Claro, Reta y Orense

#CentenarioClaromecó

Luis Alberto Castro: “Claromecó me dio de todo a mi”

09|11|20 23:11 hs.

Recorriendo Claromecó, una de las paradas fue para charlar un ratito con Luis Alberto Castro, -el Chino o Silencio- como muchos lo conocemos. Un verdadero obrero del sacrificio y ejemplo del trabajo que, como era de esperar, estaba en pleno oficio de jardinero en su primera casa de calle 16. 


Luis recuerda que “a Claromecó vengo desde los 2 años, fijate entonces que tengo setenta y cinco de permanencia acá o sea que estamos desde 1945. En ese tiempo eran mi hermana Teresa, Cacho y yo después nació Oscar -el Cuis- y el resto. Cuando vinimos no había casi nada, la luz se prendía a las 7 de la mañana, cuando yo me iba para la panadería Bel-Mar, y se apagaba a las 12 de la noche. Desde los once años trabajé con Mario Reynoso, tengo muchos recuerdos de esos tiempos. Aparte de trabajar mucho jugábamos a los tejos y al sapo, porque en el patio había una bomba para sacar agua y ese caño lo usábamos para esto”.  

Sacrificio puro 
 El Chino rememora que su padre “tenía un carro con el que traía arena, yo tenía 9 años y lo acompañaba. Cuando él murió seguí un tiempo con eso del carro con caballos pero cuando se hizo el primer edificio, el de los Di Croce, me compré un camioncito Guerrero y con este le traía arena. La cargábamos a pura pala, imagináte que eran 72 metros cúbicos y como el edificio está frente a la Costanera si había viento se volaba. Fueron tres días de locos paleando”, cuenta de ese primer trabajo grande.

Pero su historia con el transporte de arena no termina allí, Luis recuerda que “con otro camioncito Guerrero que tuve después íbamos a cargarla al Pozo de Alonso. Teníamos que hacer un excavación y desde allí palear la arena, así la traíamos. Había que esperar la marea baja para poder ir porque los saltos de piedra por la zona del Pozo de Alonso eran imposibles de pasar. Hablan de los saltos de piedra ahora que se han destapado pero en aquellos años eran peores. Hay montones de cosas para contar, no solo de esto sino también de la pesca”, y seguramente porque hay una foto más que icónica de una noche de pesca junto al Cabezón -Mario Reynoso- y el Bocha -Alcides Burgueño- con la módica suma de nueve corvinas negras. 

Trabajo honesto 
 Han sido muchos años de trabajo honesto y sacrificio puro para Luis Alberto Castro y el Chino lo resume diciendo quebrado: “Claromecó me dio de todo a mi… Me emocionó mucho… sí, no me puedo quejar. He logrado mucho, esta casa me la hizo el Gallego Fuente. Cuando estaba con mi viejo esta casa yo agarraba cuando dejaba de trabajar me traía un farol y me hacía los blocs con una bloquera. después me los traía para acá para que me levantaran las paredes. Esta casa mía, no siendo el frente, todos los blocs los hice a pala y a mano así que qué te voy a contar. Me da no sé qué porque me emociono un poquito. Pero yo le digo a mi mujer que doy gracias a Dios por todo lo que he hecho, por lo que he viajado por la Argentina desde que mis hijos tenían uno, tres y el otro cinco años. Imaginate que cuando construí esta casa acá no había nada hasta el Chipi y para el lado del arroyo el Rancho los Cier y el de los Reguero, después todo campo. Yo hice un camino con el camión para poder pasar, después vino el Gallego Fuente y se hizo la suya y mirá ahora este lugar” señala con orgullo de ser uno de los primeros habitantes de La Reserva.