García festeja el gol a Argentinos Juniors que dejaba a Huracán cerca de luchar por el ascenso a Pri

Deportes

Claudio “Novillo” García

El Señor de los Goles

22|12|20 11:51 hs.

Por Jorge López de Ipiña   


El gol tiene con el fútbol una relación estrecha, bella, pasional. Las emociones, alegrías, triunfos, títulos y hasta tristezas, llegan junto al grito de un gol. La dimensión de muchas cosas se da en función al gol; el valor o grandeza a veces se mide por la cantidad de goles. 

Entonces, si nos paramos frente a la trayectoria de Claudio el “Novillo” García, el mismo que con sus más de 300 tantos se convirtió en el goleador histórico de Huracán de Tres Arroyos; ese que se acercó a las 400 conquistas si sumamos todos los clubes por los que pasó, sólo podremos magnificar su campaña y reconocerlo letra por letra como El Señor de los Goles. 



Pero Claudio fue más que el simple gol, fue el líder de un equipo que desde nuestra ciudad llegó a Primera División; fue el portador de repetidas alegrías, el mismo jugador que no paró de sorprendernos y al que la gente no dejó de admirar. Porque también fue el máximo goleador de la B Nacional desde 2001 a estos días, o el que aquel 6 de noviembre de 1994 por el Torneo del Interior le hizo 6 goles a Alumni Azuleño en el Bottino…

Claudio García nació en Necochea, y como su padre era empleado de campo, prontamente se fue a vivir a Energía. “Era el laburo del viejo, viví unos 15 años entre Energía y el campo; así pasé mi adolescencia. Alcancé a jugar un tiempo en un pueblito llamado Santamarina, que está cerquita, pero ya con 15-16 años estaba enfocado en el fútbol de Necochea, viajaba mucho...” recordó. 

La primaria la desarrolló en la Escuela 26 de Energía. El secundario fue un poco más complicado, “iba al nocturno, no pude terminarlo; después fui al Liceo Naval, quería hacer carrera ahí, pero cuando me enfoqué en el fútbol todo cambió”, confesó. 


Y un día Claudio volvió a su casa. El Novillo García, que se mantiene físicamente como cuando lucía la "9", adelantó el viaje a su tierra natal para pasar las fiestas con su familia y ayer lunes, bien tempranito, se dio una vuelta por su querido Huracán.


Si bien en Huracán de Necochea rápidamente tuvo alguna oportunidad en Primera, Claudio destacó dos aspectos vitales para el desarrollo de su vida deportiva: jugar de chico con su padre y Alumni de Orense. “Con 14 años me prendía a jugar en Energía con mi padre en esos equipos que disputaban cuadrangulares con rivales de la zona; siempre con gente grande; después me resultaba cómodo hacerlo en mi categoría. En Huracán comencé a recibir la educación o formación de un futbolista; pero un día llegó un amigo de la familia, Carlitos Laitán, quien me propuso llevarme a Alumni de Orense. Lo hablamos con mi padre y dije ‘vamos a hacerle caso a este loco’”, el primer paso en la gran campaña estaba dado... 


En su paso por Alumni de Orense, de donde le quedó un hermoso recuerdo deportivo y humano


Su prueba fue “en un amistoso ante la cuarta de San Lorenzo que estaba haciendo pretemporada en Reta. Viajamos hasta allá, creo que jugué bien; cuando volvimos a Orense, Carlitos (Laitán) me dijo, ‘queremos que te quedes a jugar con nosotros’. Eso me ilusionó, me hizo sentir que podía ser futbolista, me dio confianza. Y en el ‘88 me fui a Orense, y de todo ese tiempo que viví allí tengo recuerdos hermosos, me trataron de maravilla; en esos dos años y medio fui uno más del lugar, viviendo en el club; nunca me olvido de toda esa gente hermosa”, dijo desde el corazón.

Después llegó el paso por San Martín de Chaves “se hizo un lindo equipo, y cuando regresamos apareció Roberto Bottino queriéndose llevar a Ochoa y a Vega, a mí no me fue a buscar, yo no era su prioridad. Pero le respondieron ‘o van los 3 o no va ninguno’; y así apareció Claudio en la negociación”, recordó con alguna sonrisa, porque con esa imposición cambiaron el destino…

“Era llegar a lo máximo; llegar a Huracán era jugar en las ‘grandes ligas’. No dudo que Quilmes, Boca, El Nacional, siempre tuvieron equipos muy competitivos, pero el Globo siempre fue especial en una liga increíble, donde todos los jugadores querían venir, se pagaba un dineral, la gente llenaba las canchas; y todo gracias a los dirigentes”, acreditó. 

Es que García jugó en cada uno de esos clubes, tuvo un paso vistiendo cada una de esas camisetas, y en todos dejó su huella. “Eran fantásticos esos dirigentes, esas personas; sentarse a hablar con ellos daba placer”. 

Pese a todos los “galardones” que llegaron con el paso del tiempo, no se puede obviar que al Novillo no le fue fácil la adaptación a Huracán. “Sin dudas, todo era distinto; fue llegar a la elite, me costó adaptarme pero era lógico. Tenía nombres importantes adelante como Di Luca o Bermegui, ni más ni menos, pero nunca me entregué. Había que trabajar, mirar, aprender y esperar la oportunidad, y cuando llegó, aprovecharla. Yo siempre fui fuerte de la cabeza; irme con 18 años de mi casa me fue formando; estar solo tanto tiempo me fortaleció”, confesó. 

Otros clubes 
El Novillo, además de ser el máximo goleador en la historia de Huracán es uno de los jugadores que más títulos oficiales ha ganado; pero entre tantas buenas campañas y momentos de éxito, Claudio mostró su categoría en otros clubes. “Cuando con Huracán no avanzábamos en el Regional, Roberto (Bottino) me daba la oportunidad de ir a otro lado; yo tenía la anteúltima palabra, él siempre tenía la última…” destacó con una sonrisa. 

“Mi primera salida fue a Ferro de Olavarría en 1991 por una temporada; hicimos una campaña fantástica, perdimos en semifinales ante Alvarado. Era un gran equipo que desplegó un gran juego; hoy en día es recordada esa campaña y yo tuve la suerte de ser el goleador del campeonato” recordó. 


Ganador del Círculo de Bronce, año 2000


También vistió camisetas como la de El Nacional, Quilmes y Boca, los máximos rivales del Globo. Y en todos esos lugares García fue respetado, se sintió cómodo. “Totalmente; cuando Roberto me comentó que a través de dos grandes personas como Fontán y Amestoy, Quilmes me había pedido para el Regional, y me preguntó qué iba a hacer le dije ‘voy a ir, yo represento a Tres Arroyos; si Quilmes me necesita para representar a esta ciudad y si usted está de acuerdo, yo voy’. Y fui a la cancha de Quilmes y me sentí como si ahí hubiese estado toda la vida; yo tenía esa capacidad que cuando entraba a un campo de juego era otro, podía tener un millón de problemas afuera pero me ponía la camiseta y me transformaba. Nunca tuve inconvenientes, me sentí cómodo, respaldado, muy respetado; en Boca con Roberto Colombini que tenía a Coria como entrenador, lo mismo; también en El Nacional de Abad”. 

En el 92 llegó el turno de ir a Ramón Santamarina de Tandil; “muy parecido a lo de Ferro. Me daban todo lo que les pedí, estaba feliz. En esa época, Hugo Fernández, un gran amigo, me ayudaba mucho con el tema de pases y demás, siempre me apoyó en todo. Recuerdo que me dijo si no me parecía extraño que no me dijeran que ‘no’ a nada, que aceptaran todo. Y Hugo tuvo razón, fui por un año y en Tandil sólo me pagaron los primeros 3 meses; otra experiencia con sólo 22 años…” 

Para Claudio, volver a Huracán no era un problema; todo lo contrario. Renacía el placer de volver a su casa, potenciaba su identificación con el club y elevaba el prestigio. “Siempre; yo me identifiqué muy rápido con Huracán, porque vivir en el club a vos te fortalece esa identidad. Estás con la gente del lugar; en aquel momento pasaba mucho tiempo con Adolfo Luna, vas conociendo cada historia, cada rincón, te sentís parte de todo eso. Y cada vez más, cada día un poquito más. Yo recorría cada lugar, las canchas de tenis, bochas, iba a ver básquet, a las divisiones menores. Huracán es mi casa, mi primera casa, porque mi segunda casa es la que tengo en Necochea” dijo con orgullo. 


Claudio y una vieja y querida costumbre, festejando un gol de su amado Huracán con las tribunas colmadas


“Hace unos años que no voy, espero poder hacerlo ahora, en fin de año; y voy a entrar por la puerta grande o lo haré por la puerta chica del costado, me resulta indistinto porque es mi lugar, es mi club; me dio todo y le di todo. El respeto y el amor por Huracán es sagrado; estoy a mucha distancia pero la relación y el vínculo sigue vivo, intacto, no me olvido nada. Charlo y Huracán está conmigo; camino y la sede está en mí”, dijo conmovido. 

Su experiencia en España 
Su perfil de buscar nuevos desafíos tuvo entre el 95 y 97 dos nuevas y exitosas oportunidades como fueron Aldosivi de Mar del Plata y Brown de Arrecifes. Esto previo a la particular experiencia de España. “En Huracán conocí a Ramón Hansen Krogh, quien tenía a su hijo Andrés viviendo en España. Así se produjo el contacto, lo hablamos con Franklin y Roberto. Le dije ¿vamos?, y Franklin me acompañó, como siempre; increíble. Llegamos al Club Ciudad de Murcia, que estaba en Tercera, y el dirigente que manejaba todo era amigo de Andrés; me probaron, todo bien y cuando me instalé, quedé bien ubicado y me vio que yo estaba a gusto, Franklin se volvió. Al mes, este dirigente (hoy en el Granada) me habló que había una oportunidad para ir al Jaén, Andalucía, que estaba en Segunda. Me probaron, firmé contrato por 6 meses para reemplazar al paraguayo Carlos Torres (ex Racing) que estaba lesionado; me costó adaptarme, no jugué tanto, y cuando se cumplió el contrato me fui. Surgieron otras oportunidades de seguir en España pero ahí tomé la decisión de volverme a Argentina; en el tiempo que estuve allá aprendí muchísimo, todo lo que no había aprendido en Argentina; me corrigieron todos los vicios. En ese momento no sabía si estaba haciendo bien o no en venirme, pero era una decisión tomada y la iba a cumplir. Volví a casa”, rubricó. 


En España, con la camiseta del Jaén


Sin saberlo, en ese momento García estaba tomando una de las mejores decisiones deportivas de su vida. Pegó la vuelta y se reinsertó en el Globo que se preparaba para su mejor vuelo…     

Listo para el gran salto
Toda su vida pareció ser una formación, un excelente proceso para el momento culmine y sagrado en la carrera no sólo del Novillo, sino también de Huracán y del deporte tresarroyense. Según el goleador, el Globo ya había comenzado este megaproyecto del ’98 con aquel equipo de Barberón en el 95, “donde quedamos eliminados ante Brown de Arrecifes; ese fue nuestro primer paso importante con un buen equipo. Hasta que llegó lo del 98, donde el final fue maravilloso, pero el proceso mucho mejor” destacó convencido.

La liga local “era muy fuerte, nos reforzamos con jugadores de ahí, fuimos agarrando confianza, se trabajó bien con (Hugo) Tenaglia, en la parte física con (Ceferino) Domínguez estábamos bárbaro. Éramos un equipo competitivo aunque no había tanta diferencia con los rivales de la zona. En Punta Alta dimos una gran prueba, pero aquel equipo siempre estuvo obligado a ganar fuera de casa y lo hizo; cuando necesitó un poquito más esa formación lo dio; nos fuimos superando, el progreso fue constante. Y jugar en nuestra cancha nos fortalecía”, al punto de transformarlo en un gran bastión del proceso por ser una fortaleza impenetrable. 

“Y se nos fue dando todo; los triunfos, creció la confianza, la gente apoyó cada vez más y jugar a cancha llena pasó a ser frecuente. Ese Huracán era agresivo, constante, atacaba, convertía, no le hacían muchos goles; tuvimos altos porcentajes de efectividad. Los rivales pasaron, creció la exigencia pero nosotros fuimos para adelante, nos obligó a crecer, y respondimos. Hasta nos acostumbramos a ganar, que no es fácil”, destacó. 

Este desarrollo arrancó con una base, y uno de los grandes aciertos fue que al cierre de cada temporada se la reforzaba en algún puesto específico, necesario. “Eso fue lo más importante que hizo el club en este proceso desde el Argentino B, pasando por el Argentino A y llegando a la B Nacional, y ahí paramos” entendió en una mirada crítica.

“Tras cada exigencia se retocó el equipo con 2 o 3 jugadores. Todo lleva mucho tiempo de trabajo, y ahí yo destaco la decisión de los dirigentes, bah, de Roberto porque era un adelantado a todos, que fue viendo los puestos donde podíamos conseguir un poquito más. Eso permitió que el 80% del equipo fuera el mismo, con una confianza y un andamiaje elevadísimo”. 

En medio de todo eso había un vestuario que asimilaba los cambios, que unía fuerzas pero que también pudo quedar expuesto a las dificultades que a veces genera el éxito. “Acá no sucedió, ese era un equipo ganador, con jugadores que querían seguir progresando, que estaban bien pagos, donde la mayoría estaba con su familia y bien, cómodos, tranquilos. Todos defendíamos eso en el campo de juego. Había diferencias lógicas de cualquier vestuario, pero había gente grande, inteligente y eso nos daba un buen diálogo; nuestro vestuario siempre fue claro, algo que aprendí con grandes compañeros como Eugenio Domínguez, por ejemplo, que dejaban el corazón y el alma, y exigían lo mismo”.         

Se hablaba del Globo 
Ganar en los Argentinos A y B, después en la B Nacional, portando la bandera de un fútbol puro, sano, hizo al país hablar de aquel equipo. “Lo sabíamos, éramos conocidos en cada lugar del país al que fuimos; es que había buenos jugadores y siempre miramos para el arco de enfrente, respetamos el buen juego. Les resultaba difícil controlarnos, pero también ofrecimos consistencia en toda la cancha”, valoró.

Ascender a la B Nacional pareció en aquel momento un hecho épico. En la victoria ante Cultural de La Pampa, que selló el pase, el Bottino fue una verdadera fiesta. “Sin dudas, pero creo que fue la rúbrica del triunfo, porque para mí el ascenso lo conseguimos en Ben-Hur, aquel partido fue decisivo. Ante los pampeanos, con 8000 personas en la cancha, nuestra bien entendida confianza a pleno y el nivel de rendimiento a tope, ascender era una lógica consecuencia”. 

Y en ese 2-0 su presencia en el marcador no podía faltar, porque estuvo siempre el Claudio García goleador diciendo presente; con casi 40 tantos convertidos en el Argentino B (promedio mayor a 1 por juego) y más de 50 en el A.

El habló, y con pleno fundamento, de la estructura y juego del equipo, pero resulta imposible no destacar lo que él hizo, goles de todos los tipos y color; cuando Huracán armaba los ataques para sus definiciones, García convertía; cuando Huracán requería de algo más, García convertía. Cuando Huracán se veía en apremios y necesitaba algún respiro, García convertía. En síntesis, García le hizo goles a todos… 

Y llegó el segundo escalón del fútbol argentino. “Se respetó la idea, más allá que hubo un cambio de cuerpo técnico, se trajeron algunos refuerzos como Nicotra, Natalicchio, Squadrone, mantuvimos la identidad; en el primer torneo había 7 descensos y nosotros mantuvimos la categoría con autoridad; en el 2002 jugamos la Promoción ante Lanús y no se nos dio (1-2 en la ida y 1-1 en la revancha, con ambos goles del albo anotados por el Novillo). Era otro nivel, el trabajo durísimo, me castigaba contra defensores muy duros”, pero con su inteligencia y timing para las pelotas paradas, la sensibilidad en el juego aéreo y su tremenda visión y habilidad para moverse en el área (su espacio, como él dijo) y buscar la definición, alcanzó más de 70 goles con un promedio de casi 0,50 por partido.         


Con el Chavo Anzarda, uno de los mejores técnicos que tuvo y a quien más respetó


Rafaela, la tierra prometida 
En Rafaela, Santa Fe, primero fue Ben-Hur (en 2001) quien marcó el camino directo a la B Nacional, y en 2004 fue Atlético el que abrió las puertas del coliseo para que los magníficos guerreros tresarroyenses se bañaran de gloria con el inolvidable ascenso, hecho realidad aquel imborrable 4 de julio. “Parece mentira que la misma tierra nos regaló tanto; el equipo pasó por muchísimas cosas y estuvo a la altura. El fútbol tenía que premiar a un equipo y premió a Huracán. Veníamos golpeados tras perder por penales la definición con Almagro; 4 días después arrancamos esa Promoción en Mar del Plata, ganamos por un resultado corto (2-1 con goles de él y Miralles) jugando bien y mereciendo más, pero nos estimuló para definir de visitante ante un equipo de Primera y su gente. Pero no fuimos especulativos, respetamos nuestra idea, veneramos nuestro sentir e identidad; y por eso el fútbol nos premió merecidamente”. 


Así sufrió García la derrota por penales ante Almagro, que prolongó el ascenso del globo a Primera



Sobre el techo del micro celebrando el ascenso a Primera, ante una multitud que salió a las calles a recibir a Huracán


En medio de tanta euforia, y siempre por estar un paso adelantado a todos, García ‘cayó a tierra y se dio cuenta de lo conseguido’ ni bien terminó el partido. “En el vestuario me di cuenta de lo que venía, pero los dirigentes no lo hicieron. Y se lo dije al presidente Alberto Rossi; después viene la otra etapa, el proceso erróneo, donde se hizo todo al revés, porque aquellos resultados fueron consecuencias del trabajo no de la casualidad. Y en Primera se hizo todo mal, como futbolista asumo mi parte, pero el dirigente tuvo sus responsabilidades. Esto lo digo ahora porque ya se los dije en la cara a los 10’ del ascenso, mis diferencias fueron marcadas. ‘Lo que vamos a jugar es otra historia’ remarqué, entiendo que se les vino una bomba, pero futbolísticamente yo sabía lo que había que hacer; pero hicieron todo lo contrario, había que tomar medidas donde se debía dejar el corazón de lado y no se hizo. Y yo me puse en ese cuestionamiento, les pregunté cómo podían saber que Claudio García, que venía de hacer una pila de goles en la B Nacional, les iba a rendir en Primera; había que armar un equipo para Primera División. Y no se armó; lamentablemente, el tiempo me dio la razón…” 

Siendo competitivo al máximo, Claudio no alcanzó a disfrutar a pleno haber jugado en Primera, más allá de haber quedado como un hecho histórico y valioso en su carrera. “Disfruté, sí, haber jugado en la Bombonera, también contra River y todos los grandes, pero cuando entraba a la cancha necesitaba expresarme, que a mi equipo le fuera bien; a mí me dolió no haber sostenido la categoría, y el golpe de descender afectó en todo sentido, desgastó desde todos los aspectos, y el rumbo no se pudo recomponer más…” 


García en la Bombonera, ante Boca, el club del que es hincha. Esa tarde el globo le dio un gran susto al xeneize


En Rafaela casi que ni festejó porque ya pensaba en el futuro; el desahogo emocional sí se dio cuando la delegación llegó a Tres Arroyos en la mañana gélida del 5 de julio. “El ascenso era nuestro, del público, de la ciudad, de todos; ver la felicidad de la gente es lo más lindo que te puede pasar. Que llegáramos y Tres Arroyos saliera a las calles a recibirnos fue hermoso; con el tiempo se nos sigue reconociendo”, destacó.    

Siempre rindió 
García tuvo una campaña con una regularidad notable, sus 325 goles en 425 partidos dan un promedio de 0,67 por partido, como dicen las estadísticas nacionales. Para él, el tiempo no pasaba, o mejor dicho, parecía pasar para bien; al hablar de su mejor momento, el Novillo reconoció que la B Nacional le sentía muy bien. “Yo estaba pleno, me sentía bien, fuerte, efectivo, era respetado, hasta por los rivales. La primera parte de nuestro proceso ante los equipos de Bahía y la provincia también fue buena, estaba muy bien”, analizó. 


Dupla histórica y llena de calidad. Franklin Martínez y Claudio García. Amigos de la vida, compadres del fútbol


Esta es una descripción muy precisa para un García que cerró una parte de esa etapa. “Pasó y es lo importante, quedó lo conseguido, sé que está guardadito ahí pero en lo persona yo no guardé tantas precisiones como para decirte de aquel gol de 20 metros o el otro de 80…” (aunque quién no recuerda ese gol que le hizo en la vieja cancha de Estudiantes de La Plata a Everton, desde mitad de cancha) destacó desde la su esencia personal en aquello que lo importante era ganar, que “hacía goles para el equipo, no para mí”, que su club progresara, porque Huracán y sus compañeros fueron todo para él. 

Sí resaltó una vez más los amigos que conquistó, la relación que sigue fértil con “Franklin, Eugenio, Nino Godoy, siempre están ahí; Carlitos Morán y toda su familia, porque para mí Carlitos es como mi hermano mayor, de hecho es el padrino de mi hijo Pedro; somos como familia. Hay muchos, Maxi Di Croce, Quintana, compartimos mucho con ellos. En Tres Arroyos hay gente que me quiere bien, al público en general que tuvimos esa relación que siempre respeté y pudimos convivir sin problemas, con la prensa también tuvimos una buena relación en general. Entonces, valoro y agradezco desde lo más profundo que el camino recorrido haya sido tan gratificante”, afirmó con orgullo el Señor de los Goles: Claudio García.