Interés General

Jardín Japonés de Buenos Aires

Mirar el paraíso desde el Puente de Dios

22|11|20 21:50 hs.

El Jardín Japonés es el legado viviente de amistad entre los pueblos argentino y japonés. Su creación fue producto del esfuerzo de la colectividad japonesa que lo donó en el año 1967 como testimonio de la primera visita a la Argentina de un integrante de la Familia Imperial Japonesa, el Príncipe Heredero Akihito y la Princesa Michiko. Este Jardín es un emblema representativo de la relación entre Argentina y Japón, donado por la Colectividad a través de la Embajada de Japón en la Argentina a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. 


Sergio Miyagi, director de prensa, comunicación y atención al público del Jardín Japonés de Buenos Aires y miembro de la Fundación Cultural argentino- japonesa describe con orgullo la tarea que se realiza en ese lugar de recogimiento. “Sentimos una gran responsabilidad porque hay que cuidar el lugar histórico, el medio ambiente y difundir el arte culinario, la cultura, la tecnología y el deporte de Japón; es enorme el trabajo que tenemos cada día para difundir la excelencia de la cultura japonesa en Argentina”, cuenta Sergio. 



El regalo que el pueblo japonés le hace al gran pueblo argentino por el trato amoroso que recibieron sus altezas imperiales brilla en el corazón del barrio porteño de Palermo.

 “Es un espacio de contemplación, meditación, armonía, paz, tranquilidad, es un paisaje que invita a la reflexión e introspección ni bien atravesas la puerta”, destaca Sergio. 

Las carpas y otros símbolos 
El ambiente invita a la paz, las especies arbóreas muy bien descriptas enseñan a los visitantes todo lo que saben sobre ser parte del suelo argentino y del japonés pero en tierras lejanas. Todo está dispuesto en perfecta armonía y equilibrio. Los símbolos crean el aroma místico que se respira por cada sendero que se emprende. 

 Las carpas Koi son un emblema de la cultura japonesa. Reciben el nombre de una abreviatura de la palabra japonesa nishikigoi, la cual está integrada por nishiki, que significa “algo de hermosos colores”, y goi, que es el nombre con el que denominan los japoneses a las carpas en general. 

“En el Jardín Japonés hay unas 700 carpas en el lago principal y, además, tenemos piletones en los que se realiza un trabajo de reproducción del pez Koi para luego volcarlas al lago principal”. 

Las carpas son tenaces, fuertes, perseverantes y nadan en contra de la corriente, eso les dio el lugar que ocupan en la cultura de Japón. “Los valores que representan son los que para los japoneses tienen que desarrollar los niños varones del hogar y para que sean capaces de sortear dificultades de la vida “. 

Por tal motivo existe el Día del Niño –que es el 5 de mayo- , una fiesta nacional, una antigua celebración que mezcla influencias chinas y la cultura de los samurái en la que todo Japón desborda de entusiasmo. En los balcones, en los jardines, en el río, el símbolo de este día especial flota con la brisa de la primavera. 

“Todo se adorna con coloridas imágenes de los peces koi de papel o seda cuelgan en los todos los hogares donde hay niños. Se cuelgan koi noboris, que son cometas cilíndricas en forma de carpas que cuando se llenan de viento promueven salud, felicidad y belleza para todos los niños varones del hogar”. Ese día las familias japonesas visten a sus niños con kabuto, unas réplicas en miniatura de las antiguas armadura samurái que suelen exhibirse detrás de un vidrio en la sala principal de la casa, con el casco samurái y se los obsequian para que sean fuertes para afrontar dificultades y puedan sortear los obstáculos de la vida. 

Tres meses antes, el 3 de marzo es el Día de la Niña, un festejo familiar muy importante en el que los abuelos les regalan un set de muñecas porque la tradición indica que las muñecas de papel eran enviadas en barco por el curso de un río, llevándose consigo los malos espíritus. Las niñas exponen varias muñecas vestidas con kimonos tradicionales que representan personajes de la corte imperial de la Era Heian ordenados jerárquicamente y pasan de generación a generación dentro de la familia. Se suele adornar también con flores de melocotonero, es otra Fiesta Nacional en Japón. 

 Puentes, flora autóctona y minimalista 
 Los puentes constituyen símbolos. Existe uno muy curvo y sumamente difícil de atravesar, llamado Puente de Dios que representa el camino al paraíso. Otro llamado Puente Truncado que conduce a la isla de los remedios milagrosos. Y el puente Zig Zag, o también conocido como el puente de las decisiones. 

Además de los añosos árboles autóctonos –de la zona del Parque 3 de Febrero- como la tipa, eucaliptos, álamos, plátanos y el palo borracho, puede encontrarse también gran variedad de plantas japonesas que es una flora más minimalista como la flor del cerezo, entre ellas el sakura, el acer palmatum y las azaleas los pinos rojos y negros, la sakura (cerezo japonés) y el ginkgo biloba entre otras. 

Sergio Miyagi recomienda recorrer el “puente de las reflexiones” que tiene vaivenes y fue construido bajo la idea de reflexionar cada vez que se cambia de perspectiva y “apreciar en el recorrido por lomadas, caminos, puentes, monumentos la cultura japonesa”. 

También hay una escultura de un samurái, hecha en mármol, realizada por el artista Baku Inoue. 

La campana de la Paz Mundial es uno de los símbolos más importantes que todos los 21 de septiembre se hace sonar “le brindamos al público la posibilidad para que pueda tocar la campana, es un momento muy emocionante y es una pieza emblemática del Jardín”. 

La visita al Jardín Japonés es una fiesta de colores, sabores, pasiones, una visita que motiva a los sentidos a juntarse para degustar de un paseo único e inolvidable.

La gastronomía 
La gastronomía es relevante en la cultura japonesa, “tenemos una gran variedad de platos de distinción. 

Tenemos un patio de comidas, al aire libre con mesas en el exterior sobre el sector de la Avenida Berro desde donde se puede contemplar el paisaje y algún plato típico o algo una comida rápida. Las mesas están distanciadas y solo admitimos un máximo de 4 personas por mesa”. 

La paz, la hermandad se respiran y circulan los caminos y refugios espirituales debajo de los cerezos florecidos y de las tipas.     

Te interesaría leer