El Campo

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Investigadoras en el INTA: ¿cerca de la equidad de género?

16|02|21 10:04 hs.

Por primera vez la presidencia del INTA la ocupa una mujer, un paso relevante para promover el cambio en un sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación donde los desequilibrios en espacios de liderazgo y toma de decisiones continúan en favor de los hombres: ellas ocupan sólo el 14% de los puestos directivos, según el diagnóstico del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, conocido en 2020. 


Científicas del instituto indican que, en sus centros de investigación, experimentan igualdad de oportunidades en el acceso a las categorías más altas e identifican la presencia de muchas en cargos de gestión importantes; en contraposición, expresan la ausencia de equilibrio en relación con los puestos gerenciales, en su mayoría ocupados por varones.

 Por el rol del INTA como organismo de permanente referencia para el sector agropecuario, por la posibilidad de investigar y transferir sus desarrollos, pero también por las múltiples opciones para la formación de su personal, desde distintas áreas del conocimiento y regiones argentinas, comenzaron sus carreras en el organismo. En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia ellas reflexionaron acerca de las condiciones en las que lo hacen.

 Gabriela Calamante, Jefa del Grupo de Investigación Poxvirus el Instituto de Biotecnología del Centro de Investigaciones en Ciencias Veterinarias y Agronómicas del INTA, se recibió con diploma de honor de Licenciada en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales en la Universidad de Buenos Aires y después, de Doctora en Ciencias Biológicas. Ingresó al organismo a través del Plan Joven (1997). 

Según el diagnóstico citado, las mujeres se encuentran bajo una suerte de “efecto tijeras”, ya que acceden en menor medida a las categorías más altas de la carrera de investigación. En este sentido, según Calamante en su instituto “algunas investigadoras van accediendo a categorías más altas de forma continua”, aunque en otros casos “es difícil la promoción”. 

Así, aseguró: “Lo que nos pasa a nosotras no es un reflejo de todo el INTA; tenemos muchas mujeres en cargos de gestión importantes”. 

Eva Encarnación Cafrune, es Ingeniera Agrónoma en la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Doctora en Ciencias Biológicas en la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba. 

Aunque comenzó a trabajar en la institución en 1990, formalmente ingresó en 2005 y actualmente es directora interina del Instituto de Investigación Animal del Chaco Semiárido (IIACS) y Asistente de Planificación del Centro de Investigaciones Agropecuarias (CIAP). 

“En mi caso particular, me formé y trabajé en un centro donde no se observaban diferencias entre varones y mujeres en cuanto al acceso a categorías más altas, aunque hasta la asunción de la doctora Vilma Conci a la Dirección del Instituto de Patología Vegetal (IPAVE), las mujeres no accedían a cargos más altos que coordinaciones de área”, aclaró. “Crecí profesionalmente en un grupo liderado por una mujer, pero sí puedo hacer una apreciación respecto a los puestos gerenciales en INTA, que en su mayoría son ocupados por varones”, expresó.

Equilibrar en todos los niveles 
María Rosa Lanari, recibida en la Universidad Nacional de La Plata de ingeniera agrónoma, ingresó como becaria al Instituto de Genética de Castelar y en Alto Valle. Con distintos tipos de contrato, continuó en Bariloche hasta entrar a planta, donde trabaja hace más de 20 años en recursos genéticos, con cabras criollas y sistemas tradicionales, y coordina desde 2019 el Programa Nacional de Recursos Genéticos y Mejoramiento en dicha estación experimental. 

Para ella, “nadie puede negar que el INTA es una institución dominada por los varones, aún hoy y aunque las relaciones han cambiado muchísimo”. Y aseguró: “En las categorías más altas somos escandalosamente pocas, sólo tres coordinadoras de programa, solo una directora regional; pasa algo similar con las directoras de centros de investigación”. 

Indicó que “es muy importante tener una presidenta al mando”, aunque es necesario equilibrar a todo nivel, con más directoras de estaciones experimentales agropecuarias y agencias de extensión rural y modificaciones en las representaciones sindicales. “Hay que cambiar lo evidente y lo subyacente”, comentó. 

Diana Piedra desde 2014 es la Directora del Centro Regional Chaco-Formosa del INTA, la única mujer en ese cargo. Ingeniera Agrónoma de la Facultad de Ciencias Agrarias y Magister en Gestión Ambiental de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), coordinó en dos oportunidades el Proyecto Integrador Algodón del Programa Nacional Cultivos Industriales. 

“Creo que las mujeres hemos ido ocupando los espacios que se nos han ido habilitando”, comentó, con Chaco-Formosa como caso. “Hemos tenido presidenta de Consejo de Centro Regional, directoras de Experimentales, Jefas de Agencias, Coordinadoras de Areas, coordinadoras de proyectos, de PRETs, de Proyectos Locales”, consideró. 

Con respecto a su experiencia, Piedra contó que accedió a los cargos por convocatorias abiertas, a las que se presentó tomando la decisión “en función de cuestiones personales y familiares, fundamentalmente”. Al respecto, aseguró: “Una en estos cargos siempre debe ir respaldada por lo esencial, sino es imposible la gestión”. 

Adriana María Descalzo, es Licenciada en Biología y Doctora de la Universidad de Buenos Aires e ingresó al INTA con el programa Proyecto Joven en 1998 y a planta, en el 2001. En la actualidad coordina el Programa Nacional de Valor Agregado, Agroindustria y Bioenergía. 

“En general las mujeres llegan a ocupar los cuadros de intermedio a alto en la ciencia, pero luego quedan estancadas en sus carreras cuando se trata de avanzar hacia las direcciones o los cargos jerárquicos superiores; este problema se da a nivel mundial”, comentó. “La mayoría de los editores en jefe de las revistas de investigación son varones, 12 de 15 de los grandes inventos en tecnología de alimentos corresponden a varones”, indicó. 

En cuanto a la necesidad de equilibrios en los puestos gerenciales del organismo, Descalzo expuso: “A nivel más cercano, 59 de 147 integrantes de los equipos de gestión de los programas nacionales son mujeres; en la coordinación de los doce programas somos tres mujeres de 17 coordinadores; en centros regionales y de investigación hay tres mujeres entre los 21 directores, o sea que la pirámide se va achicando a medida que avanza la jerarquía”.

 El caso local 
En la Chacra Experimental Integrada Barrow el staff de investigadoras es muy similar al masculino. Dueñas de una gran trayectoria dentro de la experimental y con el reconocimiento, a través de la gran labor profesional, a nivel local, regional, nacional e internacional. 

Asimismo, desde febrero de 2019 se marcó un hito en la historia de la Chacra de Barrow. Por primera vez, es conducida por una mujer. Tamaña responsabilidad está en manos de la ingeniera Paula Pérez Maté, quien ganó el concurso que se realizó y estará al frente de la institución hasta el año 2023.