“La gente me dio muchísimo y siempre destaco, valoro y agradezco el apoyo que me dio todo Tres Arroy

Deportes

Informe Especial

Di Nezio: el Angel que llegó del llano para reinar en la montaña

15|12|20 12:04 hs.

Por Jorge López de Ipiña   


Para él, “ser piloto fue algo natural”, porque donde mejor andaba y sacaba a relucir esa magia y habilidad incomparable “era en la montaña, siendo que yo hasta los 16-17 años no tuve idea lo que era”. Por eso, el caso de Angel Esteban Di Nezio es tan especial y significativo, al punto tal que fue una de las piezas clave del equipo Oficial Fiat durante seis temporadas, en un momento donde el TN era hasta más popular e importante que el TC. 

Se abrazó al triunfo en varias provincias de nuestro país, fue dos veces subcampeón argentino absoluto y una vez se coronó como el monarca argentino de la montaña. No en vano se ganó el magnífico apodo “El Angel de la Montaña”; un verdadero poema que resume su arte, el mismo con el cual le peleó metro a metro, segundo a segundo, campeonatos y carreras a leyendas como Carlos Reutemann y Jorge Recalde, por nombrar sólo a dos. 

La prensa especializada de la época no ahorraba elogios para reflejar sus virtudes. “Cuando Di Nezio maneja en la montaña, hay que ponerse de pie”; o la crónica de Revista Corsa en un GP de TC donde fue parte con su Fiat: “Ya nadie esperaba más autos; todos al asado, de lleno. Al rato, allá abajo un ruido de motor alegre que venía con todo, como los bomberos cuando van a un incendio. Era Angel Di Nezio, con la berlina 1600 del equipo Fiat, después de haber cambiado un palier. Con todo lo mucho que El Yeti nos puede mostrar. Fue el más rápido, el mejor, el más agresivo. Enderezó la Pampa de Achala (Córdoba) y fue el mejor broche que se pudo haber tenido en la competencia…”. 



Le pidieron hacer número, estampó el “1” 
Su padre, Tito, “corría en las zonales, pero le gustaba mucho el fútbol; en esa época se organizaban competencias a beneficio del Hospital, Escuelas y entidades de ese tipo; todo era distinto… “Justo un fin de semana que había festival en el Moto Club yo tuve licencia en el servicio militar, que hice en Tandil, y mi padre me pidió que me anotara con su Falcon; ‘para hacer número, pero cuídate mucho’, me dijo. El era presidente de Colegiales y tenían un partido muy importante, pero no quería dejar de apoyar, siempre lo hacía y no deseaba por nada no poner a su auto entre los inscriptos”.

Lo que nunca se imaginó Don Tito fue la puerta que estaba abriendo, la figura que estaba descubriendo, el regalo que le estaba haciendo a la historia del automovilismo tresarroyense, la mejor; y en el plano nacional, una de las más destacadas.

Lo real es que Angel no sólo cumplió el deseo de su padre apoyando al Hospital, sino que también ganó la carrera. “Eso despertó el interés entre los amigos de mi padre, quienes le insistieron para que me comprara un auto”. 


Di Nezio


Con la decisión de competir, su padre que “era muy amigo del Cholo Taraborelli, le pidió si no nos ayudaba a mejorar el auto; Cholo nos mandó a hablar con el Negro José María Granero (quien además fue un destacadísimo arquero de fútbol en Huracán), un gran mecánico”, y ahí nació una increíble y exitosa relación, no sólo deportiva, sino también de vida. 

“El Negro me acompañó durante toda mi campaña como piloto; arrancamos en las zonales, la seguimos en el nivel nacional; hasta formó parte de los mecánicos de Fiat. Era muy bueno, pero nuestro vínculo fue más allá, llegamos a ser muy amigos de verdad, eso se trasladó a una relación familiar; fuimos más que dos compañeros en automovilismo, nos teníamos una gran confianza. El fue un gran sostén en mi campaña”, destacó Angel con orgullo.


Con su mecánico y gran amigo, Juan Granero, en el Fiat 1500 del debut en el TN


Estuvo dos años compitiendo en esas carreras de toda la zona con el Falcon, hasta que su progenitor le adquirió “un verdadero auto de carrera como era aquel Fiat 1500, preparado para el Anexo J; y con ese gané muchas carreras acá, la mayoría te diría”; si algo faltaba, esa compra fue como un gesto profundo y la plena libertad para que sintiera y realizara este deporte con otras posibilidades, confiriéndole además todo el respaldo familiar, porque también su madre Eladia apoyó desde su lugar esta brillante aventura. 


Di Nezio bajando del 1500 que representaba a Tres Arroyos, al terminar la tercera etapa en Tucumán


Ese fue el espaldarazo definitivo, con su calidad vertiendo de la fuente inagotable de sus cualidades naturales. “En 1966 disputé mi primera carrera por el campeonato nacional en Lobos”, y la primera anécdota o hecho real tuvo una dimensión espeluznante. “En esa carrera Reutemann largó último porque se inscribió fuera de término y yo anteúltimo, por ser debutante. Lole ya era un gran piloto y sabía poner los autos a punto como nadie; después de 2 etapas él venía primero y yo segundo, hasta que abandoné por un problema de aceite. Estuve mucho con él, compartimos mucho tiempo; fuimos buenos rivales”, destacó. 

La experiencia con el auto de su “pueblo” fue increíble, con 4 temporadas bárbaras “donde nos medimos contra todas las figuras. Nosotros siempre tuvimos un respaldo y apoyo bárbaro en la ciudad; a todo taller que íbamos recibíamos apoyo. Ya sea escapes, radiadores, gomería, siempre nos lo hacían todo sin costo; nos apoyaban muchísimo. Y Roberto Bottino, que me ayudó bastante, en una época armó un equipo donde corrían Moller, de Chaves, y el doctor Eduardo Cansado; es una historia muy linda, tantos recuerdos” acotó con un dejo de nostalgia en esa voz que siempre suena firme y segura. “Con Eduardo ganamos en General Roca una carrera de 3 horas, fue muy lindo”, destacó. 



Correr, representando a su ciudad, la misma que tanto lo apoyó, no fue un hecho sorpresivo para Di Nezio, porque “ciudades como Tres Arroyos, siempre apoyó a sus pilotos, se encolumnó detrás nuestro, la gente fue un sostén y a modo de gratitud, yo siempre traté de retribuir ese acompañamiento dándole trabajo a esa gente”, afirmó. 

Se hace Oficial 
En 1970, el equipo Fiat lo invitó para reemplazar al Chango Fernandino que estaba corriendo en el TC. “Fiat hacía un año y medio que no ganaba, la disputa con Peugeot se le había puesto cuesta arriba”. 

Y la presentación del Yeti no pudo haber sido mejor, en Capilla del Monte, Córdoba, y sorprendiendo a todos, el tresarroyense le devolvió a la escuadra de orígenes italianos el sabor del triunfo. ”Después vino un Gran Premio y Fiat me ofreció ser parte del equipo pero con mi propio auto; ellos lo pusieron como a sus unidades, incluso mi padre y Granero fueron a trabajar al taller; ahí se formó una gran relación”, valoró. 


Con el Fiat 1600 de costado dominando el pelotón. Di Nezio siempre tuvo un agresivo y eficaz manejo


Los resultados cosechados con su equipo particular, donde ganó varias carreras, fue lo que abrió los ojos de las grandes escuadras. En esa época, el tresarroyense se mezclaba y disputaba carreras con los ídolos del TC como Di Palma, Bordeu, Perkins, “era una camada importante, porque también estaban Recalde, Copello, Carmolagno, Rodríguez Canedo, Paco Mayorga, Garro; verdaderas figuras. Lo que pasa que en ese momento el Turismo Anexo J era más importante que el TC”; un dato que reafirman esos dichos es que las revistas como Corsa u otras especializadas les dedicaban 4-5 páginas contra 2 del TC.

“Nosotros corríamos por toda la Argentina, íbamos a todas las provincias; corríamos tanto en autódromos, como montaña o ruta con el mismo auto, sólo se le cambiaba algún amortiguador, nada más. Y en esa época las carreras eran de principio a fin, sin neutralización, nada. Si teníamos que correr 400 kilómetros, se hacían de una. En los GP cubríamos 4, 5, 6 mil kilómetros en 5, 6 ó 7 etapas sin neutralizaciones; pasábamos por medio de los pueblitos a velocidad de carrera. Hemos hecho etapas de 1100 kilómetros, donde sólo parábamos para cargar nafta y cambiar neumáticos, pero todo en carrera. Incluso un GP largamos en Tucumán, pasamos por Bolivia y llegamos hasta Brasil para volver”. 

Y ni hablar de la calidad de los caminos, “nada que ver con lo que es ahora, los GP se hacían casi siempre en el Norte y era en la montaña, ripio, pero muy trabados, en mal estado”. 

En este punto, a Di Nezio ser piloto oficial le cambió el panorama. “Cuando corríamos de forma particular no hacíamos hoja de ruta ni recorrido previo; íbamos a lo que salía. Ahora en Fiat hacíamos todo bien; cambió totalmente, teníamos un avión con comunicación con cada auto, equipos de apoyo, nada que ver, nos cambió la vida. Parábamos en los mejores hoteles, viajábamos a las carreras en avión; tanto Fiat como Peugeot no sólo tenían su equipo oficial, sino que también tenían otro semioficial”, reconoció sobre una de las rivalidades históricas del automovilismo argentino, hoy en día comparable con lo que es Ford-Chevrolet en el TC. 

Calidad pura 
Al gran Angel siempre le gustó “tener un auto neutro, que no se fuera ni de cola ni de trompa; mi estilo era el de cruzar el auto antes de la curva”, así armó ese particular manejo tan “agresivo en la montaña”, lo cual no sólo le permitió ganar carreras y ser campeón argentino de la montaña, sino que también le valió un apodo épico, casi un sello distintivo que lleva durante toda su vida como “El Angel de la Montaña”. 



Desde Comodoro Rivadavia hasta Jujuy; Di Nezio anduvo corriendo con el Turismo por todo el país. “Cada provincia tenía sus carreras; cada lugar tenía su particularidad en los caminos”, y ahí el tresarroyense se sentía cómodo, sacaba lo mejor. “Siempre me gustó andar en la montaña, y con el apoyo oficial era más fácil. Yo era un piloto que decidía en el momento; era algo normal, natural, me gustaba. Para mí siempre fue un viaje rápido, nada más; cada carrera era eso, un viaje rápido… Por mejorar un puesto, yo nunca anduve exigido ni más rápido de lo que debía; creo que siempre logré tener el control del auto, entiendo que mi adaptación al ripio fue por haber andado mucho en el barro cuando de chico aprendí a manejar en el campo de mi familia, en Zubiaurre, Coronel Dorrego, donde tenía que llevarlo, adaptarme a lo que hacía el auto”, destacó. 

Momentos 
Las 6 temporadas en Fiat fueron especiales, y a la hora de buscar su mejor año, Di Nezio encuentra en 1973 y 1974 sus puntos más altos, donde perdió los títulos tras haber llegado a la última fecha como líder del torneo, siendo en ambos subcampeón, temporadas en las que reinaron Paco Mayorga y Jorge Recalde. “En 1974 conseguí el título de campeón de la montaña; estaba el torneo general y paralelamente el de la montaña. Fue el premio a un gran año; aunque por suerte la regularidad me acompañó siempre”, valoró. 


Festejando el triunfo en Córdoba. Di Nezio es llevado en andas camino al Hotel Mon Petit de Villa Carlos Paz. Entre ellos aparece su padre Tito


Ese TN mezclaba ripio con asfalto, caminos abiertos con autódromos, y pruebas de larga duración. “Estaban las de 12, 24 horas; la última del año era así, con dos pilotos. A mí esa exigencia no me costaba, cada dos horas cambiábamos de pilotos, si podía dormía un ratito sino, no había problema”. 


23 de agosto de 1974. Bottino le hace entrega de un presente al gran Di Nezio


Precisamente estas fueron las dos carreras donde Di Nezio perdió los campeonatos del 73 y 74; “un año corrí con Fernandino, se nos rompió el embrague y tuvimos que parar; otra vez corriendo con Cacho Fangio se nos trabó una pastilla de frenos y estuve 15 vueltas parado en boxes; después fuimos rapidísimos, recuperamos mucho pero llegamos cuartos. Eran muy lindas carreras; en unas 12 horas en el Gálvez salimos segundos con Cocho López, todo un personaje, pero un muy buen tipo; tenía otro perfil, muy extrovertido, iba de radio en radio, con las cámaras de televisión; pero un gran piloto de pista y de ruta lo mismo. Hizo una gran dupla con Mayorga”, reconoció Angel. 

El Desafío de los Valientes reunía a los mejores exponentes del automovilismo argentino en su totalidad y Di Nezio fue partícipe primero con el 1600, donde terminó segundo de Rodríguez Canedo; después lo hizo con el 125 y 128; para completar su presencia en 1983 cuando Fiat lanzó al mercado el Regata. 


Ganador del GP del 73. Ese año y el 74 finalizaría subcampeón


Un adiós injusto 
Transitando su sexta temporada en Fiat, Di Nezio comenzó a analizar seriamente su retiro. “En el último GP del 75 le pedí a mi jefe de equipo, si yo tenía la oportunidad de ganar, que me dejara ganar. Pero vino una orden de la Comisión de Concesionarios que debía triunfar Ricardo Zunino (posteriormente piloto de F1); su hermano presidía esa comisión. Tuve que dejarlo ganar; en dos etapas tuve que parar para esperarlo y que llegara primero; después tuve que correr detrás de él sólo para apoyarlo. Así y todo, me ganó apenas por 40 segundos; y eso que yo paré dos veces; así que imagínese la ventaja que le llevaba”, recordó. 

Pero si hubo una orden de equipo, hubo alguien que con altura la acató respetando las reglas de la escuadra, es lo primero que se me viene a la cabeza. “Seguramente; pero yo corría de acompañante con uno de los mecánicos del equipo, a quien le habían dado la orden que si yo pretendía ganar me parara el auto, que me arrancara los cambios; por eso me fui…”. 

Esa tensa e injusta situación fue más allá, porque entre medio apareció la relación entre piloto y mecánico. “Había una amistad grande entre todos, convivíamos bien; nos habíamos hecho casi amigos”, resaltó Di Nezio dándole un valor supremo a la palabra ‘amigos’. Por eso es que “yo no podía poner en riesgo que al mecánico lo echaran de su trabajo, yo siempre estuve seguro que él no me iba a parar el auto, no me lo iba a hacer; pero no podía dejarlo sin trabajo. Fue una situación muy fea, que terminó acelerando mi retiro”. 

Desvinculado de Fiat pero no de la pasión, en Tres Arroyos volvieron a armar un auto; “corrimos un año más y ahí ya dejamos todo” lo que era el TN. 

La cultura del trabajo
El Yeti siempre le dio más importancia al trabajo que al deporte. “Siempre lo entendí así; por ejemplo, si a mí se me rompía el auto y abandonaba, en Salta, por decir un lugar, yo me tomaba el avión y me volvía al campo; no me quedaba con el equipo y disfrutaba la carrera, regresaba a trabajar. Siempre entendí que lo importante era el trabajo; arranqué de muy chico, andando en los tractores, haciendo de todo. Cuando regresé del Servicio Militar mi padre me apoyó y arrendé un campo por cuenta propia también en la zona de Zubiaurre, porque había que trabajar”, certificó. 

Quizás por ello fue que no le gustó “tanto estudiar. La Primaria la hice en el Colegio Jesús Adolescente y arranqué el Secundario en el Industrial, pero no me gustaba, por lo cual no lo terminé; antes, a los 16 años, me fui al campo. Eso es algo que aún me gusta y lo sigo haciendo con placer”, confesó. 

La época del TC 
Tras unos años de inactividad, el entusiasmo y las ganas de sus amigos le devolvieron el placer por correr. A Tony Aventín le compraron el Ford Falcon tras armar una sociedad entre Granero, Juan Duhalde, Alberto Vizzolini, Carlos Di Rocco, Roberto Aiello y el propio Di Nezio. Después se formó un grupo de apoyo, la pasión volvió a ganar las calles de la ciudad en una época donde Eduardo Marcos y Diego Vassolo también eras figuras del TC.

“Como no podía ser de otra manera, el Negro Granero se encargó de todo. El taller estuvo ubicado primero en la calle Quintana y luego en la avenida Belgrano teníamos chapistas, electricistas, todo lo que necesitábamos lo teníamos en gente que nos ayudaba, trabajaba ad honórem”, valoró. 


El Falcon TC n° 125 adquirido por un grupo de amigos que le permitió volver a correr


Pese a ser rutas abiertas, a Di Nezio manejar el TC no lo completó tanto como el TN. “Era todo asfalto, al haber chicanas donde tenías que bajar de 240/250 a 50 km/h para doblar; eran vitales los frenos. Los que tenían dinero usaban los importados, pero la mayoría no los teníamos y se generaba una gran diferencia. Había un buen potencial, pero por una cosa u otra no lográbamos a completar, a redondear. En Balcarce hicimos el récord de vuelta, pero siempre faltaba algo; quizás no supimos manejar bien el tema de las relaciones en la transmisión. Pero bueno, éramos nuevos, fuimos haciendo experiencia desde el entusiasmo, las ganas y la gran pasión que le puso la gente. Nada fue sencillo, máxime con el presupuesto que uno podía manejar, nada comparable con los autos de punta”, confesó. 

Como en los equipos del interior, todo “era difícil, nosotros lo hacíamos después de hora, entre amigos, y competíamos contra gente que tenía especialistas para todos. De todas maneras andábamos cerca, estuvimos peleando adelante, hicimos podio en el debut de Necochea en 1984, nos posicionamos muchas veces entre los 10 primeros pero nunca pudimos ganar una carrera”, lamentó. 


En el Galvez. En una carrera de larga duración del 73´


Después corrió con el Dodge de Di Fonzo, “que andaba muy rápido, era muy lindo auto, llegamos a pelear la punta en algunas carreras. Nelson fue un gran preparador y como persona, excelentísimo. Tres Arroyos tuvo siempre grandes preparadores; Rosendo Pedro fue otro”, enfatizó. 

Su última carrera fue en Olavarría con un Falcon de Di Fonzo. “Lo tenía listo Nelson y me lo ofreció para esa carrera; abandonamos por un problemita mecánico. Nelson me apoyó siempre, desde mis inicios, me hizo cada rectificación sin cobrarme un peso; sabía mucho, sus motores eran de los mejores de la época”, recalcó. 


Con el Falcon saliendo a la pista en el Autómodromo de Buenos Aires


En la charla y a cada momento, Di Nezio me dejó en claro varias cosas. Que no es una persona de ‘regalar palabras’ que ‘ejerce la práctica del respeto constantemente’; ‘se siente representado por su bajo perfil’, que ‘ama el trabajo como a la familia’ y que ‘es un eterno agradecido’.

Imagen 14

“La gente me dio muchísimo y por eso siempre destaco, valoro y agradezco el apoyo que me dio todo Tres Arroyos. Especialmente al Negro Granero que estuvo a mi lado siempre; a Di Fonzo lo mismo. A todos mis socios en la compra de aquel Ford de TC y que, lamentablemente, ya han fallecido; a sus familias les quiero agradecer. Trabajábamos hasta pasada la medianoche después de comer algo, todos los días, esas reuniones eran hermosas; ese romanticismo se ha pedido bastante, sobrevive en las zonales; aquel era el verdadero automovilismo de los pueblos que disfrutábamos todos”, confesó.  

   -0-0-0-0-0-0-0-0-

Su madre lo hizo ganador 
El apoyo de su madre Eladia Fernández fue notable y constante. “En la época que hacíamos el Fiat en el taller de casa, donde armamos una fosa, ella todas las noches se encargada de organizar la picadita, de preparar algún sándwich o algo de comer; estaba atenta a nosotros siempre”, recordó con placer Angel. 

Esa relación se prolongó en los viajes, ya que sus progenitores lo acompañaban a cada carrera: su padre compartía el equipo o andaba cerquita del auto, y su mamá “armaba algún viaje con sus amigas o el resto de la familia y aprovechaba a ver la carrera y pasear”.

Pero uno de los hechos más significativos y emotivos en la campaña deportiva del Yeti estuvo dado en La Vuelta del Noroeste, la primera vez que terminaba en Tucumán, cuando Eladia fue a la llegada, “y propio de las mujeres comenzó a hablar con uno y otro hasta que desde la organización le ofrecieron la bandera para que me la bajara a mí, que venía ganando”; la emoción perdura en el tiempo, porque si bien han pasado casi 50 años de eso, Angel se conmueve al contarlo, valora orgulloso la foto que atesora de ese preciso momento, y vuelve a repetir su eterno agradecimiento “a toda mi familia”.  

   -0-0-0-0-0-0-0-0-

Los autos
Arrancó con un Ford Falcon casi standard de su padre; luego llegó la cupé “Fiat 1500 que tenía una preparación importante, en el año 66-67 llegábamos a andar a 200 km/h. Eran verdaderos autitos de carrera, hermosos”, destacó con gozo. 


Di Nezio, Fernandino, Fangio y Zunino


“Tenían 2 carburadores, caja de quinta, como se dice pura sangre; se usaba nafta de avión de 130-145 octanos que nosotros íbamos a lo de Petrazzini a buscar, tenían una gran combustión; y las gomas eran las Michelin. Después cuando pasamos a los 1600 y 125, con los cuales gané la mayoría de mis carreras, que también eran importantes por tener motor con doble árbol de levas a la cabeza, ya era TN y no tenían tanta preparación, y calzábamos las gomas que traían los autos de fábrica. Recuerdo que en un GP que largamos en Santa Rosa, en una etapa yo desbandé 3 gomas”. También corrió con Ford y Dodge en TC, y fue partícipe en Mar y Sierras.