El agua comenzó en diciembre a cotizar en los denominados mercados a futuro

Opinión

EDITORIAL

Incolora, inodora e insípida ¿?

07|02|21 10:02 hs.


Editorial. Leída por Diego Jiménez


“… El agua se unió al oro, al petróleo y a otras materias primas comercializadas en Wall Street, lo que resalta las preocupaciones de que el recurso natural que sustenta la vida pueda escasear en más partes del mundo. Los agricultores, los fondos de cobertura y los municipios ahora pueden protegerse o apostar por la futura disponibilidad de agua en California, el mercado agrícola más grande de Estados Unidos y la quinta economía más grande del mundo… Las Naciones Unidas han advertido durante mucho tiempo que el cambio climático provocado por los seres humanos está ocasionando graves sequías y más inundaciones, lo que hace que la disponibilidad de agua sea cada vez menos predecible…”, escribía la periodista Kim Chipman, en el portal de noticias Bloomberg.com, con fecha 6 de diciembre del año pasado. 
Lo cierto es que el agua comenzó en esos días del mes de diciembre pasado a cotizar en los denominados mercados a futuro. En ellos se realizan contratos de compra o de venta de ciertas materias o activos financieros en una fecha futura, pactando en el presente el precio, la cantidad y la fecha de vencimiento.

En casi la totalidad del planeta, la legislación considera al agua como un bien común de dominio público. No obstante, es posible otorgar derechos sobre el uso de ese recurso a través de concesiones o licencias administrativas (ya sea para utilizarla, distribuirla o para realizar vertidos en ella). Es importante aclarar, que lo que ha empezado a cotizar en Wall Street no es el agua en sí misma, sino los derechos en relación a su uso. En zonas de escasez crónica como California o el sudeste español, por ejemplo, una persona o empresa, puede no necesitar agua en ese momento, pero sí estar interesada, por mencionar una opción, en garantizarse su disponibilidad para una campaña de riego en el futuro o para un periodo de años, explica Clemente Álvarez del diario el País de España.

La paradoja es clara: el agua, la base de la vida en la tierra, es un bien escaso o de difícil acceso para alrededor de 2000 millones de humanos, pero se está convirtiendo en un negocio financiero  


La paradoja es clara: el agua, la base de la vida en la tierra, es un bien escaso o de difícil acceso para alrededor de 2000 millones de humanos, según la Organización para las Naciones Unidas, pero, al mismo tiempo, se está convirtiendo en un negocio financiero. Las implicancias legales, económicas y morales de esta contradicción flagrante son muchas y complejas. Desde denominarla un ejemplo más de la “mercantilización de la naturaleza” hasta pensar que es una estrategia, que bien usada posibilitará el uso eficiente de un bien hoy por hoy escaso. 

Las consecuencias actuales de esta nueva realidad económico - financiera son aún mínimas, dado que las especulaciones bursátiles (el índice que lo mide se denomina Nasdaq Veles California Water Index) en torno al agua recién comienzan formalmente y están centradas solo en el Estado de California (en relación a sus aguas superficiales y a las cuencas llamadas del Chino, Mojave, Central y de San Gabriel). Pero eso no invalida, que para los principales motores de la economía mundial, los Estados Unidos y China, consumidores mayoritarios de este recurso, comience a convertirse en un asunto crucial. Las implicancias para nuestro país, de esta nueva circunstancia, no serán pocas. Al menos en el futuro. El Acuífero Guaraní con 1.190.000 millones de kilómetros cuadrados, compartido con nuestros vecinos Brasil, Uruguay y Paraguay, es la tercera reserva global de agua dulce. Por otra parte, Argentina, es la segunda nación en cuanto cantidad de glaciares de América Latina. Razones, que la convierten en una potencia mundial en términos hídricos. 

Estos factores, si además les sumamos la riqueza agrícola ganadera vernácula, su faceta industrial y la importancia histórica del valor de sus exportaciones para la generación de divisas genuinas para el país, terminan convirtiendo al tema del agua en un factor de discusión y de elaboración de políticas estratégicas ineludible, en términos humanos y económicos, para determinar positivamente una parte sustancial de nuestro futuro. Algo para nada inodoro, incoloro e insípido, si no, todo lo contrario. 


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