José Meijide y María Fernández

La Ciudad

Junta Vecinal Barrio Escuela Nº 18

“Extrañamos organizar los carnavales”

11|02|21 10:40 hs.

Se avecina el fin de semana largo de carnaval, una fiesta que tiene lugar a lo largo y ancho de todo el país en nuestro calendario. En un año especial por la continuidad de la pandemia, quienes pueden, utilizarán esta fecha para descansar en la media de lo posible. 


Los carnavales del Barrio de la Escuela Nº 18 (denominada Manuel Carrera) y el Jardín Nº 902, traen grandes recuerdos de festejos multitudinarios, que hoy por hoy, quedaron lejos en el tiempo. Aunque los recuerdos siempre están a la orden del día y florecen en un contexto que da mucho para pensar y reflexionar. Por ese entonces, la ciudad se vestía de fiesta. Y el pueblo lo sabía, ya que acompañaba en todo sentido. 

En diálogo con este diario, María Fernández, actual presidenta de la Junta Vecinal Barrio Escuela Nº 18, expresó que “desde 1994 hasta 2003 tuvimos de manera permanente los grandes carnavales presenciales. Los festejos en un principio eran infantiles donde participaba toda la familia y lo hacíamos por dos días. Desde el 2001 empezamos a hacer una cena homenaje que se fue realizando durante 22 años hasta el 2018, donde nosotros cumplimos los 50 años como institución. No hicimos el homenaje. Tampoco la pudimos hacer más porque en el 2019 estaba todo muy difícil y el año pasado nos agarró la pandemia, por eso es que dejamos de hacerla”. 

Esta semana tuvieron reuniones con el secretario de Seguridad, Jorge Cordiglia y con Matías Fuhrer, secretario de Desarrollo Económico, Ciencia y Tecnología y les dijeron que no están autorizados a hacer ningún evento de noche. Ya hace un año que tienen el salón cerrado. Harán la mantención del lugar igualmente, con mucho sacrificio y gastos que se hacen complejos de afrontar, porque subsisten con el alquiler del salón y estos meses los costos se incrementaron aún más, teniendo que poner dinero de su bolsillo. Lo cual complejiza aún más la situación. No pueden dejar de pagar el seguro, el gas y la luz. La idea es seguir con las cenas homenaje pero es imposible, salvo cuando se autorice desde el municipio. 



“En 1994 comenzamos a hacer los grandes carnavales. Hacíamos las preinscripciones los sábados, eran niños que ya iban disfrazados y también podían participar mayores y comparsas. Llegamos a tener tres comparsas. Era el baile a la noche con la venta de bebida y comida. La jornada de domingo se arrancaba a la tarde muy temprano con el desfile por las calles del barrio. Salíamos desde la sede y hacíamos un recorrido siempre acompañados por los bomberos. Allí desfilaban todos. El jurado siempre fue imparcial, había premios y trofeos. Era un folclore hermoso. Hoy se perdió todo eso por completo”, recordó Fernández. 

Se trabajaba un mes antes para preparar todo, desde pelar varias bolsas de papas hasta varias cosas más al mismo tiempo. El desfile por las calles era colorido, donde se observaba todo ese despliegue recorriéndolas y sumado al trabajo que les quedaba para después. Nadie se quejaba, todo lo contrario. 

Muchas veces estaban sobrepasados porque era mucha la cantidad de gente pero eran felices. En las cenas homenaje era trabajar y seguir trabajando. En relación a esto, Fernández hizo hincapié en que “un grupo increíble donde la mayoría somos matrimonios que estamos en la comisión. De 20 integrantes, tenemos dos o tres solteros. Somos una familia y trabajamos en equipo siempre. Tiramos para el mismo lado. Llevo 35 años en el lugar. Es nuestra segunda casa”. 

Por estatuto, les corresponde ayudar a la Escuela Nº 18 y al Jardín Nº 902, en la medida que sea posible. Por eso es que cuando hacían las ventas de bebidas y comidas, el tesorero daba los números y se colaboraba con ambas instituciones sin dudarlo. Es una relación recíproca, donde hay un ida y vuelta constante. 

“Hoy con el grupo que estamos no sé si lo podremos volver a hacer, somos 18 personas. Quedamos los más grandes, integrantes jóvenes hay tan solo cuatro. No hay recambio generacional y eso nos preocupa. Llamamos a asamblea y nunca hay respuesta presencial. Nos cuesta encontrarle la vuelta en esa línea”, explicó Fernández. 

La gran labor realizada les dio la posibilidad de participar durante muchos años en la Fiesta Provincial del Trigo. Se pudieron anotar y se hacía la elección de la reina y el príncipe en versión niños, más las princesas. También tenían premios para comparsa y durante esos años desfilaron en el festival de la ciudad como junta vecinal. Han sabido ganar el premio como mejor carroza y eso lo llevan siempre en la memoria.

“Trabajamos todos en un galpón, donde todos tirábamos para el mismo lado. Los chicos tenían sus capas y coronas para los concursos grandes. Los padres en noviembre, diciembre ya nos consultaban si íbamos a hacer los carnavales porque querían anotar a sus hijos. Había un entusiasmo tremendo y una gran ilusión con respecto a los carnavales de esa época”, afirmó Fernández. 

Estaban muy bien comunicados. El salón es propio de ellos, es una donación y es de la junta vecinal. Las primeras reuniones de la junta fueron en la Escuela 18 y después se hicieron en el salón. El barrio es particular porque cuenta con mucha gente de afuera del mismo. Es algo lindo y positivo aseguran desde la entidad. 



“Económicamente es difícil de mantener el salón. Todos estos años venimos haciendo locro en las fechas patrias, se hace venta comida en general. A todos nos gusta la cocina. Hemos tenido donaciones de un nieto de Don Manuel Carrera, que fundó la Escuela 18. Nos ayudó en gran manera. Al tener un año cerrado el salón, corren los gastos por nuestra cuenta. El salón está ubicado en Buchardo 255 pegado a las casas del barrio”, afirmó Fernández. 

Esta semana tuvieron diálogo con algunas autoridades locales y nada más los han habilitado hasta 25 personas. No les sirve porque no llegan a cubrir los costos de abrir el lugar. El apuro es basado en que los tiempos apremian y los costos siguen corriendo. El tema está en que los protagonistas de esta nota, viven de eso. Y notan que la situación se torna irreversible. 

“El barrio está lindo, tiene todas las obras. No le falta nada. Tuvimos todos los servicios desde el principio. Seguimos subsistiendo y aguantando hasta ahora como podemos. Me da mucha tristeza ver todo cerrado, pienso que no sé qué pasará luego de nuestra generación. Los jóvenes no se integran y nos preocupa. Por estatuto, el día que no funcionemos más, le tenemos que dejar el lugar a la Escuela y le dejas un problema a la institución educativa. Yo veo que va a quedar cerrado y abandonado. Me entristece y mucho”, argumentó Fernández. 

El testimonio del protesorero 
 A su turno, tomó la palabra el actual protesorero e integrante de la junta vecinal, José Meijide, donde afirmó que “los carnavales tenían algo muy lindo porque el único que lo hacía era el Barrio Santa Teresita. Nosotros participábamos, incluso me tocó ganar un primer premio al mejor disfraz. En ese entonces había muy buena relación de juntas vecinales, éramos ocho juntas vecinales amigas. Nosotros seguimos por cuenta nuestra haciéndolo y empezamos con un carnaval infantil y la familia se acopló tanto que pudimos adecuarlo a todo el grupo.” 

El salón cuenta con 20 metros de frente por 30 de fondo. Se dividía en tres partes, en una estaba el patio de comidas, la otra parte era del público y la última de ellas era un playón de 15x15 donde era la pista de baile. Estaba la orquesta y se hacía una bailanta los sábados. Se calculaban mil personas por noche, dentro del predio. El barrio se transformaba por completo. Había música en vivo hasta las 3 de la mañana. 

“Pudimos hacer todo el sistema de cloacas de la junta con recaudaciones. Hemos trabajado muy bien, hicimos un playón que era la pista de baile de 15x15. Llegamos a vender, en una noche, 52 cajones de cerveza y 1000 choripanes. Era increíble. La noche que lloré fue cuando tuvimos que dejar de hacer los carnavales. Te hablo del año 2003. Luego de la tragedia de Cromañón, las exigencias fueron otras y se nos hacía realmente imposible seguir. El que lo vivió sabe de lo que hablo”, rememoró Meijide. 

“Si hay algo que extrañamos es organizar los carnavales. Siempre lo hicimos con muchas ganas y lo extrañamos a horrores. Nos cuesta no tener la fiesta los fines de semana de fiesta con las familias. Desde 1994 hasta el 2003 fue la mejor época que vivimos con los carnavales y hoy la realidad es otra, lamentablemente”, reflexionó Meijide. 

“El hecho de construir el Rey Momo era un trabajo de artesano. Grandes dimensiones y todos trabajábamos. Otra cosa que se perdió es la familia. Vos tenías que disfrazar al nene y participaba toda la familia. El nene solo no lo hacía. En pleno verano trabajamos de manera mancomunada. Noches y días enteros. Tenemos un salón de fiesta y nos cuesta mucho mantenerlo. Más allá de lo económico, y si me preguntás qué prefiero: que vuelvan los carnavales. A nivel barrio era maravilloso”, finalizó Meijide. 

 Tienen un correo electrónico por cualquier colaboración que la población quiera hacer llegar que es fernandezmaria1510@hotmail.com. El Facebook es junta vecinal barrio escuela 18.