Claro, Reta y Orense

Alcides Burgueño

Entre sifones, cerveza, inmobiliaria y pesca

09|11|20 22:25 hs.

Los Burgueño son otra de las familias que durante años has estado luchándola en este centenario Claromecó. Muchos son los recuerdos que Alcides “Bocha” Burgueño tiene de esos momentos junto a sus padres Ezio y Pina desde aquel marzo del 47’ que llegaron como acampantes a la localidad. 


“Me acuerdo que vinimos con mi padre (Ezio), mi madre (Crispina) y unos tíos de Oriente y acampábamos en la avenida 26, al lado de la estación de servicio YPF. Habíamos venido de turistas a Claromecó, posiblemente ellos habrán ido a tomar un Cinzano al Bar Océano que era de Marcial Paz. Capaz que comenzaron conversando y papá le compró el lugar y el 7 u 8 de marzo de 1947 nos vinimos a instalar allí. En la esquina estaba el Hotel Royal, el boliche Océano de mi viejo -que después fue El Farolito- y Panizo; era impresionante el movimiento que había porque en esos tiempos eran muchas las lanchas” recuerda. 

Su padre hizo de constructor con Bancur, con Raúl Videla y no recuerdo en qué fecha compro los terrenos para edificar el bar de calle13 entre 30 y 32. El pueblo terminaba donde actualmente está la Delegación Municipal y donde ahora es la Plaza Piedra Buena había una tosquera que sacaban la piedra para hacer las callecitas. 

 Nosotros ya estábamos con el bar acá, yo tenía unos once años, y mi viejo llegó un momento que podía tener la distribución de la cerveza Quilmes porque un tío mío era distribuidor en Oriente. La condición era que había que tener soda porque era la clásica que el sodero iba casa por casa. Por tal motivo Oriente tenía distribuidor, Copetonas también, en Lin Calel, un tal Rusconi; San Francisco de Bellocq, mi padre acá y en Orense estaba Berterreche”. 

Por esto es que Ezio compró “una máquina de soda Bianchi de un solo pico llenador y trescientos sifones de tres cuarto litro a Vallejo y Herrera, una firma de Buenos Aires. 

 Parece mentira pero ya en la década del 50’ existía el marketing al punto tal que Quilmes lo propiciaba porque la soda venía únicamente en sifones siendo esta la mejor manera de entrar en las casas. La cerveza llegaba por tren hasta la estación de San Francisco de Bellocq y desde allí os Burgueño la traían a Claromecó con un costo muy bajo de transporte, nada que ver con la logística que necesita hoy. 

La soda era elemento casi esencial en esos tiempos “hasta le creamos un logo al sifón que era un turista tomando sol con una sombrilla, se ve el Faro, el mar, ese dibujo me lo hizo Nelly Ferrando de Paz. Me acuerdo que esta calle tenía un movimiento tremendo porque a la par de la sodería comenzamos con la inmobiliaria pues Angel Bonano se estaba retirando. En esos tiempos tomabas soda en sifón o no tomabas soda y estaba la estafeta postal casi pegada con Julio Fuente a cargo. Cuando estaba la sodería la gente hacía el recorrido, compraba cuarta barra de hielo en lo de Polo, venía y cargaba los sifones acá y se iba a la playa o al revés. En esa época no había luz todo el día por ese motivo también había cola en la fábrica de hielo. Era la tradicional vuelta de los turistas o los pescadores. La época esa de la sodería fue tremendo lo que se trabajaba 



Paralelamente a esto Bocha Burgueño hizo de todo, bloques de cemento para la costrucción, trajo ladrillos de Santamarina y Necochea, les hacía trasmallos a los pescadores de la localidad, por esto tuvo relación con Christian; “yo me quedaba solo a la siesta tejiendo en el bar y venía Christian a tomar una copa. Yo le servía algo y él no hablaba nada, un hombre muy especial”. 

 Aparte de todas las anécdotas de la sodería, el Jeep Willys al que todos apodaron El Cuadrado, está la pesca. 

“Te cuento una anécdota de pescadores que como no vive nadie más que yo no me la pueden desmentir ni aprobar –dice riéndose porque es su forma de relatar todo-. Estábamos en el Segundo Salto Arie Groenenberg, Manolo Riso, no recuerdo si habían ido juntos o separados, y yo con Viola. Los cuatro en una plataformita ahí en plena piedra y no picaba nada; por ahí empezó a refrescar –no me acuerdo el orden no sé si fue Riso o Groenenberg que le dice a Viola ‘che, teneme la caña que me voy a abrigar’. En el momento que le deja la caña y se va para el jeep le pica una corvina negra en la caña del otro… ‘che Manuel vení que te picó’ le dice Viola y Riso la saca. Al rato Arie le dice a Viola ‘teneme la caña que tengo frío y me voy a poner un buzo’; le da la caña y pica otra corvina negra esta vez en la caña de Groenenberg. Yo por cábala me acuerdo que le digo ‘Viola porque no me hace un favor, me tiene la caña que voy a ponerme un buzo’… vos sabés que le picó también. El pobre Viola tuvo tres piques esa noche, de Riso, el de Groenenberg y mío pero él no sacó ninguna, en su caña no le picó ninguna… cosas de la pesca”. 

En el final Bocha Burgueño rememora que de la época que estamos hablando, los primeros tiempos de Claromecó “éramos una familia grande. Nos conocíamos todos, sabíamos donde vivían quienes eran y ahora es totalmente distinto. Hay mucha gente, a veces cuando voy a buscar el diario alguien me saluda y le pregunto al Turco Chedrese, ¿quién es?, gente que hace dos años vive acá, me contesta. Hay gente de todo tipo, buena y de la otra”.  


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Personajes y el Recreativo Claromecó

Hablando de personajes Bocha recuerda también al Búho Correa, “con su sombrero aludo, la plumita y el grito cuando te saludaba. Otro fue Pablo Satini, el Turco era gritón, pero solidario y de gran corazón. Como él, pocos. Hay una anécdota: cuando teníamos internada a nuestra hija Valeria en Tres Arroyos, vino al Sanatorio Hispano a vernos y dejó la billetera ‘dispongan lo que quieran’ nos dijo. Nosotros si lo hubiéramos necesitado, seguro que no había fanfarronería, porque a pesar de ser ampuloso de expresión era su forma de mostrarlo. Las eternas peleas radicales entre Pablo y Beto Gigena fueron hasta tragicómicas y propias de pueblo”.

Eran otras épocas, evidentemente distintas. “Había muchos bares… muchos. En el local que tengo ahora en avenida 26 que atienden mis chicos hay una mesa donde se cobra. En esa mesa yo atendía a Christian mientras tejía trasmallos y ponéle, tipo 3, 4 de la tarde venía Christian y tomaba uno, dos vinos blancos pero no me acuerdo de ningún diálogo”. 

El Club Recreativo Claromecó también tiene un pedacito en su historia, no sólo por haber sido jugador sino durante muchos años dirigente; “las instalaciones que hay en el club las hicimos cuando estaban Norberto Arbasetti, Roberto Etchegaray, sus hermanos, yo y tantos otros que pusieron el hombro. Lamentablemente ahora cuesta mantenerlo pero lo hicimos en esa época, teníamos la administración del Camping Municipal y ahí estaba Norberto que controlaba; otra de las cosas que hicimos fue una rifa de un auto… Hasta un micro llegamos a comprar porque el gasto de traslado era mucho, en la época que jugaba yo íbamos en camión a jugar… Pero vuelvo a reiterarte eran otros tiempos y la gente tenía otra predisposición también…” agrega en el final.