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Ceferino Vázquez, un “malevo” de ley

14|02|21 19:59 hs.

Ceferino Vázquez siempre fue de espíritu inquieto en su vida laboral, pero ahora con esto de la cuchillería parece haber encontrado su trabajo ideal generando su propio emprendimiento de cuchillería artesanal: El Malevo. 

 Fue metalúrgico, chofer de grúa y hasta tornería hizo en su recorrido, quiosquero, repartió diarios o sea un tipo todoterreno hasta que se encontró con la artesanía de hacer encabados para cuchillos entre otras cosas, hace como dos años y medio. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)


Muchas fueron las cosas vividas anteriormente pero si hablamos de por qué largarse solo Ceferino señala que es “como le pasa generalmente a cada uno. Cuando sos empleado por ahí querés mejorar tu sueldo o considerás que no es justo lo que estás ganando… Te lo entrás a plantear y a plantearlo, no sucede eso y bueno tomé esa decisión”. 

Remarla desde el principio 
 Reconoce que le costó mucho el primer tiempo porque fue durante el cambio de gobierno, con la suba de las cosas. En su casa había comenzado con un pequeño torno con lo que hacía platos de madera, fuentes, “eso fuera del horario. Y con esto sumado a la ayuda de mi hermano que vive en Rosario que me prestó plata para comprar herramientas y armar un taller. Salí a alquilar un lugar y me largué. Era eso o buscar trabajo de empleado en otro lado” y en su cara se nota que no estaba equivocado en la decisión tomada. 

Ya son casi tres años de haber tomado esa decisión y mirando hacia atrás Ceferino se siente “arrepentido de no haberla tomado antes. El miedo que nos pasa a todos porque tenés una familia que mantener, una casa, y largarte solo es como que asusta. Creo que ya me voy a quedar con esto porque realmente me gusta”. No por ellos siente que sus otros trabajos anteriores no hubieran llenado su deseo pero “llegaba un momento como que me cansaba. Sentía la necesidad de hacer otra cosa”. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)


 Seguro de sí mismo 
Como a toda persona que tiene responsabilidades en la vida nada es fácil, cuando se trata de decisiones de este tipo, por más que en su cabeza siempre el pensamiento de largarse por cuenta propia exista hay algo que se llama quiebre. Para Ceferino Vázquez fue "la situación que me llevó a decir ‘basta de trabajar para otro’. Yo sentía que estaba capacitado para hacerlo solo. A mi anterior patrón no le gustó mucho eso. Nunca más me trajo trabajo pero los demás sí; así que terminé trabajando para la competencia y para mí porque lo mío es el encabado. Yo la hoja no la fabrico y empecé haciéndolo para negocios o quien quisiera”. 

Con el tiempo empezó a comprar hojas y a fabricar cuchillos para su propio emprendimiento pero él no podía salirlos a vender. Consiguió quien le vendiera sus propios trabajos y de esta manera empezaron a salir los cuchillos de El Malevo al país. 

Por su relación laboral anterior empezó a tener contactos con viajantes del rubro primeramente para después contactarse con otros nuevos. “Una vez que entrás en ese círculo de artesanos empezás a ver lo que hacen cada uno, las redes sociales ayudan mucho. El quién vende la chapa de alpaca, la soldadura, empezás a conseguir otros distribuidores, a comprar hojas, a llamar, hacer transferencias, tener tu home banking. Cosas que si bien las había hecho antes parecido ahora lo hacía para mí” dice con orgullo particular por su crecimiento. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)


 Crecer en compañía 
Siempre analizando la etapa anterior Ceferino dice que si bien se sentía conforme y que iba por buen camino el quiebre en otros trabajos se dio por situaciones que no son lo que te prometen. Toda persona crea sus propias expectativas y hay que ver si el camino trazado se respeta; en su caso la variación de intereses hizo que también cambiara su vida. 

Una actualidad que hoy lo encuentra en su taller de Berutti 710 “si me demanda el trabajo a full y si veo que afloja bajo un cambio. O sea no tengo nadie que me mande pero también sé que soy mi propio patrón y si tengo que salir a las 12 de acá y volver a las 13 porque hay un trabajo que entregar acá estoy”. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)


Hoy la tarea que realiza en su taller El Malevo, es “el encabado para terceros, hago todo lo que es afilado de cuchillos y tijeras. Y para mí cuando se calma un poco esto de los cuchillos, fuentes, tablas para asado, picadas y platos en madera además de juegos de parrilla –atizador, pala y pinza-. Además de tener un vendedor que me lleva la mercadería que hago para mí y cada vez que regresa me da lo que me vende. Con esto me voy asegurando lo que tengo para hacer”. 

Su vida ha cambiado totalmente y asegura que se siente feliz de haber tomado esta decisión; “yo no tuve mucho tiempo pensando que hacer. Dije ¿qué hago?, si salgo a buscar laburo… ¿dónde?, estudio sólo tengo primario, venía haciendo esto y mi mujer que siempre me acompaña me dijo ‘dale para adelanten no te hagas problema’ y acá estoy”.    



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Buscando lo mejor, siempre hay algo insólito

Son muchos los trabajos que ha hecho y los materiales usados pero para él cabos como los con asta de ciervo no hay por la nobleza del material. De trabajos especiales hay uno que recuerda y es haberle hecho, para un médico bahiense, el encabado de un cuchillo con una prótesis de cadera original 

Los materiales para el encabado que usa Ceferino Vázquez llevan todos detalles con alpaca “que es lo que más me gusta, cabos de cuchillos con asta de ciervo, con madera, con asta de cebú, con hueso”. 

De todos ellos el que más le gusta trabajar es justamente el de asta de ciervo por ser un hueso que nunca tiene igual forma, “no hay que matar al animal para obtenerla porque al ciervo se le cae el asta o sea que lo cambia. Me gusta cómo queda, es prácticamente eterno. Después la madera sí es linda; lo hago con quebracho o itín. Trato de buscar maderas viejas, recicladas, durmientes de ferrocarril, palos de alambrados viejos. Con maderas de más calidad como ébano por ejemplo no he trabajado nunca”. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)




Como siempre en su taller el mate está dispuesto a pesar que la pandemia marque que cada uno debe usar el suyo y además el recuerdo de algún trabajo en especial le trae a la memoria a Ceferino. Ninguno puedo decir que ha sido especial, si bien he hecho algunos trabajos de personas importantes, de diputados o presidentes de alguna empresa pero nada tan especial. Raro puede ser sí el encargue que me hicieron en una hoja española, para regalarle a un médico, me trajeron una prótesis de titanio de cadera original para ponerle de cabo al cuchillo. Fue lo más raro que tuve que hacer, tuve que agujerear la prótesis para adaptarla a la hoja del cuchillo. Eso fue muy loco, en un cuchillo podés ponerle de cabo lo que se te ocurra. Yo no creo que él médico usaría ese cuchillo para comer, imagínate que la prótesis es parecida a un revólver. De Bahía Blanca creo que era el doctor”. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)


 Siempre cambiar, hasta ahora 
 Cuenta que después de cuatro o cinco años de estar en un trabajo sentía “la necesidad de cambiar. De hacer otra cosa, me aburría, me cansaba y surgió esto porque mi cuñado hacía cuchillería y cambió por los tatuajes. El arrancó desde muy joven con esto de la cuchillería y cuando se fue yo entré en su mismo trabajo, aprendí de él. Lógicamente que yo fui adoptando mi estilo de trabajo, me gustó y seguí. Estuve seis años como empleado y ahora hace casi tres que arranqué por mi cuenta”. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)


“De todos los lugares me fui siempre; de algunos fue por cambiar y de otros por problemas siempre de guita. Pero todo lo que hice fue con gusto” cuenta de su recorrido. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)


 Comenzó a los 17 años en Trafer, cuando todavía estaba en la avenida Moreno, ahí fueron nueve años, aprendió algo de tornería, que también le gustaba. Y como toda persona joven y curiosa se prendía en todo; “se iba el pintor de vacaciones y pintaba, venían a cargar un camión y me sentaba al tractor con la pluma. De allí estuve cuatro años con Scampini con montajes industriales, con una grúa grande que compró anduve por todos lados armado plantas de silos. Cuando consideré que me tenían que mejorar el sueldo no lo logré y me fui con Remolques Vázquez, la empresa de Tandil. Con ellos estuve cinco años, hasta encargado me hicieron acá mejorándome el sueldo dos pesos con cincuenta, hasta le endosaba los cheques, todo el trabajo administrativo, la facturación… En un momento se me chifló el moño y me fui al quiosco con Varela; ahí era canillita, atendía, dormía tres horas por día… ganaba buena plata pero no tenía vida fueron más de cinco años”. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)


Así fue su recorrido hasta empezar con esto que hoy lo tiene como presente, el de la cuchillería artesanal, “y espero que sea el final” dice mientras la sonrisa se le dibuja en su cara. 


(Fotos: Horacio Arbasetti)



(Fotos: Horacio Arbasetti)