Recién casados. Carmelo y Chicha formaron una familia con cuatro hijos y siete nietos

Sociales

Ayer hubiera cumplido 90 años

Especial recuerdo de su familia para Carmelo Di Vito

14|02|21 10:19 hs.

A poco más de un mes de su fallecimiento, su entorno más cercano quiso recordar y compartir con la comunidad aspectos de la vida de un hombre, que de la nada misma, supo forjar como inmigrante una fructífera empresa, mérito que también comparte con sus hijos y nietos.


Carmelo Antonio Di Vito todavía no había cumplido los 11 años cuando puso a prueba el duro y precoz aprendizaje que dejaba en su cabeza el paso de la guerra en la Italia de 1942. 

Eran tiempos de necesidad, y como su padre no lo acompañaba con la idea, le pidió plata a su abuela para comprar un caballo gastado donde él mismo trabajaba, en una fábrica de aceite de olivo. Aquellos equinos sólo giraban en una misma dirección, atados a una vara y una rueda, en la molienda de las aceitunas. 

Lo peinó, le cortó la cola -porque eran animales de trabajo- y que nadie quería. Y con esa edad, acompañado por un tío, se fue a venderlo entre montañas a una feria que quedaba a unos 30 kilómetros de su pueblo, Carpineto Sinello, en la provincia italiana de Chieti. 

Con la plata que obtuvo de esa venta, le devolvió el préstamo a su abuela y le ayudó a su padre a mejorar las condiciones de trabajo con un tractor viejo para las tres hectáreas y pico que alquilaban, y donde se trabajaba mal. 

Carmelo Di Vito junto a Chicha Di Rocco, al cumplir sus 60 años de casados


Esa pequeña gran historia de Carmelo sólo pudo conocerse cuando uno de sus hijos –Pepe- viajó a Italia. Ese y otros recuerdos que fue sembrando a lo largo de su vida, en la familia, vienen acompañados con un gran nudo en la garganta. 

Quienes llegaron a conocerlo antes que emprendiera el viaje hacia Argentina, lo apodaron Tarzán, por la fuerza que tenía. También piensan que su familia hubiera sido distinta si él se quedaba en Europa, por la pujanza que siempre se le reconoció tanto en su tierra natal, como en la que formó su propia familia. 

Hijo de José Di Vito y de Dominga Mastronardi, pasó su infancia y adolescencia en su pueblo. Fue el mayor de 8 hermanos y trabajó desde muy chico ayudando a su padre.

Ya independizado, en el puerto de Necochea, manejaba un Dodge 1946


Cultivaban la tierra y vendían lo que producían hasta que la guerra los golpeó. Su padre fue reclutado y sobrevino una época muy difícil en la que los hijos aún muy chicos debían hacerse cargo de sus familias. 

No había cumplido 20 años cuando llegó en barco a este país. Vino directamente para Tres Arroyos, la familia Di Rocco le había mandado la plata para pagar su pasaje, que él devolvería -y lo hizo- con trabajo durante su primer año y medio de permanencia en estas tierras. Pero mientras saldaba su deuda, les avisaba a sus patrones de entonces que, una vez a mano, no sería más su empleado. 

Para llegar al país se había embarcado en el San Giorgio y, por lazos familiares, ya que aquí los esperaba su tío Mario Mastronardi, llegó a Tres Arroyos el 12 de agosto de 1950.

Con respeto y admiración su propia familia reconoce en Carmelo a un visionario, un emprendedor nato. Recuerdan que al bajar del barco, la última lira que tenía en el bolsillo la tiró al mar como quien tira una moneda en la Fontana Di Trevi, para la suerte. 

Después de dos años en ésta zona, logró comprar su primer camión, un Ford A 28. Había conocido el interés por el transporte a partir de su padrino, en Italia, donde no había posibilidad económica para hacerse de uno. Y con ese mismo vehículo, a pesar de estar en malas condiciones, fue con el que pudo independizarse. Viajaba hasta Río Negro para traer frutas que vendía en Tres Arroyos y la zona. 

Todo el sacrificio de esos tiempos difíciles fue formando al empresario tenaz y visionario en el que se convertiría después. 

Regresó a Italia por primera vez, a sus 40 años. Primero viajó solo; luego iría en varias oportunidades. Sus últimos viajes representaron pasajes tristes de su vida al tener que ir despidiendo -de a uno- a sus seres queridos mientras fallecían. 

Carmelo Di Vito junto a Chicha Di Rocco, al cumplir sus 60 años de casados


Con Chicha (Nidia) Di Rocco, tuvieron cuatro hijos: Pepe, Hugo, Sergio y Susana, y siete nietos; Agustina, Franco, Carmelo, Octavio, Pía, Fausto y Giuliano.

Consiguió formar una empresa de renombre en Tres Arroyos, en la que trabaja toda la familia, y en la que con el correr de los años lograron diversificar sus actividades. Además de transporte, un frigorífico y campos, forman parte de lo que soñó y consiguió; y son las actividades que en unión hoy se llevan adelante entre hermanos, padres, hijos y sobrinos.

A finales de diciembre se apagó su vida después de una larga dolencia; pero hasta en sus últimos días quiso recorrer y observar todo. Incluso poco antes de cumplir sus 80 años –diez años atrás- apuró a Pepe para viajar fuera del país, manejando, después que una empresa para la que trabajan les propusiera llevar carga hacia un país limítrofe. 

La propuesta salió mientras hablaban sobre la idea de hacer transporte de carga internacional, a las 11 de la noche, momento en que se reunían para contar las novedades del día. Pero a las 4 del día siguiente ya estaban en la ruta, por pedido expreso de Carmelo. Ese espíritu con iniciativa y visión, hicieron de él un empresario, amigo, esposo, padre y abuelo que seguirá siendo un ejemplo a seguir para todos los que lo conocieron.