Opinión

Por Juan Francisco Risso

Dos tipos valientes

07|03|21 11:08 hs.

En La Plata, en épocas de El Proceso… había que estar. Ahora mismo estoy recordando un estadio que para mí era de Gimnasia y Esgrima, donde nos juntábamos doce mil monos. Escuchábamos no menos de diez conjuntos de primera línea y puteábamos a los milicos. Por supuesto, con policías por los cuatro costados. Perdone la imprecisión, pero nunca supe cuál era El Lobo y cual El Pincha. No era lo mío. Creo que era una gran cancha de básquet. 


Ahora bien: había que estar. Y una cosa era ser uno de esos doce mil que aullaban, y otra era estar en el escenario, perfectamente ubicable. Hoy pienso que éramos injustos cuando puteábamos a Piero porque se negaba a interpretar Para el pueblo lo que es del pueblo, porque en La Plata -y en esos años- te desaparecían, y… te desaparecían. No entiendo de deportes, ni de El Lobo ni El Pincha. Pero una frase perfecta, bueno… eso sí es lo mío. 

Aquella noche que recuerdo cantaba, entre otros, El Cuarteto Zupay. En un momento de silencio, uno de ellos avanzó un paso en el escenario, tomó el micrófono y dijo que cantarían algo que refería “a la página más negra de la historia argentina: la de los desaparecidos”. Ideologías aparte, Borges no lo hubiese dicho mejor. 

Allí estarían los García Caffi, capos de Zupay, radicales si mal no recuerdo. Y otros dos como segundo barítono y bajo. Un apellido me trajo hasta aquí. Pero sigo. 

Vagueando por el Facebook en algún momento me amisté con Bob. Magnífico caricaturista, admiré su estilo, le presenté obras del Pomo, hablamos de técnicas y aún de la vida, porque es otro veterano. Su fuerte fue -parece ser- el diario Río Negro. Por muchos años. Y por unos cuantos años hablamos de temas diversos, como un medicamento creado en Río IV hace muchísimos años, y que hoy sería útil como paliativo del Covid. Y hace muchos años yo manejaba hasta Río IV llevando a mi hermano Federico para que tratara su asma con ese medicamento. Hoy es un toro. 

El nombre completo de mi amigo en Facebook es Bob Row. Su real apellido es Bobrow, lo cortó en dos y ya. Pero recién ahora, años después, me dice que en épocas de El Proceso también ilustraba el Buenos Aires Herald ¡A mí me lo dice! Como testigo he vivido diciendo que en aquella época de terror y de crimen sólo dos grandes medios informaban: la revista Humor y el B.A. Herald, de Robert Cox por entonces. Los ateos tenemos nuestros altares y nuestros íconos, y allá arriba tengo a esas dos publicaciones como representantes de la dignidad. Hablando de grandes medios, no conocí otro que tratara de informar. A la larga, tras detenciones y amenazas serias donde también se jugaba a su familia, Cox debió emigrar. Pero hizo todo lo que pudo, se lo doy firmado.

 Bob no solo jamás me contó de cómo se la jugaba él en el Herald, armado con un plumín, sino que ahora le resta importancia. Me explicó que Cox le iba diciendo: ahora tené cuidado, ahora dale. Y eso era todo. Cuánta admiración me despierta. Como yo no tenía al Pomo para ilustrar mi nota anterior me mandó algo que él tenía de Jorge Sábato. Que nuestro Jefe de Redacción habrá incorporado a mis comentarios de hoy. El Triángulo de Sábato existe, figura en la red. Son enseñanzas que Sábato nos fue dejando en el camino de la ciencia, y que usted quizá quiera buscar y ver. La caricatura es perfecta. 

El otro Bobrow era uno de los Zupay, Gabriel. Hermano de Bob. Quizá el que habló en el escenario; quizá el que ponía la cara dos pasos más atrás, bajo reflectores. Dos tipos valientes en una época de terror, los Bobrow.  


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