Horacio Martín

Claro, Reta y Orense

Profe de los guardavidas

“Es un orgullo y un placer verlos trabajar”

30|01|21 10:46 hs.

Reside en Mar del Plata y es director de la Escuela de Ayacucho, donde se recibieron la mayoría de los guardavidas que trabajan en las playas del distrito.

Todos los años el cuerpo de guardavidas de Claromecó y Dunamar se reúnen para una foto de todo el cuerpo de guardavidas. Muchos de los integrantes del cuerpo este año se encontraron con la sorpresiva visita de Horacio Martín, quien ha sido profesor de varios de ellos. 

Dialogó con La Voz del Pueblo luego de sacarse una foto con alguno de sus alumnos y comentó que “los de Orense, la mayoría son míos, de Reta hay un montón. Vivo en Mar del Plata, y este año el curso en la Escuela Ara Mar Chiquita en el Kimberley fue todo virtual”. 

En relación a su experiencia como guardavidas y los años que se desempeñó como tal, mencionó que trabajó 32 de temporadas en Mar Chiquita, donde también fue jefe, para luego dar clases en la Escuela de Guardavidas y actualmente es director de la Escuela de Ayacucho. La mayoría de los que hoy trabajan en nuestras playas, se recibieron en dicha escuela. 


Alegría 
“¡Sabes qué alegría! Todos los años paso a visitarlos y este verano justo caigo para la foto y los veo a todos”, expresó con emoción al poder reencontrarse con muchos que fueron sus alumnos. 

Señaló que “llegué de casualidad porque vengo viajando del sur, y decidí quedarme unos días. Generalmente todos los veranos paso a visitarlos, para mí es un placer y un orgullo verlos trabajar, compartimos un año muy intenso viviendo juntos y entablás una relación muy linda con todos”. 

En el diálogo con este diario, relató que “un año vine a visitarlos y los vi como trabajaban en un rescate. Había como 6 u 8 personas en el agua, y se metieron los chicos, también con la moto de agua, fue un placer verlos como trabajaron para salvar a esas personas”. 

Experiencias 
En términos comparativos con las 32 temporadas de trabajo que tuvo como guardavidas, lógicamente los métodos y las técnicas han cambiado. 

“Para los que tienen mi edad, yo trabajaba con las roscas grandes, ahora están en los restaurantes colgadas como reliquias. La profesión todos los años se va perfeccionando, ahora es mucho más profesional el trabajo de los guardavidas. Cuando yo hice el curso, era nadar y aprender un montón de maniobras que ya no se usan más”, afirmó.

En su análisis, consideró que “no es solamente nadar y tener buen estado, debes contar con una fundamentación teórica. Y llevar todo eso a la práctica, se van cambiando los métodos, en cada playa se trabaja distinto”. 

Sobre la localidad, puntualizó que “yo veo que acá en Claromeco, están barbaros, no sé lo que ganan, pero el equipamiento que tienen, como trabajan y como se mueven en la playa está bien. No sé todo el entorno, pero los veo trabajar muy bien, y a mí se me cae la baba cuando los veo a ellos”. 

Agregó que además de ser Directivo en la Escuela de Guardavidas de Ayacucho, se encarga de las practicas. “Me dicen muchas malas palabras cuando están haciendo las prácticas, pero bueno, se meten con mar grande, mar chiquito, con correntada o sin, alado de las piedras”, destacó. 

Horacio Martín reiteró que cada playa se trabaja distinto, “uno tiene que lograr una adaptación al medio donde trabaja. Cuando fui a ver a los muchachos de Orense, observé que es muy distinta a la de Claromecó, en cuanto a las características de la playa”.

Hace varios años que no ejerce la profesión, pero sigue ligado desde otro lugar, compartiendo conocimientos y experiencias. “Nado muy poco, debido a que me afectan muchos problemas en los hombros, tengo a toda mi familia con artrosis, me cuesta mucho nadar”, afirmó. 

Debido a esta limitación, se mantiene en estado a través de una bicicleta. “Hago spinning tres veces por semana. Y con unos profesores, Roberto Mendi y Liliana la señora, salimos a la sierra a pedalear y una vez al año nos vamos a la cordillera”, comentó.

Las experiencias como guardavidas durante tantos años seguramente han sido muchas, pero el tiene bien presente en la memoria su último rescate: “Yo estaba como jefe, y recién operado de la cadera, vivía en Mar Chiquita y una nena se fondeó y me tiré, la toqué de casualidad, la salvé, y cuando salgo pasa un poste de quebracho del ferrocarril de un puente que se había caído, casi me parte la cabeza”.