Victoria luciendo orgullosa una de sus creaciones

Claro, Reta y Orense

La historia de Victoria Gabio

Una vida llena de muñecas

23|02|21 11:12 hs.

La vida detrás de un rostro amigable. La Voz del Pueblo visitó el taller de una reconocida artesana local que además compartió su pasión por la confección y también su voluntad por enseñar.  

Una imaginación inagotable es lo que se respira al entrar al taller de Victoria Abelina del Tránsito Gabio. Riojana de nacimiento, fue la que impulsó junto a su marido, Benedicto Figaro, (tresarroyense) la Feria de Artesanos en Claromecó. En una entrevista realizada por La Voz del Pueblo nos recibió en su taller inundado de muñecas, todas distintas. Originales, hechas artesanalmente de principio a fin, nos relató su historia. 

A los 17 años llegó a Buenos Aires, ya que su madre “sabía que allí había otro tipo de estudios”. Fueron de vacaciones y no volvieron más a La Rioja. Continuó con sus estudios secundarios hasta que debió ayudar a su padre haciendo tareas administrativas en una empresa de transporte. 


“Fue una llorada, un sufrimiento, porque yo amaba la escuela”, dijo. Más adelante agregó que había programado su vida. “Mi programa era estudiar, recibirme (Ciencias Económicas). Después de viajar me casaría, tendría hijos y continuaría con mi vida… pero todo se invirtió al sacarme de la escuela mi viejo. Primero me casé, tuve los hijos y terminé el secundario en Claromeco a los 75 años, y aún me queda pendiente la facultad”, remarcó. 

El inicio 
En Buenos Aires conoció a su esposo con quien –dijo- “al único lugar que veníamos de vacaciones era a Claromeco”. Comentó que un día salió a pasear en Buenos Aires y “pasé por la puerta de un colegio donde tenia un cartel que había varias cosas para estudiar y me anoté en “Industria para el Hogar”, ahí empecé con el tema de las muñecas”, señalo. 

Contó que “tenia que hacer una muñeca de arpillera, tenía que hacer la cofia nada más. No se le ponía carita ni nada, y me tocó hacerla como una práctica, pero a mí no me gustaba, y la reforme toda. Le puse alambre. Le enrosqué alambre en uno de sus brasitos para darle movimiento, le puse carita y eso le gustó mucho a la maestra. Y tuve que dar una clase porque las chicas querían aprender a hacerla, y ahí empecé a hacer muñequitas. Eso fue en el año 86/87”, recordó. 

En la feria 
Sus comienzos en un puesto de artesanos fue en la Feria de Centenario, siempre buscando la manera de que todo fuera absolutamente artesanal. “Me había especializado en brujas. Los días de lluvia y viento salía con un bolsito, un serrucho, y juntaba los paraguas, los tronquitos. Agarraba todo tipo de semillas y así empecé, haciendo adornos, y hacía las brujas con las telas de los paraguas negros, los modelos los sacaba de mi cabeza”, describió. 

En tanto hoy utiliza internet para seguir aprendiendo. “Busco en Pinterest para aprender un punto de bordado diferente o para ver lo que se está usando”, confió. 

Las manos curtidas de una artesana, lista para compartir todos sus conocimientos



En Claromecó 
Su primer puesto en la feria fue donde funcionaba el Camping Municipal (hoy funciona allí el Hospital Juan A. Abad). “Acá la que me impulsó fue Adela (Tiemersma) y Pancho (Cascini), ellos hicieron una serie de puestos en la entrada del camping con luces, había muchos artesanos”, explicó. 

Contó que “en una época había artesanos en el centro de la plaza, en la diagonal. No nos querían dejar estar, antes se armaban los puestos así nomas, y un día con mi marido le pedimos permiso a (Carlos) Carabio para buscar troncos y armamos todos los puestos de madera. Armábamos hasta 20 puestos en temporada, los estuvimos armando y desarmando durante 3 años, estaba todo prolijo, artesanal”, dijo.

La feria de Artesanos hace algunos años fue trasladada a la calle 11 entre 26 y 28, para luego volver a la plaza Luis Piedra Buena. 

Manualidades 
“Muchas veces me dijeron que lo mío eran las manualidades”, indicó. Afirma que aprendió a hacer los botones en porcelana fría, telar, macramé, que sabia bordar y tejer, y hasta carpintería, tallado sobre madera. 

“Eran un montón de cosas que le podía adosar a mis muñecas para no comprar los botones, yo los fabricaba, así las muñecas tenían más valor. Por eso hice tantos cursos, yo quería hacer todo completo, si tenía un cartel lo cortaba yo, estudié pintura para darle color a los ojos, las caritas, lo mío era artesanía de lo que me pidieras, hasta bijou sé hacer”, dijo Victoria. 



Compartir conocimiento 
Producto de la pandemia no estuvo en el transcurso del último año en la feria. Reconoció que le dio “un poco de miedo”. Igualmente tiene su propia clientela, aunque reconoce que le gusta “estar en el puesto”. 

“Son mis muñecas, el placer de ver a las nenitas cuando ven las muñecas colgadas eso no me lo quiero perder. Igual voy, los miro a los muchachos, les doy una mano en lo que necesiten, saben que yo estoy a disposición”. 

“No quiero quedarme con las cosas que sé, no me quiero ir sin enseñar todo lo que fui aprendiendo”, expresó varias veces a lo largo de la entrevista. 

Además resaltó que “a todo delegado” le pidió que en la plaza de calle 36 se instale una galería larga, con un baño, para que se puedan brindar cursos gratuitos de artesanías. 

Victoria irradia artesanía, pasión por lo que hace, y no quiere guardarse nada. Quiere enseñar y transmitir sus conocimientos para que su arte no se pierda.  

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