Leonardo Bulla y Henky Zwaal, en el parador Borneo (Foto: Carolina Mulder)

Claro, Reta y Orense

CLAROMECO

“Hacemos esto con mucho afecto y energía”

17|01|21 18:46 hs.

Es el segundo verano en el que Leonardo Bulla y Henky Zwaal son encargados del Parador Borneo. Comparten su experiencia y dejan en claro la alegría que sienten por haber elegido a Claromecó como lugar para vivir


Leonardo Bulla y Henky Zwaal son los actuales encargados del parador Borneo en Claromecó. En una entrevista con La Voz del Pueblo, cuentan sus historias, como llegaron a vivir en Claromecó y los proyectos con el parador. 

“En el 2014 casi me muero y a partir de ahí la cosa cambió. Dije esto hay que frenarlo, empezó el proceso de irme a vivir a otro lado. Cuando descubrí Claromecó, dijimos es acá”, señala Leonardo Bulla, quien es arquitecto y nació en San Isidro. 

Agrega que “Henky es de Tres Arroyos, veníamos a Claromeco, teníamos amigos que tienen casa acá y decidimos vivir en Claromeco sin saber qué hacer. Comenzamos a construir una casa y a finales de 2019 surgió ser encargados de Borneo”. Fue el punto de partida para realizar una serie de cambios en el lugar. 

En relación a la carta del parador y su aporte en la cocina, menciona que “me gusta, pero no soy chef. Me meto en la cocina de metido no más, de la experiencia de cocinar para amigos y mal no me sale. Lo que se come acá no todo es creación mía, solo algunos platos puntuales como las Bitterballen (albóndigas holandesas) y algún postre”. 

Sobre la vida en Claromecó, sostiene que “aca el tiempo es otro, la vida es otra, nada que ver a Buenos Aires. Me encanta salir y que todo el mundo te salude, sepa quién sos. En Buenos Aires no sabés quien es el vecino de enfrente. Me gusta mucho la tranquilidad, de acá me sacan con las patas para adelante –expresa sonriendo-. Lástima que tarde tanto en darme cuenta”. 

En un análisis de lo que fue su vida en la vorágine de Buenos Aires reflexiona: “entras en una rueda que no tiene sentido, yo me plantee seguir laburando como un perro, ¿para qué? para cambiar el auto todos los años? ¿cuánto más puedo juntar? ¿y para qué? Aca vivis con tan poquito, en verano con dos bermudas y en invierno con dos bombachas de campo estoy listo, no necesito nada más”. 

Concluye que “la vida es más simple, más tranquila. Para que voy a estar laburando 14 horas por dia en un lugar que no me causa ningún placer, acá trabajo esas horas pero es otra cosa. Te das cuenta que se vive mejor, es impresionante disfrutar de salir a caminar y ver esto (señala el mar y la playa). Ya está, con esto más que suficiente, no necesito más, asi estamos felices. No extraño Buenos Aires en nada”. 

Los detalles 

Por su parte, Henky Zwaal, tras la infancia y adolescencia en Tres Arroyos, se radicó en Buenos Aires y decidió realizar los estudios de contador público, aunque finalmente se dedicó a otra actividad. 

“Empecé a trabajar en una empresa relacionada con el campo que es Cargill y después comenzó a pesar más lo que uno ganaba y la carrera que uno hacia dentro de la empresa. Por supuesto. insumía mucho más tiempo que el estudio. Preferí dedicarme a lo que era granos, exportaciones, tenía un poco de conocimiento por el campo de mis viejos y de ahí”, relata. 

Además indica que “después surgió con una de mis hermanas hacer una administración de consorcio y estuvimos hasta diciembre; llegamos a administrar 48 edificios y después poco a poco fuimos disminuyendo producto de la edad, el cansancio la rutina, casi 30 años tuvimos la administración en Capital”. 

La oficina de administración de consorcio se encuentra en un edificio histórico de la ciudad de Buenos Aires: “Un edificio que lo hizo Prebisch para Victoria Ocampo y ella generó 8 loft de vanguardia porque ese edificio es de 1940. Como ella recibía mucha gente de afuera, alojaba a las visitas en esos lofts”. Y agrega que “el edificio se conserva perfectamente”. 

Recuerda que “cuando surgió Borneo un día conversando dijimos bueno, podríamos devolverle algo a Claromeco de todo lo que nos brindó. Porque realmente a nosotros nos abrieron las puertas, nos aceptaron y nos sentimos súper cómodos. Construimos esto con mucho afecto, mucha energía, mucho cariño, permanentemente dedicándole tiempo, con empeño, tratando de que todo salga bien y Claromeco y su gente se merece eso”. 

Sobre las características del parador, comenta que “apuntamos a lo que es parador de día y restaurante de noche, creo que lo hemos logrado. Hicimos platos de carnes, pescado, brochettes, que a la gente le gusta y lo demuestra todos los días”. 

El clima también tiene su incidencia, sobre lo cual observa: “Este año las noches nos están acompañando. El año pasado tuvimos muy pocas para disfrutar la terraza, esta vez ya tuvimos 7 u 8 noches que la gente busca más terraza que estar dentro del restaurante, el ruido del mar, el lugar. Hay empresas que nos dieron sillas, mesas, y eso nos amplió el espacio afuera, porque adentro, estamos con el 60 por ciento de capacidad por el tema del Covid. Y esto nos permitió abrirnos un poco más y que la gente esté un poco mas cómoda y separada”. 

Califica al lugar como “mágico”, destaca la tarea de todo el equipo de Borneo. “Nosotros estamos muy detrás, yo me fijo mucho en los detalles, en la atención y eso la gente lo siente, se va cómoda”, afirma. 

Puesta del sol 

Valoran el apoyo del Ente Descentralizado. “Nos interesa el parador con un proyecto distinto, de poder disfrutar la terraza. No somos Ibiza pero la puesta del sol la tenemos mágica, y Claromeco en ese sentido, creo que está desaprovechado”, dice Henky Zwaal. 

Hace referencia a la posibilidad de “aprovechar más la terraza, ampliarla, ponerle reparo, que la gente venga y se pueda sentar aunque sople el viento”. 

Para 2020, habían preparado el proyecto de “tener abierto en el invierno durante los fines de semana, haciendo degustación de quesos, cataciones de vinos. Un amigo que tiene restaurante italiano en Buenos Aires iba a venir un fin de semana para cocinar comida italiana. Pensábamos hacer fines de semana con comida danesa, holandesa y no pudimos por la cuarentena”. 

Considera que “Claromecó tiene muchas posibilidades de expansión. Creo que le falta ordenamiento urbanístico, yo insisto mucho con el tema de los árboles. Cuando construimos nuestra casa buscamos un terreno donde los arboles no nos afectaran y no tuvieramos que tirar, es más, nosotros pusimos más árboles”. 

Finalmente, al recordar su vida en Buenos Aires, señala: “Tardaba dos horas a la mañana para llegar a la oficina, y en un momento pones en la balanza ¿qué quiero? Tranquilidad, confort, estar bien o estar enloquecido ¿volverme loco? Esto lo disfrutamos, con tensiones porque siempre se producen, pero salís, miras el mar y encontras el equilibrio. Allá lo único que ves es hormigón”.  

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