Quito Colantonio: la leyenda viviente de las bochas

Deportes

César “Quito” Colantonio

La leyenda viviente de las bochas

03|11|20 12:20 hs.

Por Jorge López de Ipiña 


Su nombre despierta admiración, su figura genera respeto; durante cinco décadas forjó con su brillante y perfecto juego una idolatría y adoración en esa gente que elevó su figura a un punto incomparable en el universo de las bochas. 

César Alfonso Colantonio, Quito para nosotros, El Gringo para el país, traspasó los sueños de cualquier bochófilo; aprendió a jugar a las bochas en el campo y llegó a disputar la final de un Mundial en el Luna Park, ante 10.000 personas. 

Producto de su impenetrable concentración, en la cancha siempre mostró una personalidad fuerte, ganadora. Así, desde aquel lejano Club de Pelota, sus jóvenes 20 años y la insistencia de su cuñado Héctor por relacionarlo con las “lisas y rayadas”, Quito escribió una historia bañada de triunfos con 15 títulos argentinos: 8 por tercetos, 6 en parejas y 1 en la rama individual. Fue 23 veces campeón provincial: 10 en tríos, 11 en parejas y 2 individuales. Jugó los Mundiales de Suiza, Italia y Argentina, y fue Subcampeón Mundial en 1987, en el Luna Park. 



Como técnico alcanzó el mismo halago y el continente americano lo vio 4 veces en lo más alto del podio. Y como si fuese poco, ganó 2 Olimpia de Plata, en los años 1974 y 1984. 

Pero al igual que ser tan cercano a los triunfos, Colantonio siempre se caracterizó por comer un asado o tomar un café con los amigos, o simplemente dialogar con un conocido y, hasta por qué no decirlo o reconocerlo, con algún admirador o fanático que puede encontrar en cualquier rincón del país.



Pero esta pandemia ha calado fuerte en su espíritu, en su alma sociable. “En los últimos meses donde no podemos salir, a mí es como que se me ha terminado la vida”, esa misma que Quito había dicho que las bochas le habían alargado. “Hasta que empezaron las restricciones podía ir al Club La Falda, me entretenía un rato mirando jugar a las bochas, charlaba con los amigos, tomábamos un café, era un lindo ambiente, nada de bebidas, una gran armonía entre todos. Pero cuando el club cerró, ya no pude ir a ningún lado y qué podés hacer encerrado en tu casa; salgo al parque, escucho un poco de radio, pero no es lo mismo… Es una cosa de locos todo esto, pero tocó y tocó; y bueno, hay que aguantarla hasta donde se pueda. Pero seguiremos dando lucha…” confesó un poco golpeado con esta cruel realidad que vive la humanidad, pero dispuesto a creer que la victoria siempre es posible, como en un partido de bochas. 

Todo nació en el campo 
Colantonio nació en el Paraje El Lucero, de Adolfo Gonzales Chaves, y como un guión escrito por el destino o poseído con la fuerza y virtud que el universo le tributó sobre su lugar de origen, cada vez que entró a una cancha de bochas su vida siempre estuvo guiada por un brillo especial, incomparable, inigualable. “Mi padre trabajaba en el campo, recuerdo que siempre íbamos a Chaves con mi familia. Con el tiempo nos trasladamos por un par de años a Barrow donde vivía una tía y después ya cuando yo tenía 10 años más o menos, nos vinimos para Tres Arroyos”. 

Pero en esos domingos de reunión en el campo, donde “siempre había un asado para compartir entre los chacareros de la zona, era cita obligada jugar a las bochas. Y como era normal que faltara alguno, yo me metía a jugar con ellos; así aprendí yo a jugar, después me la pasaba jugando solo toda la semana. Vivía adentro de esa cancha”, recordó con cierta nostalgia desde una de las habitaciones de la casa de su prima Fany Colantonio, en Bahía Blanca, su actual lugar de residencia. 

“Mi cuñado Héctor Rodríguez jugaba a las bochas, vivía cerca de Club de Pelota y un día me invitó. Acepté con la condición que lo hacía si era bochador, se me rieron todos pero me dieron el gusto. Estaba jugando (Aldo) Aristemuño, que era un jugador notable y le pegaba a todo lo que le tiraba, el Petiso García; y bueno, arrancamos, me tiraron un ‘torito’, dejaron el bochín cerca y yo siempre tiré con mi estilo, como en el campo, daba los tres pasos, y le empecé a pegar” detalló con perfecta precisión, como lo eran sus bochazos. 


La mirada fija en el objetivo, Colantonio jugando de local para Club de Pelota, la entidad que lo vio nacer en bochas


Tanto asombró, que no paró más, la semana se la pasaba en Club de Pelota; a los pocos días se jugó un Individual y representando al Celeste “llegué a la final con mi pariente Adolfo Colantonio, salí campeón y en el regional perdí la final 15-14 con uno de Dorrego”. 


Con su pariente Adolfo, en la primera final y el primer título individual que ganó César Colantonio


Con 20 años, Quito mostró rápidamente sus garras. Su relación con las bochas fue cada vez más estrecha como el vínculo con Aristemuño. “Empezamos a jugar juntos, entrenábamos todos los días en Club de Pelota, Huracán o Istilart. Se nos venía el duelo ante Bahía que era subcampeón provincial y Aldo, un bochador increíble a quien en los partidos de la semana yo nunca le podía ganar, tuvo el gran gesto de jugar de puntero. Le ganamos a Bahía, fuimos al Provincial de Junín donde ante una multitud le ganamos una gran final al local 18-16 y donde Domingo Morresi, el otro integrante del equipo, entró en un momento crucial y cambió el rumbo del partido con un arrime, personalidad y coraje pocas veces visto, después llegó aquel inolvidable Argentino de Olavarría en el cual el equipo tuvo la incorporación del olavarriense Gorosito y donde fuimos campeones”. 


Campeones Argentinos del ´71. Gorosito, Aristemuño y Colantonio


El nivel de las bochas tresarroyenses era muy bueno pero “no se salía a jugar mucho afuera; había gran calidad con Armando Jaureguibehere, Reinaldo Rodríguez, el Paisano Valenzuela, el Petiso Insúa, los Duvancel, mi pariente Adolfo, había grandes jugadores. Nosotros fuimos como que abrimos un nuevo camino. Y la verdad fue espectacular… esa caravana que se armó fue impresionante tras el título. En aquel momento se decía que había más gente que cuando el presidente (Pedro) Aramburu había estado en Tres Arroyos”. 

Ese recibimiento tuvo tintes épicos, la gente no se quedó a esperarlos en la ciudad, se fueron por la ruta a aguardarlos en Chaves y desde allí formaron una marcha triunfal histórica. “Yo tenía una camioneta y cuando llegamos ahí lo veo a mi viejo en ella, me fue a ver solo, ‘hasta mi viejo vino’ (recordó haber dicho en ese momento), no lo podía creer”, confesó César con grado de emoción conmovedor… 


Llegando a Tres Arroyos sobre un Rastrojero entre la multitud


Y la fiesta siguió por las calles de la ciudad, “Nos subieron a una Rastrojera, nos pasearon por todos lados; nos recibió el intendente Calabrese, fue todo increíble” reconoció este Colantonio, quien mantiene vivo el “cariño que siempre me brindó Tres Arroyos, yo la pasé muy bien allá, tengo los mejores recuerdos; siempre me sentí un tresarroyense más”, confesó. 


Con el Intendente Calabrese tras la obtención del Argentino del ´71


Tal es así, que además de casarse y formar una familia con una tresarroyense, María del Carmen Rodríguez, Quito jugó al fútbol “en la tercera de Argentino Junior”. 

Le gustaban tanto los autos de carrera que recorría todos los talleres mecánicos de la ciudad. “Me encanta el automovilismo; corrí regularidad con Mario Webber en una Ford 46 que llevarla era dificilísimo, Loeffel me invitó a dar unas vueltas en su auto; me faltó las motos, pero cerca estuve de largar una carrera en Junín, pero me di cuenta que me iba a matar (risas). Con esa camioneta Ford íbamos a Junín, Olavarría, que se yo, a todos lados a ver el TC”, siempre ofreciéndole su corazoncito a los pilotos de Chevrolet. 

El karting lo tuvo además como precursor en Argentino Junior. “A la pista la hicimos nosotros, tuve un importante accidente en una carrera; yo abandoné y me puse a ayudar, y en un momento a un corredor se le cortó la dirección de su máquina y me agarró de atrás, me dio vuelta en el aire. Terminé en el Español (Sanatorio Hispano), estuve con yeso durante 4 meses, con decirte que me casé así y nos fuimos en la Ford de Viaje de Bodas a Carlos Paz en ese estado”, rememoró con un sentimiento particular. 

La hora de emigrar 
La consagración en ese Argentino de 1971 terminó de reafirmar el interés foráneo que existía por Colantonio. “Antes de ese torneo, una persona que tenía una farmacia en Olavarría me propuso llevarme; pero estaba el tema de la familia. En Bahía yo me había hecho muy amigo de Juan José Rosso (con quien aún mantiene una gran relación) y ellos también me propusieron llevarme, ‘Gringo, con lo que vos jugás, las canchas se llenarían’ me dijeron. Hablamos con mi señora de ambas propuestas y ella me dijo ‘lo que te guste a vos’. Eran dos lugares espectaculares, pero en Tres Arroyos era local y eso también tiraba; en Olavarría había mejor bocha, pero Rosso me consiguió casa y con 5 hijos Bahía era más seductor por el tema del estudio; a mi esposa que era docente también le conseguían trabajo enseguida, y así nos fuimos al sur; y la verdad que no le erré”, destacó desde la mayor sinceridad y hoy con la historia sellada se puede reafirmar que en ese momento comenzó a escribirse un segmento dorado de las bochas. 


Capeón argentino en Salta, con Arce y Etchepare


El auge bochófilo fue prendiendo en la ciudad sureña de una manera notable, “las canchas se llenaban, las radios LU2, LU3 y Radio Nacional transmitían los partidos completos en vivo; a las canchas las trasladaban a los estadios grandes de los clubes, cuando jugamos contra Cabral lo hicimos en el estadio de 9 de Julio que tenía una tribuna para 1500 personas, no sólo que se llenó sino que pusieron otra tribunita y sillas alrededor de la cancha. Esa fue una época brillante, lamentablemente desde hace mucho tiempo el público no va; esperemos que pronto se recupere todo”, deseo en defensa de su querido deporte. 


En el Club 9 de Julio de Morteros, el estadio más grande de Sudamérica, donde Buenos Aires, con Arce, Colantonio y Tomas le ganó a Córdoba ante una multitud


La Armonía fue el club que le abrió las puertas a su desembarco bahiense. “Era espectacular, y arrancamos bien porque con Rosso y su cuñado, más Echeverría, ganamos 3 años seguidos el torneo de tríos”, la conmoción que generó Colantonio lo llevó a convertirse en el jugador deseado por todos. “Me venían a buscar todos, me pagaban muy bien, Nacional, Villa Mitre, Aldea Romana, todos los años me venía buscar alguno”, y el Gringo les retribuía con títulos. 

La provincia, el país 
Esa calidad primero se trasladó a la competencia provincial y luego cubrió todo el país. Con el suarense Néstor “Nene” Arce formaron una dupla histórica e incomparable. “Ganamos 4 títulos argentinos de tríos y 4 de parejas seguidos, fue una barbaridad. Arce, por lejos, fue el mejor arrimador que hubo; ganábamos en todos lados. Había que ganar en Córdoba eh, lo mismo en Entre Ríos, él arrimaba muchísimo y yo en ese entonces erraba muy poco“, por no decir nada. 

El Gringo Colantonio es sinónimo del bochador, de tiro preciso, de clavar chantas por cuanta cancha ha transitado. Algún compañero llegó a decir alguna vez que cuando “el Gringo raspaba su pie derecho en el piso y medía la bocha, el estadio se preparaba para aplaudir, esperaba algo espectacular porque le pegaba seguro”. 


Dueño de una imagen y personalidad arrolladora


La inteligencia fue un factor determinante en su trayectoria, al punto que como lo hizo en sus equipos, en Provincia intentó ampliar y proponer un juego más estratégico. “Se jugaba mucho al palo, todos querían bochar; claro, todos pegaban bien, pero no era la forma. Recuerdo que alguna vez hablé con el presidente de Federación, Calequi, una gran persona, y le comenté: ‘Nosotros tenemos que ganar arrimando’, este juego es más amplio, así Arce pudo demostrar lo que era, ofrecimos otro juego; y para colmo después se sumó Roldán de medio que era un lujo. Fue una época bárbara, muy linda para nosotros”, destacó con orgullo. 

A la par de tantos títulos, Colantonio fue ganando un innegable respeto y reconocimiento en el ambiente no sólo de nuestro país, sino de toda Sudamérica. “Por suerte sí, la gente me lo demuestra siempre. En mis tiempos de jugador era muy serio, entraba a una cancha muy concentrado y no tenía problema con nadie; no hablaba con nadie de afuera, siempre estuve concentrado y atento a lo que pasaba en cada mano. En todos los deportes hay que estar concentrado, pero las bochas no te permiten un descuido, hay que ser muy inteligente”, destacó. 

Quito siguió narrando secretos de las bochas, de cómo llevar adelante un partido, cada uno de los que rodea este deporte, las variables a aplicar, el coraje que debe demostrar el jugador “como el que tenía Morressi”, y muchos aspectos más; en sí, desde lo más profundo de su ser volvió a sacar ese amor que tiene por las bochas y los conocimientos que lo llevaron a ser único. 


El Provincial en Bahía Blanca de 2015 llevó su nombre. En la foto, junto al seleccionado local


El reconocimiento o gratitud del ambiente para con El Gringo llega al punto tal, por ejemplo, que el 47° Provincial disputado en Bahía Blanca en 2015, llevó su nombre. “A esta altura del partido, para mí todo reconocimiento es grandioso; ya que me estés haciendo esta nota para el diario de mi ciudad a la que quiero tanto como Tres Arroyos es una hermosura. Últimamente me están llamando de todos lados, muchos programas de radios de acá, otras ciudades o provincias. Y a la gente le sigue interesando; el otro día me decían de una radio de acá que normalmente tienen entre 4 y 5 mil seguidores, a mi nota la escucharon 11 mil personas. Hace poco tiempo me propusieron ir a San Juan, donde fui campeón argentino hace 15 años, a dar unas charlas; pero yo en estos momentos no ando bien de las piernas, tengo un problema de circulación que me limita un poco. He tenido la suerte de viajar por todo el país, por Sudamérica, he andado por todos lados. Cuando empecé a jugar, lejos de imaginarme que iba a hacer la carrera que hice, nunca pensé que pudiese ganar todo lo ganado ni llegar a conocer tantos lados y ser tan querido”. 

Siempre se dice que “el primer amor” nunca se olvida; y fiel a esa creencia, Colantonio pone al título del 71’ en un lugar especial. “Fue el primero, es especial por eso”, afirma con un acento particular que reafirma ese dicho y me permite ver el valor que tiene para él. “En Olavarría, para mí ciudad, con tanta gente que nos había ido a apoyar, muchos recuerdos hermosos; después todos los títulos son igual de importantes porque los niveles de juego eran tremendos”, confesó. 

La selección argentina
“Jugar en la selección argentina es lo máximo a lo que uno puede aspirar; más de ahí no se puede llegar. Fue muy lindo; uno primero quería llegar a grandes finales, después ser campeón y por consiguiente dar el salto a la selección”, valoró alguien que jugó 3 mundiales, incluido el de 1987 que se celebró en el Luna Park de Buenos Aires donde fue subcampeón. 


El afiche oficial del Mundial de Bochas de 1987 que se disputó en el Luna Park


La representación nacional estuvo compuesta por César Colantonio, Omar Foco, Aníbal Mendieta, Eduardo Luján y Rubén Trellini. “Organizativamente no fue la mejor decisión porque hicieron una cancha de 28 metros de largo, siendo que nosotros jugábamos en 24; eso era ideal para los italianos. Entrar ahí era como entrar a un campo; estuvimos un mes practicando en canchas chicas y la del mundial la terminaron un día antes, no pudimos ni hacer una práctica. Italia acostumbraba a jugar mucha raffa, eran bochas más chicas y eso los benefició; pero así y todo llegamos a la final y muy cerca estuvimos de ser campeones. Ganamos en tríos y yo en el individual lo llevaba bien pero perdí en 13; una verdadera lástima”. 


El plantel argentino que disputó el Mundial de 1987. Foco, Mendieta, Colantonio, Luján, Trellini y Rodríguez (delegado)


Ese Mundial conmocionó a la Capital Federal. “Sin dudas, desde ese aspecto fue increíble; en la ceremonia inaugural había un mundo en el estadio. Recuerdo que el día de la final me fui a recostar un rato al hotel y en la radio escuchaba a José María Muñoz que transmitía un Boca-River, invitando a la gente a ir al Luna Park después del clásico; y así fue, nosotros terminamos jugando con 10.000 personas en las tribunas”. 


La inauguración del Mundial de 1987, en el Luna Park


Después de recibir la medalla de plata, Muñoz le hizo una nota para Rivadavia (que terminó transmitiendo la final en vivo) “y no podía creer que la gente me siguiera tanto; ‘cómo te conocen tanto’ me preguntó. El periodista que él mismo había mandado al Mundial me seguía cuando yo iba a jugar a Buenos Aires; lo hacía seguido en el mejor club del país, que estaba en El Palomar, y era Sociedad Italiana que tenía 16 canchas de bochas, 32 canchas de tenis; la cantidad de gente que iba a ver bochas ahí. Y a mí me seguían porque les atraía mi forma de bochar; por eso me conocían tanto”.

Su historia en Mundiales se amplía a las citas en Italia y Suiza. “Jugar de visitante en las condiciones ideales para los europeos no fue fácil, así y todo llegamos a otra final aunque tampoco tuvimos suerte de ganarla”, añoró. 

Dos Olimpia de Plata 
Ser distinguido con el Olimpia de Plata es una de los mayores reconocimientos que un deportista puede recibir en nuestro país. Y César Colantonio lo ganó 2 veces; la primera en 1974 y la segunda en 1984, cuando fue campeón argentino individual. “Te imaginas lo que fue eso, un gran honor. Ser elegido el mejor del año de tu disciplina fue una gran alegría”, valoró. 


Pasado, presente y futuro. En 2017, junto a Martín Aristain en la cena del Círculo de Periodistas Deportivos


Hoy en día, esos trofeos se conservan en la ciudad más austral del Mundo. “Cuando mi hijo (César) se fue a vivir a Ushuaia, lo primero que hizo la esposa de él, mi nuera, fue decir ‘estos dos me los llevo conmigo’; así que esas estatuillas están en Ushuaia” dijo con una sonrisa y la satisfacción de saber que una parte de su legado está vivo y presente, como lo está su carrera e historia, la de un ganador nato y un deportista genuino que todavía podemos disfrutar y valorar como el fenómeno llamado César Colantonio, la leyenda viviente.      


Colantonio, el gran bochador. Defendiendo los colores de Independiente


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Volver a Tres Arroyos
A fines de la década del 90, Colantonio volvió a jugar en Tres Arroyos. “Fue muy lindo, yo vivía en Bahía pero fui a representar un año a Club de Pelota y otro a Huracán”, dos instituciones muy caras a sus sentimientos. 


El presidente de Huracán, Alberto Rossi, entrega los premios en un Extraordinario que organizó el globo, quien tuvo en su trío a Colantonio, Barrios y Bardelli


En el Globo lo hizo junto a Bardelli y Barrios, ganando el título de tríos. “Siempre era lindo volver; y la experiencia con Bardelli fue muy buena porque él era un excelente jugador, de lo mejor que dio nuestra ciudad, lástima que dejó tan joven”, destacó.  

Colantonio DT
Ser técnico fue una manera de prolongar su vínculo con la Selección Argentina. “Me lo propusieron cuando yo estaba por dejar de jugar, querían que siguiera vinculado a la selección y no me pude negar. Pero es distinto, ser técnico, estar afuera… hay que adaptarse. Aparte yo siempre tuve la idea que había que arrimar mucho y tirar poco, lo necesario, y a muchos no les gustaba” aceptó, aunque reconoció que entre sus mayores virtudes estuvo siempre la de saber elegir a los jugadores, lo cual lo llevó a conseguir muchos títulos a nivel sudamericano y panamericano.


Argentina campeón Panamericana 2010 en Brasil


Argentina campeón sudamericano en Perú, en 2011


“Armé los equipos con los jugadores que a mí me gustaban; para mí Arce y Daniel Tomas siempre fueron un ejemplo por su seriedad y ganas de ganar. Si elegís chicos con esas características, que los hay y muchos, te tiene que ir bien. Así pudimos traernos títulos de Perú, Brasil; que se yo, de todos lados. En Bahía ya me dijeron que me quieren dirigiendo en el próximo Provincial que haya, y la verdad que yo ya no estoy para estos trotes; a los 83 años no puedo hacer historia”, dijo entre risas.