Matías, Sebastián, Cali y Carlos María Mendiberri en el parque de El Fortín, el campo familiar

Cascallares y Copetonas

Cuatro generaciones formando parte de la Cooperativa

Mendiberri, una familia cooperativa

21|03|21 17:13 hs.

Sentido de pertenencia. Tan simple como contundente. Los Mendiberri son sinónimo de Cascallares y de la Cooperativa. Y en tiempos en que todo cambia rápidamente, en que parece cada vez más difícil inculcar valores y mantener tradiciones, ellos desafían la tendencia y hablan de la Cooperativa con afecto y con orgullo. 


En la mesa de la cocina de El Fortín, el campo que los Mendiberri trabajan hace casi 100 años, está Cali con sus hijos Matías, Sebastián y Carlos María. Tercera y cuarta generación de la familia que son productores agropecuarios y socios de la Cooperativa. Ambas cuestiones las adoptaron por herencia, como un legado. Y las abrazaron con pasión. 

El que inició el camino fue Juan Mendiberri, abuelo de Cali, uno de los fundadores y primer presidente que tuvo la Cooperativa. Estuvo en el cargo durante 20 años, hasta 1951. Uno de sus hijos, Carlos, papá de Cali, siguió sus pasos, primero en el directorio y luego en la presidencia, que ejerció entre 1966 y 1981. “Tengo dos pasiones: el cooperativismo y el fútbol”, era su frase de cabecera y se escuchó varias veces durante la charla con su hijo y sus nietos. 

En 1991 fue Cali quien ingresó al Consejo de Administración de la Cooperativa y fue tesorero hasta que dio un paso al costado, en 2010. Un poco antes se había incorporado a la entidad Carlos María, su hijo menor y agrónomo, pero no como directivo sino como asesor. 

Desde 2005, los tres hijos de Cali son socios de la entidad. 

Con las diferencias que marcaron cada época, las distintas generaciones de esta rama de los Mendiberri recorrieron el mismo camino. Así como Carlos se sumó a trabajar con Juan, y luego Cali hizo lo propio con su padre, Matías, Sebastián y Carlos María son los que siembran en El Porvenir. “Yo voy a seguir viniendo hasta que me digan que molesto”, avisa Cali que decidió correrse para dejar que sus hijos se desarrollen. 

Los comienzos de Cali no fueron fáciles, los recursos escaseaban y la Cooperativa cumplió un rol fundamental. “Te apoyaba en los momentos difíciles, te financiaba, y así podías llegar a la cosecha. Pero además, cualquier problema que tenías ibas a hablar con el gerente y tenías apoyo siempre”, dice. 

“Lo que se logra con el apoyo financiero es que te animes a un poco más, te ayuda a crecer y también, a trabajar más tranquilo”, aporta Sebastián. “El arrancó casi todo bajo arrendamiento y tampoco tenía herramientas, tenía muy poco”, se suma Carlos María para dejar en claro que fue determinante el sostén de la Cooperativa. 

Cali fue creciendo como productor, se incorporó como tesorero de la entidad, y para sus tres hijos la Cooperativa pasó a ser un paisaje diario. “Horas y horas nos quedábamos en la puerta esperando que él terminara de firmar cheques y acomodar papeles. Así le fuimos tomando cariño”, recuerda Carlos María. 

“A la Cooperativa ibas sí o sí, porque quedaba cerca, porque estaba el abuelo, porque la pasabas bien. Eso es lo que vivimos de chicos”, se suma Sebastián. 

“Eso es lo que te da el sentido de pertenencia. Por eso elegís asociarte a la Cooperativa de Cascallares, más allá de lo comercial”, interviene Carlos María. “El sentido de pertenencia pesa, y hace que siempre elijas trabajar con la Cooperativa”, agrega Matías. 

Los tres se criaron en El Porvenir, y a todos desde siempre les gustó el campo. Por eso se fueron sumando, cada uno a su tiempo y para cumplir un rol determinado, a la empresa familiar. “Matías desde los 7 años andaba en el tractor, lo de él eran las máquinas. Sebastián estaba más con los animales. Y Carlos María salió agrónomo”, indica Cali. 

No esconde que le causa felicidad que los tres hayan decidido seguir sus pasos, aunque aclara que él no le impuso nada a ninguno. 

Carlos María tiene un valor agregado que es su función de asesor agronómico de la Cooperativa. Otro motivo para estar agradecido y reforzar los lazos afectivos con la entidad. “Profesionalmente la Cooperativa me ha ayudado mucho. Y trabajar en ella es una gran satisfacción, por lo que significa como empresa, y porque es la Cooperativa que fundó nuestro bisabuelo hace 90 años y que tanto quería mi abuelo, y tanto ayudó a mi papá”, cuenta el agrónomo. 

Los Mendiberri se preparan para la foto familiar y la charla antes de llegar al final se mete en el presente de la Cooperativa. “Es una satisfacción ver lo que es hoy. Yo la conocí cuando no tenía nada, cuando empezaron a construir los silos de cemento. Mirá lo que es ahora…”, dice Cali. 

“Es consecuencia de la gente que ha tenido en el directorio y, principalmente, la intervención de la gerencia. Por algo Jorge (Duchosal) está desde hace tantos años”, cuenta Cali. 

“Pero además, tiene muchos socios fieles y también muchos empleados consecuentes”, completa antes de posar junto a sus hijos, orgullosos todos porque la foto es para una nota sobre los 90 años de la Cooperativa.


Carlos Mendiberri, hijo de Juan y padre de Cali. Fue presidente de la Cooperativa entre 1966 y 1981 y un apasionado por el cooperativismo



Juan Mendiberri, socio fundador y primer presidente de la entidad




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