le encanta el atletismo. Pero su sueño es casarse, formar una familia y tener su propia casa. “Parece raro que siendo tan joven me ilusione con esas cosas, algunos pensarán que la estoy ‘fantasmeando’, pero es lo que siento”, dice Alejandro Salvayot. 


No es la única respuesta de este misionero de 22 años que parece sacada de alguien cronológicamente más maduro. “Yo sé que sin esfuerzo no conseguís nada. Nunca me senté a esperar que alguien me diera algo. Eso es lo que siempre vi en mi casa. Mis abuelos, mi mamá, mi padrastro progresaron trabajando”, cuenta. 

Alejandro es desde hace un año y siete meses playero de la estación de servicio Axion de la ruta 228. Ayer le tocó una jornada intensa de trabajo. Entró a las 6, cortó a las 14; y volvió a entrar a las 22. Su horario terminaba a las 6 de hoy. “Es cansador cuando te toca así, pero son turnos rotativos, así que van variando todas las semanas y uno se acostumbra. Es un lindo trabajo este -en realidad creo que todos los trabajos son lindos- y yo soy un agradecido de poder tener laburo”, asegura. 



Misiones 
Nacido en Oberá y criado en Aristóbulo del Valle, una localidad ubicada en el centro de la provincia de Misiones, Alejandro tiene los mejores recuerdos de su infancia pese a las necesidades económicas y no haber sido reconocido por su padre. “No conozco a mi papá. Me gustaría conocerlo algún día”, dice. 

Su papá se fue a Buenos Aires después de que el nació y Alejandro lleva el apellido de su madre. “Tengo tres hermanos. Una hermana más grande que también es hija de mi papá, los otros dos son menores y mi mamá los tuvo con Darío, mi padrastro”, explica. Y deja en claro que jamás sintió una carencia afectiva. Más bien todo lo contrario. “Mi padrastro siempre la remó por nosotros, se portó muy bien, y lo admiro porque es muy laburador”, dice. También fueron muy importantes en su infancia sus abuelos maternos. “Ellos me transmitieron lo importante que es el esfuerzo y el trabajo”, cuenta. 

Durante un año Alejandro vivió con sus abuelos, porque en determinado momento la falta de un trabajo estable de su padrastro y de su mamá hizo que debieran abandonar Misiones para probar suerte en Tres Arroyos. “La hermana de Darío había conseguido trabajo acá y le consiguió un lugar en la fábrica Mustad a él. Mi mamá lo acompañó”, recuerda. Alejandro no había cumplido los nueve años. 

A casi un año de esa separación obligada, la mamá mandó los pasajes para que viniera a Tres Arroyos. “Fue una alegría tremenda, porque la extrañé muchísimo. Pero también me dio tristeza dejar Misiones y a mis abuelos, mis tíos y primos”. Su décimo cumpleaños ya lo celebró en esta ciudad, y nunca más se iría. 



 Pan casero 
En Tres Arroyos terminó la primaria y arrancó la secundaria en la Escuela Técnica. Finalmente se recibió en la Media. Los últimos dos años de colegio ya los hizo repartiendo el tiempo con algún trabajo. En la casa nunca faltó nada, pero tampoco sobró. “Empecé a buscar changas para hacer para ayudarla a mi mamá y para tener algo para mí”, dice. Así es que fue peón de albañil, armador de silos, recolector de residuos y cuando no tenía laburo, se ocupaba de hacer el reparto del pan casero y las tortas fritas que hacía su mamá. Después empezó él mismo a elaborar el pan. 

Pero si bien el trabajo siempre estuvo presente en su adolescencia, también le dedicó tiempo a sus dos pasiones: el break dance, el baile que forma parte de la cultura hip hop, y el atletismo. 

“Me sumé al programa Envión por el break dance y ahí conocí a quien fue un hermano de la vida, Leo Curruinca, que era profesor”, cuenta. Su gran amigo fue asesinado hace dos años luego de que le robaran la moto y Alejandro lejos está de superar esa pérdida. “Cuando hablo de él se llena el corazón de amor y los ojos de lágrimas”, dice. 

Durante cuatro años, además, formó parte la escuela de atletismo de Ulises Sanguinetti, alguien para quien también sólo tiene palabras de agradecimiento. 

Pasalo a nafta 
Después de haber cumplido el contrato con Transporte Malvinas como recolector de basura, a Alejandro le costó encontrar trabajo. Ante la falta de oportunidades, decidió volver a elaborar pan y con eso logró seguir pagando las cuotas de la moto que se había comprado. 

También empezó a ayudar al tío de su novia Camila, que es pintor. Hasta que un día lo llamó el encargado de la Axion. “Yo había dejado el curriculum ahí. En realidad, dejé curriculums por todos lados… Pero ahí ya había tenido una entrevista meses antes y no había quedado”, recuerda. 

Esta vez sí le ofrecieron el puesto. Se reunió a la mañana y a las 14 ya estaba trabajando como playero. “Es una felicidad estar ahí, porque los chicos tienen muy buena onda, y me hice muy amigo de dos de ellos. Son horarios rotativos, es cansador, pero estoy más que agradecido con este trabajo y con los que me lo dieron. Porque estoy pudiendo salir adelante con algo estable. No es fácil conseguir trabajo hoy”, dice. Y recuerda que el año pasado le tocó trabajar la noche de Navidad y no pudo acompañar a su familia a Misiones, que después de muchos años iba a pasar las Fiestas allá. “Yo tenía que cumplir con mi responsabilidad, y no me pesó. Lo hice feliz, porque sé lo que es querer trabajar y no conseguir nada”, cuenta. 

Si bien está conforme con su actualidad, Alejandro el año que viene volverá intentar ingresar a las Escuelas de Formación Policial de la Provincia de Buenos Aires, algo que no logró en sus dos primeros intentos. “La primera vez no me aceptaron por un tatuaje que tengo, la segunda pese a que aprobé todo, no pude ingresar por falta de cupo. Pero yo no voy a bajar los brazos. Hasta los 25 años puedo entrar”. Y no hay dudas de que se esforzará para lograrlo. “Yo sé que sin esfuerzo no conseguís nada”, insiste.