El Pato Fiorda y la cancha de Huracán, una conexión única y que perdura en el tiempo

Deportes

Informe Especial

El Pato Fiorda: símbolo del básquet, ícono del Globo; fanático del deporte

18|11|20 17:27 hs.

Por Jorge López de Ipiña    

Buceando en la diversidad deportiva que ofrece Tres Arroyos gracias a sus habitantes, hablar del Pato Fiorda es emplear el sinónimo de un cultor y emblema de nuestro básquet, de un genuino símbolo de Huracán y especialmente de un fanático de la pasión que genera esta actividad. 

“En mi vida es muy difícil no hablar de deporte; yo soy cero política, consumo mucho fútbol, automovilismo, y básquet que es mi pasión. A mi dame deporte siempre…” confesó a modo de presentación. Y el fundamento hay que buscarlo en el mismo día de su nacimiento, porque “uno se crió así”, valoró. “Mi viejo nació frente al Club Huracán y hoy en día sigue manteniendo intacto ese vínculo. A mí me transfirió eso; me llevó de chiquito a esa especie de paraíso que era el club, porque en mi infancia éramos 50 los pibes que íbamos todos los días y nos pasábamos horas jugando a todos los deportes; vivíamos en el club. Iba de la escuela a Huracán, así se repartían mis días en esa edad. Después tuve que elegir una disciplina por el tema de horarios y para darle una cierta continuidad”. 


En familia. El Pato Fiorda junto a sus padres, su esposa y sus hijas


Y, acertadamente, el Pato, un poco por herencia y otro poco por visión, eligió el básquet; se convirtió en un símbolo, se transformó en el máximo campeón y en el récord del club, y en un embajador de nuestra ciudad en “la Capital del Básquet”. Tuvo el placer de debutar en Primera en un clásico del ‘79 ante Costa Sud y el halago de retirarse dando la vuelta olímpica en 2003… 

“Yo era la mascota cuando jugaba mi viejo, estaba en los vestuarios con ellos, viajaba con ese equipo que tenía al Bocha Locatelli, Oldano, Pícaro, Laplace; mamé esa cultura y me gustó… Aparte, y no sé por qué, yo tenía facilidad para jugarlo y para convertir... En esa época también era arquero, siempre me gustó el fútbol; pero en séptima división, una tarde me hicieron un gol de tiro libre, caímos 3-2 con El Nacional y como mal perdedor que soy, me retiré (risas). La contracara era que en básquet siempre ganábamos, entonces le apunté a eso” confesó; la sinceridad lo desborda porque en su “camada”, de preinfantiles a juveniles, “en 5 años perdimos 1 solo partido con Independiente, en San Cayetano; fuimos campeones siempre”, recordó. 



Su infancia y adolescencia fueron “ideales. No me quejo de nada, fui muy feliz, tengo todos buenos recuerdos. Además de los del deporte, la vida me regaló amigos como Sergio De Francesco, Sergio Teiletche, Claudio Gastelú, Patán Rivolta, Enrique Plá, Topo González, el Colorado Lagún, el Chino Appas y Márquez, con quienes seguimos muy unidos”. 

Durante su formación tuvo un “crítico” muy particular. “Mi viejo iba a verme y tras los partidos me marcaba todos los errores; yo me re calentaba, pero él tenía razón. Por ahí yo marcaba 50-60 puntos y creía que había jugado muy bien; pero él me decía, ‘hiciste eso pero no marcaste, te peleaste con tus compañeros, le discutiste al árbitro…’ y cuando me fui a Bahía en 1982, los errores que me marcaba mi viejo, me los marcaron allá”. 

La madurez le permitió perfeccionar su forma en pos de sus equipos, la característica ofensiva lo acompañó durante toda su trayectoria y le posibilitó dejar sentadas marcas y conquistas que quedaron como récords en el básquet local. De chico “anticipó” que sería un goleador nato, cuando en infantiles convirtió 82 puntos en un partido irrepetible. “Sí, es verdad; una vez el gran Wilt Chamberlain, que en un partido de NBA hizo 100 puntos, dijo, ‘hay un día en que uno mete todo, el doble de su marca habitual, es un día’... Y tenía razón; mi promedio era de 40-42 puntos, en ese juego maqué 82; y pese a que después nos pusimos de acuerdo con mis compañeros para batir esa marca, nunca pudimos. Hice 74, pero nunca más 82…”. 


Selección tresarroyense, subcampeón provincial juvenil


Prolongando una debilidad histórica de nuestro básquet, “quedé cortó de altura”. Si bien la habilidad fue un certificado de garantía, de juveniles en adelante los centímetros fueron una trepada inaccesible. “En el Provincial del ‘82 le ganamos a todos y en la final llegó Bahía; nos enfrentamos a jugadores como Montenegro que medía 2,07, Petorosso 2,04, Severini 2 metros; el Gallego Arenal y yo éramos los más altos de nuestra selección pero medíamos 1,90. Fui al Argentino y los perimetrales eran como yo; y ni hablar de los pivot. En Bahía pasaba lo mismo, entonces me convencieron para cambiar mi forma de jugar; era necesario, y mis últimos 10-12 años los terminé jugando así, de frente al aro, mejorando el tiro, los triples, siendo que yo siempre jugué abajo (metiendo cola y haciéndose así el espacio). Pero volviendo a las selecciones, para nosotros llegar a un Provincial era lo máximo” recordó con pasión y orgullo. 

Tal es la magnitud de esos dichos, que hoy en día se recuerda ese subcampeonato del ‘82 como un hecho histórico, y el 4° puesto del ‘86 en mayores algo parecido. “Sin dudas, pero sabes por qué también, porque los rivales que venían acá eran selección argentina; no venía cualquiera. Enfrentábamos a Julio Ariel Rodríguez y Esteban Pérez de Pergamino, a Bahía que traía 4 ó 5; a Merlo y Aréjula de Junín, todas figuras de selección”, destacó. 

El Pato Fiorda jugó 483 partidos en Primera para Huracán (423 en la ATB y 60 en provinciales); convirtió 9164 puntos (8022 y 1142) y ganó 40 títulos, números que lo convierten en el jugador récord del Globo


Ese certamen del ’82 fue especial, y la gente le dio un incomparable respaldo multitudinario. “Es verdad, en ese torneo, lo mismo que en el Pre Provincial del ‘81, el público llenó siempre el estadio, al punto que en la final quedó gente afuera”, y tras ese recuerdo que cobra vida y despierta admiración en cada palabra, Néstor Fiorda le abrió las puertas a una de las razones que no sólo potenció el destino de esa selección juvenil, sino del básquet tresarroyense en general.

“Gracias a la gestión de Toni Salerno y Segundo Pérez, trajeron a Carlos Spacessi, que era el técnico de Bahía y de Provincia, ¡¡¡a dirigirnos a nosotros!!!, increíble. Nos enseñó muchísimo, en esos 4 meses de preparación (4 prácticas por fin de semana) amplió nuestros fundamentos de manera increíble, nos permitió crecer de una forma increíble; éramos un buen equipo, sí; pero Spacessi nos potenció notablemente”. 


Con Tempone y Carlos Spacessi en el Pre Provincial del 85 donde Tres Arroyos fue campeón


Fiorda no sólo ve al bahiense como un “revolucionario” de ese equipo, va más allá. “Para mí, Carlos transformó el básquet local, trajo conocimientos y formas de trabajo que acá no conocíamos”, destacó quien tuvo en Huracán a Juan Carlos Tempone como el técnico que le permitió a los 15 años dar el salto a Primera. “Era un ex jugador que daba una gran mano, como sucedía en la mayoría de los clubes; él dirigía las inferiores y fue el que me hizo debutar en Primera en un clásico ante ese gran equipo de Costa Sud, en la cancha vieja, la chiquitita, en 1979. Salió Rudzki por 5 y me mandó a mí a jugar con Romagnoli, el Bocha Locatelli, Vicente Corrales, Carloncho Alvarez, Elichiry, Cornejo; no lo podía creer. Me acuerdo que el primer libre que tiré del susto que tenía lo erré por esto (entre risas abre las manos para marcar una distancia de 20 a 30 centímetros), pero el segundo lo metí”, valoró con orgullo.

En esa época, el básquet “era mucho más físico, malintencionado, hasta más riesgoso porque las canchas eran más chicas y las paredes o el público estaban a un metro, se sentían los cigarrillos prendidos… Pero esto pasaba en todos lados; cuando jugaba en Bahía, ir a Zárate, Pergamino o Junín, se transformaba en una guerra. Por suerte se empezaron a filmar los partidos y que después apareció la TV; eso ayudó muchísimo porque los que peor la pasaban siempre eran los visitantes y los árbitros. Eso le dio transparencia y mejoró el juego”, destacó. 

El club también fue el núcleo donde forjó una amistad eterna. “Y sí, hoy en día seguimos siendo amigos con un montón de chicos de esa época. Y tantos años después, nuestro punto de reunión sigue siendo el Club, nos juntamos a cenar con Diego, Julio y Lucho Granda, Manolo y el Bocha Locatelli, el Negro Parravicini, Vicente Corrales, Cornejo, Elichiry, Arnaiz, Bastián, Benicio Arias, seguimos unidos, hasta con el mismo Franklin Martínez que se sumó a nosotros; Huracán te da un fuerte sentido de pertenencia, y lo veneramos”, confesó. 


Cena con el grupo de amigos del básquet de Huracán


Nunca contra Huracán 
La historia del Pato tiene muchísimas particularidades; una de ellas es que en la ATB sólo un año jugó para otro club: Costa Sud. “Fue en el ‘89; Huracán no iba a jugar en regionales y en el Oriverde estaba Freddy Seppa, un amigo de Bahía. Tenía un gran equipo Costa Sud, el Flaco Oostdijk, Pablo y Guillermo Goizueta, Valle, Ongarini; nos eliminó Sierras Vallas, que tenía al americano Stanfford de 2,10 metros, en un partido raro, donde ni pudimos hacer la entrada en calor porque la barra brava se puso bajo nuestro aro… propio de la época. Estos chicos me recibieron 10 puntos, siempre jugábamos juntos en la selección; hicimos un gran torneo, le ganamos las 2 veces a Bahiense del Norte con Montecchia, Sepo y Leandro Ginóbili. Pero nunca jugué ante Huracán; en los 4 partidos de la competencia local, ante el Globo no estuve; cuando arreglé venir eso quedó en claro y lo aceptaron sin problemas…” 

Una de sus características es la memoria y certeza en los datos; nada se le escapa, todo lo recuerda. Esa personalidad, que lo ha convertido en un gran estadista (confeccionó la de todos los panamericanos y mundiales de básquet y mundiales de fútbol), la fue forjando desde la primaria. “La hice en la Escuela 1, era buen alumno, me fue muy bien. En la Secundaria, que hice en el Nacional, Comercial, no tanto; nunca repetí, pero… Mi vieja me había regalado un Atlas, a mí me gustan los números, geografía e historia; esas las rendía bárbaro, ahora en las otras era un desastre, mejor dicho vago, no quería estudiar, quería jugar al básquet”. 


En acción. Siempre dominante bajo el aro, un amigo del gol


En el ‘82 se fue a estudiar Contador Público a Bahía, y en el examen de ingreso quedó 8° entre 220; “pero había que estudiar en serio, metí ocho materias, nada más”, y así estrechó su vida por el básquet. 

En Bahía Blanca 
Los inicios de la década del ’80 marcaron una etapa especial del básquet bahiense con el cambio generacional. Justo ahí apareció Fiorda en El Nacional. “Siguiendo los consejos de Osvaldo Goizueta, sumado a que el Mofle Horvath me había hablado y Merlini me había ido a ver a un amistoso, arreglé con El Nacional; pero en el Argentino de Paraná, mediados del ‘82, cuando me tomaron la presión encontraron que tenía 18 y podía ser peligroso. Me atendió el equipo de René Favaloro y recién después de 10 meses volví a jugar. No tuve que seguir ningún tratamiento, lo único es que fui controlado muy de cerca. Así que en El Nacional recién debuté en el ‘83, jugaba en juveniles, reserva y primera”, y así empezó a escribir una gran y consagratoria historia, porque a la temporada siguiente su club obtuvo el primer título de su historia, halago que Fiorda repitió en 1991 junto al Tucumano Barrionuevo.


El Nacional campeón por primera vez en su historia, año 84


"Ese año clasificamos a la Liga Nacional B pero por el tema económico el club no jugó. En el ‘91 yo trabajaba acá, en el Banco Pampa, así que con el Tucu viajábamos todas las semanas, pero lo hacía porque me gustaba. En el ‘92 fui solo, así que viajé 28 miércoles en El Pampa, regresaba a las 5 de la mañana y después a trabajar, todo lo hacía por amor al básquet”; en 1986 fue el goleador del campeonato bahiense jugando para La Falda, teniendo también participación en el Club Argentino. 

Fue partícipe del partido con mayor cantidad de puntos en la historia de Bahía, cuando El Nacional le ganó 153-149 a Bahiense en el ‘92; “creo que el DT de ellos era Colamarino y si no fue el debut de Pepe Sánchez, fue uno de sus primeros juegos en primera”. 

El regreso 
En 1987, cuando Huracán armó un gran equipo para jugar aquel recordado Provincial, Fiorda regresó a Tres Arroyos, más allá que su campaña en el sur se prolongó hasta 1992 (en el ‘90 y ante la falta de competencia local en la ATB, jugó para Rivadavia de Necochea que dirigía De Lizaso). 


Equipo de Huracán que jugo el Provincial del 87


Aquel Globo se reforzó con el Pato, Toranzo, Juanpataoro, Navallo y Passetti. “Teníamos un gran equipo, pero nos faltó tiempo de trabajo; nos ganó Liniers de Bahía que tenía a Espil, y Kimberley”. 

Ese mismo año comenzó a trabajar en la administración de Huracán, en el ‘89 se casó; el 9’0 lo vio defendiendo los colores de Rivadavia, el ‘91 y ‘92 los de El Nacional y en el ‘93 desembarcó definitivamente en el Globo hasta el 2003, año de su retiro. “Fueron 11 temporadas hermosas, en mi último partido salimos campeones ante Argentino; al año siguiente asumí como DT y fuimos campeones en el campeonato N° 100 de Huracán”. 


Huracán consiguió su titulo 100 con Fiorda con DT


Suma de títulos 
Ese regreso fue a toda orquesta. “En el ‘93 se armó un gran equipo y un mejor grupo. Ganamos invictos 5 campeonatos, la formación era Granda, Manolo (Locatelli), Leandro (Fjellerup), Stallone y yo, el único grande con 29 años, los otros eran juveniles, pero muy buenos de verdad”, destacó.


Equipo campeón, con un invicto 28 partidos. Año 1993


El ‘94 fue el año de Costa Sud pero desde el ‘95 volvió el dominio del Globo, “durante unas temporadas con las apariciones de Ricky (Fernández), Prieto, Arnaiz, Bastián que estaba, lo mismo los Parravicini, Risso; muchos buenas personas, y si mi retiro se prolongó, fue por eso precisamente, por el grupo humano que teníamos”, destacó.


El retiro fue con una vuelta olímpica


A 2 meses de cumplir 40 años dejó de jugar y tres temporadas después se retiró como técnico y de todo el básquet. “Pude llegar tan lejos gracias al apoyo de mi familia; primero fueron mis viejos, después mi esposa, a la que conocí en Bahía y me acompañó a todos los partidos; más adelante mis hijas se sumaron en esto de darme fuerzas. Sin el respaldo incondicional de ellos hubiese sido imposible…” destacó emocionado. 


Después de un partido, junto a sus hijas


Hoy en día el Pato no extraña su época de basquetbolista, fue como que le dio todo lo que tenía dentro suyo y en ese 2006 se sintió vacío, sin reservas para entregar algo más y se retiró. Le abrió las puertas a una nueva vida y comenzó a disfrutar cosas que había dejado de lado por vivir a pleno esa pasión llamada básquet...        

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La “13”, la herencia… 
Néstor Eduardo Fiorda usó durante muchísimos años la camiseta N° 13 en honor “a mi viejo, que usaba ese número cuando jugaba. Heredé el nombre, sobrenombre, clubes (Huracán y Boca), pasión por el deporte, por los números, las estadísticas, todo” dijo entre risas, pero con sumo placer. 


Una imagen repetida. Fiorda levantando un trofeo de campeón con Huracán, junto a Risso, Veninga y Leandro Fjellerup


De fantasía
“Yo soy fanático de Boca, pero ir a jugar con Huracán, el club de tu niñez, de tu vida, a La Bombonera en aquel 2004 a un partido oficial de Primera, ni en sueño me lo hubiese imaginado. Eso fue increíble, inolvidable; una experiencia única. A Boca lo vi por primera vez a los 5 años cuando vino a Tres Arroyos, entre otros, con Meléndez y Rojitas. Fui un montón de veces a la Boca; mi primera vez fue en 1976 tras ganar con la Escuela 1 el campeonato interescolar en lo de Furlotti que organizaba Poteca, donde ése era el premio y Boca le ganó 1-0 a Independiente con gol de Ribolzi. 


Con Maradona, en la cena tras el partido a beneficio en Tres Arroyos



La selección tresarroyense
“Siempre fue muy buena mi relación con la selección tresarroyense, estuve en todas, desde minibásquet hasta primera. Como se podía traer refuerzos no me lo perdía, y eso que en Bahía muchas veces me convocaron”. Para él, vestir la camiseta de la ATB “siempre fue un orgullo, siempre”, remarcó. 

Conoció a Mandrake 
En 1982, Fiorda jugó el Argentino Juvenil de Paraná integrando el seleccionado de Provincia. “Esa fue una experiencia hermosa, fuimos subcampeones tras perder la final 84-82 ante la Córdoba del Pichi Campana y Marcelo Milanesio” valoró; pero la preparación le regaló una de sus mayores alegrías deportivas. “Con el Chino Zulberti (de Tandil) éramos los únicos de afuera; un día, el histórico Bill Américo Brussa nos invitó a la Asociación, y nos dijo si queríamos conocer a Alberto Cabrera. Era como si hoy te dicen ‘querés conocer a Manu’; fuimos a Estudiantes, donde estaban entrenando. ‘Beto vení’ le dijo; ‘ellos son Zulberti y Fiorda, van a jugar el Argentino con Provincia’, nos presentó. ‘Que bien, mucha suerte; quieren entrenar con nosotros’ nos dijo Cabrera. No lo podía creer; salí de ahí casi corriendo, fui a la oficina de Entel a llamar a mis padres (no existían los celulares) y decirles que había conocido a Cabrera. A los dos días debutamos ante Estudiantes en ese cuadrangular de preparación y enfrenté a Mandrake Cabrera; inolvidable. También estaba Monachessi; y de técnico más adelante lo tuve a De Lizaso en Necochea y a Cortondo en El Nacional”, confesó emocionado. “Agarré la última etapa de esos históricos y el inicio de la nueva generación, de Ricchiotti, Espil, Faggiano, Montenegro, todos esos monstruos. Yo no tengo dudas de eso que ‘Bahía es la capital nacional del básquet’; siempre estuvieron adelantados, en el 80 ya habían traído técnicos de Estados Unidos para capacitarse. Ginóbili no nació por casualidad en Bahía, dónde más podía nacer el mejor latinoamericano de la historia. Ahí el básquet es el deporte más popular, tienen 22 equipos, una estructura incomparable”. 

“Bautizó” a Pepe Sánchez
“Siempre fui de poner sobrenombres, una tarde Horvath estaba entrenando a los premini y mini de El Nacional y le pregunté a un rubiecito flaquito cómo se llamaba, ‘Juani Sánchez’ me dijo, y yo que me la pasaba leyendo las revistas Toni, Fantasía, Dartagnan, le dije ‘vos sos Pepe Sánchez’. Y quedó. Pasó el tiempo, un día el Flaco Lista, presidente de la ABB, me comentó que Sánchez ya estando en Estados Unidos le confirmó esto a la revista Encestando; he ganado muchas apuestas con esto”, recordó Fiorda entre risas. 

Goleador 
Su facilidad para convertir lo transformó en un temible goleador, tras su arrollador paso por las formativas, Fiorda fue el máximo anotador del Provincial Juvenil del ‘82, lo mismo en el preprovincial del 85 y provincial del ‘86 de mayores; en el ‘85 y ‘86 fue goleador con El Nacional en Bahía, y con ese club en la Liga Nacional B del ‘87.

Pero “10 a 1 te cambio un campeonato a ser goleador eh; yo siempre quise ganar. Pero más allá de mis números, la prioridad era el equipo, jugar en conjunto, aprovechar al compañero que mejor estuviera, potenciar los momentos de cada uno. Siempre prioricé al equipo y siempre valoré a mis compañeros”, aseguró. 

Sueño cumplido
“En 2016 cumplí el sueño de mi vida que era conocer Nueva York, en un viaje que hicimos con mi esposa, Sergio Teiletche y su mujer. En el año ‘72 mi mamá (que falleció hace 2 meses) me regaló un Atlas, que aún conservo; miré sus 300 páginas y le dije: ‘mami, cuando sea grande yo voy a ir acá: el Pan de Azúcar de Río de Janeiro y las Torres Gemelas. En 1981 fuimos con mis viejos a Brasil y en mayo de 2016 disfruté la incomparable experiencia de visitar Nueva York; conocí todo, recorrí un montón porque me fui teniendo el plano de la ciudad en mi cabeza. Sabía los movimientos de los subtes, todo; las Torres Gemelas ya no estaban, obviamente, pero visitamos el Museo que es increíble, conmovedor”. 


Séptima Avenida y Brodway. En Nueva York con su esposa.


Como DT
“Dirigí durante 15 años, 3 de ellos compartiendo inferiores y Primera. Di lo que pude; bien, regular o mal; la gente dirá eso. Para mí fue una gran experiencia. Cuando arrancó la Liga Senior, fui el DT del equipo de mis amigos, pero sólo porque no pude decirles que no, estaba obligado emocionalmente. Pero cuando me retiré, no pude formarme más compromisos pese al amor que le sigo teniendo al básquet”. 


Con el plantel campeón de Huracán. Año 1996


Humildad de oro 
“Siempre me sorprendió la humildad que tuvo la Generación Dorada; dejaron de lado sus egos personales en pos del equipo. Y así fueron campeones olímpicos, subcampeones mundiales; unos verdaderos monstruos, incomparables. Me acuerdo cuando vinieron Pepe Sánchez y Manu a jugar ese amistoso con nosotros a Huracán. Pepe era universitario y Manu se iba a Italia; se vinieron un miércoles de invierno a la noche en combi, a jugar con nosotros, a comer un asado y charlar un rato. Unos verdaderos capos”.