“Llegué a un lugar que no solo me dio prestigio, me pagaban y me daban de comer"

La Ciudad

Por Alejandro Vis

“Nací en un barrio donde te hacías boxeador o jugador de fútbol”

13|12|20 02:14 hs.

La casa de Javier Villanueva es Huracán Ciclista. “Vine a los 19 años y hace 32 que estoy en Gonzales Chaves”, señala. Vistió distintas camisetas, también las del clásico rival Independencia; jugó torneos regionales y ganó el Argentino B con Mataderos de Necochea. En su adolescencia, formó parte de San Lorenzo de Almagro. 


 A Chaves llegó y no se fue más. Conoció a su compañera Silvia Mercau, nacieron sus cinco hijos –uno de ellos falleció hace 18 años- y el 22 de octubre llegó a la familia su segundo nieto Eliseo. 

En una entrevista con La Voz del Pueblo, realizada en Tres Arroyos, habla -por supuesto- de fútbol, pero también acerca de referentes que lo ayudaron a crecer, su familia, los amigos y los aprendizajes de la vida. 



Desde el sur 
Nació en Bariloche, en el barrio Lera, “de gente humilde y laburadora de verdad”. Se crió en una vivienda a dos cuadras del estadio municipal; “todos mis hermanos viven en Bariloche, menos mi hermana que está en Cipolletti. Tengo a mi viejo de 88 años, que está bien; mi madre tiene 84, siete hermanos, infinidad de sobrinos. Cada vez que puedo vuelvo en verano”. 

Comenta que en el sur cuesta mucho llegar a Bahía Blanca o Cipolletti, ciudad a la que –puntualiza- “tenemos como cuna del fútbol. Nacimos en un barrio que tenía dos cosas: o te hacías boxeador, o te hacías jugador de fútbol. No había otra elección”. Menciona, entre grandes del boxeo que residieron en Lera, a “Yeyé y Pajarito Hernández, el Pato Agüero, quien tuvo grandes peleas en el Luna Park con Sergio Víctor Palma”. 


Con Quilmes disputó un Torneo Regional


El club del barrio lleva justamente el nombre Luna Park. “Se creó en la década del ’70. Había un bar en la esquina, frente al estadio, y eran recurrentes las peleas. En realidad, el bar sigue estando, el local es de mi abuela, la casa de mi tía, pero nunca lo explotó mi familia. En Bariloche hace 40 o 50 años había potreros por todos lados, nacimos ahí”. 

 Javier Villanueva jugó en Luna Park desde chico y luego fue a Boca de Bariloche. Habla en plural, dice “fuimos” porque sus hermanos siempre tenían cerca una pelota. “El que jugaba mejor era mi hermano más grande Juan Carlos, pero dejó a los 19 años. Otro hermano mío, Mario, vino a Ciclista en 1989 y estuvo un año. Era una cosa medio rara, por ahí jugaba como un brasilero o te mataba como un uruguayo. Realizó una buena carrera en el sur, anduvo por varios lados”. 


Colegiales lo llevó como refuerzo. Tiene un muy buen recuerdo del club


Boca hizo una campaña inolvidable en 1984, con Rafael Albretch como director técnico y Oscar “Pinino” Más como principal figura. “Nosotros íbamos a la hinchada, al siguiente regional nos tocó jugar, debuté a los 14 años en la Primera”, recuerda. 

De aquel plantel “dos o tres despegamos a Buenos Aires”. Se fue a probar a San Lorenzo de Almagro –donde compartió plantel con Juan Carlos Bermegui- y si bien en la liga tresarroyense se lo conoció luego como volante central, por entonces ocupaba la posición de diez. “Era más hábil, o me decían que era hábil”, expresa con una sonrisa. 


En la gran campaña de San Martín en 1990. Parados: Centurión, Novarini, Ochoa, Maglione, Phul, Villanueva y el técnico Bruno Zinni. Hincados: Tevez, Vega, Claudio García, Pires y Carlos García


Percibió que “había muchos diez. Me probé de ocho y quedé. Jugué de cuatro, de cinco, de seis, de cuarto volante, después me acomodaron de cinco. Tenía un director técnico al que nunca le hice caso, Rodolfo Pocho Bettinotti, jugó en Atlanta y en la selección. Me decía ‘usted con el manejo de pelota que tiene y con su altura, tiene que ser cuatro’. Yo quería ponerme la diez”. 

Dirigía a la Primera División Osvaldo “Nito” Veiga y como ayudante estaba Norberto “El Beto” Menéndez. “A nosotros en una prueba nos deja Roberto Rolando. El club no vivía una buena etapa, pero había llegado Chilavert a los 18 años; y contaba con Lucho Malvarez, Blas Guinta, Quinteros, el turco Alul, después vino Sivinsky, Madelón, Fabián Sánchez”. En 1988, no había podido firmar un contrato y tampoco entraba en el equipo de reserva; “me di cuenta que había que buscar otra cosa”, cuenta. 

 Es que en las divisiones inferiores “no cobrábamos más que un viático. Fue duro, me mantuvo la ilusión de llegar. San Lorenzo me terminó de formar y moldear, me hice profesional sin ser profesional, aprendí un montón de cosas. Con el tiempo ves la dimensión que tiene, no llegamos, pero estuvimos, también tiene un mérito”. 

El Chaqueño Bermegui vino en marzo de 1988 a Huracán Ciclista. “Dos meses después llegué yo. El abrió la puerta y más tarde vinieron al fútbol tresarroyense varios jugadores que habían estado en San Lorenzo. El campeonato lo ganó El Nacional y salió segundo Independencia; “la primera ronda casi no la jugué. 

Podríamos haber ganado ese torneo, Bermegui hizo entre 20 y 25 goles, es de lo mejor que vi junto con Pela Di Luca y Claudio García”. Enumera una formación de aquel equipo: Gustavo Ridao, Avila, Balbuena, Antolí y Amoroso; Ojeda, Vissani, yo; Vallejos; el Chaqueño y Marcelo Troché. Y agrega que “el técnico era Chiche Paradisi y no había profe (preparador físico). En la canchita de Ciclista no nos ganaba nadie. Había que jugar para Bermegui, era fácil. Tal vez nos faltó más profesionalismo”. 


Su primer club, Luna Park. En Bariloche




En la Liga local 
En 1990, formó parte del plantel de San Martín de Gonzales Chaves. “Perdimos una final a la noche con Quilmes a cancha llena, dos goles de Antonio Ruberto de tiro libre. El arquero era Rafael Centurión, el hijo es el tercer arquero de River hoy. ¡Qué nivel tenía la Liga! Ruberto después se fue a Olimpia de Paraguay y Centurión terminó en Atlético Tucumán y Cipolletti”. 

Menciona de San Martín a “Novarini, Ochoa, Puhl, Amoroso; Vega, Charly García, yo y Tevez; Pires, que había jugado en la primera de Estudiantes, y Claudio García, el Novillo”. 

 Lo incorporó posteriormente Independencia, que “venía con la cultura que le imprimió Américo Belén. Mucha organización”. En este período de su carrera, fue convocado por Quilmes para un torneo regional; “armaron un equipazo”. 

En 1993, integró Huracán, pero una lesión por pubalgia no le permitió sentirse bien. “Jugué igual, pero me costó mucho. Conocí un técnico que es lo mejor que me pudo haber pasado, Miguel Di Lemme, me di cuenta que era un adelantado. Me vuelvo a juntar con el Novillo, Franklin Martínez, el Pela Di Luca, Sauce, Palito Espinosa, los Domínguez, Cachito Robledo. Tremendo equipo. Perdimos el campeonato por un punto. Fuimos a la Liguilla y anduvimos mal, Boca también tenía excelentes jugadores. Había muy buenos equipos”. 

La siguiente experiencia futbolística tuvo lugar en El Nacional y fue gratificante. 

“Recuperé la alegría de jugar al fútbol. Salimos campeones del Torneo Preparación, ellos venían jugando juntos hace muchos años y me adapté bárbaro”, valora. Había referentes históricos de ese tiempo en El Decano como Arámbulo, Suhit, Coronel, Gutiérrez, Baiza, Andreasen, entre otros, y señala además que “estaba el Negro Ibarra, que venía de Saldungaray, hacía goles todos los domingos”. 

 Ese año, 1994, le ganó la terna del fútbol en la Fiesta del Deporte a Claudio García y Angel Fabián Moreno. “No lo digo por jactancia, lo digo por los tipos que me tocaron”, subraya. 


En Huracán Ciclista, en 1988. Junto a Marcelo Troché, Juan Carlos Bermegui y Omar Vissani




 Ciclista no lo tuvo en cuenta para la Segunda División. “Un amigo mío me dice ‘si te hubiésemos llevado a la B te adaptabas a la categoría y no volvías a la A. Es el argumento que me daban. Hoy la Segunda está mejor, con canchas que son un lujo si se comparan con lo que había antes, es parte del progreso en la estructura”, evalúa. 

 De todos modos, reitera que “a Ciclista siempre vuelvo”. Así sucedió, cuando “hicieron un equipo con varios refuerzos. Desequilibraba en ataque, pero sufría atrás. Ganamos los dos clásicos, la Copa de Chaves e increíblemente descendimos”. 

La gloria 
Como logro deportivo, su participación en Mataderos de Necochea fue muy importante. “Jugadores que llegamos desde varios lugares y nunca habíamos ganado nada. Nos juntamos. El equipo lo hizo Julio Portugal”, explica. 

Javier Villanueva había entablado una relación de amistad con Adolfo Luna en Huracán. “Julio Portugal lo fue a ver. Adolfo le podría haber dicho cualquier jugador, le dijo tenés que ir a verlo al Negro Villanueva a Chaves. Con el tiempo me lo contaron Julio y Adolfo”. 

Mataderos además buscaba un nueve. “Adolfo le comenta a Julio que yo andaba con un tal Durán, que hace goles. El Bati, mentira, había hecho cuatro goles en cinco años acá, pero era un jugador bárbaro. Fuimos para allá, carecíamos estructura para ascender al Argentino A, no teníamos cancha para entrenar, la ropa era escasa, pero lo pudimos hacer”. 

Califica a Julio Portugal como “un fenómeno para manejar el vestuario”. Un aspecto novedoso es que “teníamos dos profes, que no era usual para la época. Te segmentaban por grupos. Uno de los profes, Galarza, hoy es coordinador general en Independiente. El profesionalismo del tipo adonde lo llevó”. 

Considera que “podríamos haber llegado al Nacional B. Pero sufrimos el desgaste durante el Argentino A y los recursos empezaron a ser escasos, cuando un jugador tiene familia es muy difícil aguantar”. 

Gracias a Pirucha 
Su siguiente club en la Liga de Tres Arroyos fue Colegiales. “Me trajo Pirucha Bottino, con Toti Figgini. Perdimos la final con Huracán, hicimos una gran campaña. Venían jugadores de Balcarce y estaba los pibes de acá como Leonardi, Cifuentes, Herrera, el zurdito Martínez. Vine sobre la mitad del campeonato; el equipo estaba bien, pensaron que conmigo iban a ganar 4 a 0 y ganábamos 1 a 0”, relata con buen humor. 

Tiene muy presente que “contábamos con camperas, buzos, tres pares de botines cada uno. Un club ordenado, muy buena gente”. 


Una de las formaciones de Ciclista en 1988, el primer año de Javier Villanueva en la institución y en Gonzales Chaves




El amigo Juancho
Como siempre ocurrió, Javier Villanueva volvió a Ciclista y en 1998, se hizo cargo de la dirección técnica su amigo Juancho Vallejos. Comparte una anécdota: “¡Al primer jugador que Juanchi le dice que no va a tener en cuenta es a mí! Con el tiempo lo entendí, me explicó que nos hubiésemos peleado y dejado de ser amigos”. 

En este sentido, reflexiona: “En un momento pensé que era el club era mío y no es así. Uno se toma atribuciones cuando está mucho tiempo en un lugar”. 

En consecuencia, se desempeñó en 1988 en Independencia. “Metimos Preparación, Copa Chaves y el Clausura, perdimos las finales con Huracán. Ahí arrancó Huracán, fue el despegue que años más tarde lo terminó llevando a Primera. Independencia había llevado a Horacio De Pedro, a Martín Giménez que era un tractor, y todos pibes del club. Alfonsín era el técnico”. 

El campeonato siguiente, regresó a Ciclista. “Cuando se fue Juancho Vallejos”, señala y vuelve a sonreír. 


Jugó en las inferiores de Boca de Bariloche. Debutó en Primera a los 14 años




Ultima etapa 
Se retiró, como corresponde, con los colores del globo chavense en 2007; “se estaba por ir al descenso, Daniel Codagnone era el técnico. Me puse a punto físicamente, pero me empecé a lesionar. Estaba bien laboralmente, bien con mi familia, jugué un par de partidos. Nos salvamos de volver a Segunda”. 

En los años previos, además de estar en otros torneos con Ciclista, jugó para Argentino de Benito Juárez; “yo era secretario del Concejo Deliberante. Argentino tenía como manager a Manuel Rodríguez, somos amigos, le dije que no podía correr. Me vine a mitad de campeonato, no estaba para que me puteen”. 

En 2005, Gastón Rivada le pidió colaboración porque San Martín corría el riesgo de bajar a Segunda División. El técnico era Daniel Giordani; “arrancamos muy mal, nos hicieron en cuatro partidos cantidad de goles. Hubo un interinato y entró como DT Daniel Codagnone, con un profe. Hizo un trabajo de quince días, porque justo se había parado el campeonato, y terminamos terceros. Fuimos a la Promoción con Argentino y le ganamos los dos partidos. Estaban el Gallego Del Río, Federico Quiroga, Juan Jara, el Caño Sánchez, en el arco Bocco”. 

Otras campañas, nombres de recordados protagonistas y anécdotas se intercalan en el relato. Con gratitud, señala que “jugué con los mejores de Tandil, Azul, Mar del Plata. Ciclista ha tenido grandes equipos, podríamos haber ganado más campeonatos”. 

Basta simplemente con citar dos casos. “Jorge Izquierdo primero vino a Ciclista y Bottino lo vio. Bochi Abad llegó a Independencia, no le fue bien, y en Ciclista la rompió”, afirma. 

Chaves es la ciudad adoptiva de Javier Villanueva y siente gratitud con el club que lo recibió hace más de 32 años. Su mirada, claro, no deja de estar en el sur. En el barrio Lera de su niñez, en los caseríos de su crianza, en los padres y familia que visita cada vez que puede viajar a Bariloche, allí donde pateó por primera vez una pelota.


En Mataderos de Necochea, plantel que logró ascender al Torneo Argentino A


           

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En el rol de director técnico 


 Tras finalizar su carrera como jugador, Javier Villanueva fue director técnico de Huracán Ciclista. 

En la primera oportunidad, “llegué con un proyecto lindo.  Arrancamos trayendo ocho jugadores, después lo bajamos a tres o cuatro. Pero hay dirigentes que quieren seguir trayendo, postergan a los pibes. No ven que los resultados están también en comprar botines, arreglar la cancha, darle valor agregado”. 

Observa que “los dirigentes, por más que sean amigos, están más en los resultados que en los proyectos. Nosotros tenemos los pibes que trabajan de jornaleros en el campo o son albañiles, no vienen a entrenar y van a laburar a una oficina. Los fuimos formando y se interrumpió, trajeron otro cuerpo técnico, hicieron ocho puntos ese año”. 

Volvieron a llamarlo en 2016. “Me convence mi hijo menor, que juega en Ciclista y es enfermo del club. Lo hicimos enfermo nosotros. Aprendí ahí que el rencor no te ayuda, debes tener memoria, me aguanté a los mismos tipos que habían cortado un proyecto más por una cuestión personal que grupal”. 

Sumaron 33 puntos en 16 partidos, “lo trajimos a Pego, a Ferchu Rodríguez, a quien yo conocía de chiquito. Arrancamos perdiendo 1 a 0, me metieron adentro del vestuario los jugadores, me dijeron acá la culpa es nuestra. Se sinceraron, fueron adultos y así arrancamos a ganar. Logramos también la Copa Chaves definitiva”. Pudo dirigir además al club en el Torneo Federal C. 

En su análisis, expresa que “yo fui dirigente, jugador, entrenador, somos un desastre en muchas decisiones por enfrentamientos particulares. La gente es lo que mantiene vivo el club, es lo mejor que tenemos”. 


El Nacional lo incorporó en 1994. Dice que es un lugar donde recuperó la alegría de jugar al fútbol





Una pasión 
En Bariloche, suele contar que “llegué a un lugar que no solo me dio prestigio, me pagaban y me daban de comer, comía asado todos los días, encima me daban la ropa para entrenar y tenía para bañarme. Si te gusta el fútbol es lo máximo, después siempre querés más”. 

Toda su familia es de Ciclista. “Mi suegro hizo las canchas de bochas, fue un personaje bárbaro. Llegó con los antiguos trenes cargueros a hacer la cosecha, se quedó a vivir”. 

Más allá de su identificación futbolera, deja en claro que “en Independencia me respetaron, la pasé bien”. 

Su compadre es Tato Cejas, quien fue presidente del Ventarrón; “yo soy padrino de la nena de él y él es el padrino de mi hijo más chico. Lo banqué siempre, es un buen tipo”. 

 En sus primeros tiempos en Chaves, solía estar con el padre de Mario Marcelo, a quien con cariño menciona como “el viejo Fruta” y Chiche Paradisi. “Me enseñaron a jugar a la baraja. Yo vine de Buenos Aires y agarraba las cartas al revés. Una vez por semana o cada diez días nos juntábamos a comer”.          



Con Independencia en 1992. Parados: Camino, Bertone, Gómez, López, Del Negro, Brea, Caprile, Avila, Villanueva. Hincados: Neyertz, González, Garda, Cardenas, Baratucci, Quiroga, Domínguez




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