La Ciudad

Violencia de género en pandemia

Vulnerables

04|04|21 11:56 hs.

Por Florencia Mascioli (*) 


La pandemia del coronavirus ha generado, sin dudas, cambios en el comportamiento de las personas y además, ha provocado un crecimiento desmesurado en una problemática que tiene en vilo al mundo: la violencia de género. 

La Ley Nacional de violencia de género (Ley 26.485, sancionada el 11 de marzo de 2009) la define como “toda conducta, acción u omisión que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito privado como en el público, basado en una relación desigual de poder, afecte la vida, la libertad, la dignidad, la integridad física, psicológica, sexual, política, económica o patrimonial de una mujer”.

Tipos de violencia 
Es necesario destacar, además, que la violencia de género, según la ley mencionada en el párrafo anterior, contempla varios tipos y que no solo hace referencia al golpe o en los casos más extremos, a la muerte. Existen varias formas de ejercer violencia contra la mujer. 

En primer lugar, la violencia física, que es la que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato agresión. 

Otra de las formas es la sexual: amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres.

La violencia económica y patrimonial, por otra parte, se refiere a aquella que busca menoscabar los recursos económicos o patrimoniales de la mujer, a través de la pérdida, sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales. 

También existe la violencia simbólica que puede ser definida como aquella que, a través de patrones o mensajes, busca reproducir dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales. 

Por último y no por eso menos importante, la violencia psicológica. Como es “invisible”, es la más difícil de detectar. Este tipo de violencia genera un gran daño emocional en la mujer, la disminución de su autoestima y además, de acuerdo a la Ley 26.485, “busca controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación aislamiento. Incluye la obediencia, la sumisión, el insulto, la indiferencia, el abandono, el chantaje, la explotación y limitación del derecho de circulación o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación”. 

“Buscan anular a sus víctimas ya sea con su forma agresiva de dirigirse verbalmente hacia ellas o bien, con el silencio, el desprecio e incluso, la indiferencia”


En números 
En nuestro país, de enero a diciembre del 2020, la línea telefónica 144 ha recibido un total de 108.403 comunicaciones por parte de mujeres para pedir ayuda. En cuanto al promedio, el número de llamadas al 144 llega a los 300 por día. Es decir que durante el 2020, unas 300 mujeres corrieron peligro y decidieron comunicarse con la línea de Atención a Víctimas de Violencia de Género.

Además, durante todo el 2020, de esos llamados telefónicos, un 95% de las mujeres denunciaron violencia psicológica; un 90% que ocurría dentro de su hogar y un 67% informó haber recibido violencia física: el 63% tienen entre 15 y 44 años. Según las estadísticas, el 90% de los agresores son hombres, el 44% ex parejas y el 39% la pareja actual. 



En diálogo con este medio, la especialista Gloria Ponce, jefa de Salud Mental del Hospital San Roque de Gonnet (La Plata), expresa: “Hay muchos tipos de violencia y no se las puede mirar desde una sola perspectiva porque sería reduccionista. Esta problemática tiene que dejar de ser vista solamente desde el lado de la Justicia o el ámbito policial, ya que también tiene que intervenir la salud pública y toda la comunidad como está pasando en estos últimos años para poder prevenir y aminorar los casos”. 

La especialista asegura que de esta forma, mientras sigan haciéndose visibles los casos, “todos podremos participar y modificar la mentalidad que, hoy por hoy, pasa por una cultura machista y de patriarcado, algo que creo que va a llevar muchos años poder redefinir o reestructurar”. 

Según datos oficiales del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, en la Argentina aumentaron un 18% las llamadas al 144 solo durante el año 2020, lo que evidencia que este flagelo ha ido en alza desde el 19 de marzo pasado, es decir, el comienzo de la “cuarentena”. 

Vulnerables 
Durante gran parte del 2020 y en el marco del confinamiento al que se ha visto obligado a permanecer el mundo entero, los casos de violencia de género han aumentado. 

El “encierro” durante la cuarentena estricta y luego, durante el aislamiento, ha generado que miles de mujeres hayan quedado en una situación de vulnerabilidad con respecto a sus agresores, ya sea psicológica, financiera e incluso emocional. 

Esto ocurre porque, según Gloria Ponce, la psiquiatra consultada por La Voz del Pueblo, “la pandemia generó que al estar más tiempo conviviendo con el agresor, hizo que compartieran más el día y la noche y ha hecho que la violencia se vea mucho más. Hay un dato curioso: se alquilaron muchísimos más departamentos en las inmobiliarias por la cantidad de separaciones que hubo durante la pandemia, y esto es significativo y nos da la mirada desde otro lugar”. 

Durante el aislamiento que produjo la pandemia -y sobre todo en los primeros tiempos- ha sido absolutamente difícil, para miles de mujeres en nuestro país, lograr, siquiera, intentar salir del círculo de violencia en el que se encontraban (ya sea dentro de sus casas, con sus parejas o bien, fuera de ellas, con sus ex parejas). 



Sucede que, según la especialista, “la mujer agredida o violentada está como con una “anestesia emocional”: deja de sentir porque está amedrentada, con miedo y es muy difícil que pida ayuda”. 

En una relación larga en la cual una mujer ha sufrido violencia de género, “ha habido años de maltrato, menosprecio, de quitarle la dignidad humana, de descalificación y la mujer va creyendo eso y se va transformando en una persona vulnerable, cada vez más estática, sin posibilidades de defensión”. 

Es por esta razón que la situación doméstica de violencia de género, en la mayoría de los casos, ha ido aumentando durante el aislamiento que todavía continúa. 

Sucede que la desigualdad de poder que existe en esas parejas hace que la relación entre el hombre y la mujer contemple un cierto grado de dominación por un lado y sumisión por el otro, debido a que por miedo, temor o bien, por esa “anestesia emocional” a la que se refiere Gloria Ponce, la víctima de maltrato se ve en una situación tan vulnerable como ínfima respecto a su abusador. 

Cómo detectarlo 
Cuando hablamos de violencia de género nos referimos, por un lado, a la víctima, es decir, a la persona que recibe ese tipo de comportamiento. Y por otro lado, a quien la ejerce, es decir, el agresor.

Si bien existen muchos tipos de agresores al igual que varios tipos de violencia, hay algo que los conecta, que los une, que los agrupa bajo un mismo patrón. En ellos está la concepción de la mujer como un objeto, como una cosa y por ello la “cosifican”. No la conciben como una persona independiente, sino más bien, la entienden como parte de su propiedad. 

En el caso de los femicidios -la expresión más extrema de la violencia de género cuya figura se incorpora al Código Penal en el año 2012- en general, el asesino presenta antecedentes de violencia física contra la mujer asesinada, antes de cometer el crimen. Pero también, la violencia de género está vinculada íntimamente con la psicopatía, que puede ser definida como una alteración de la personalidad caracterizada por el narcisismo, la impulsividad y las conductas de control y manipulación, todos ellos, rasgos que permiten definir un patrón común entre los agresores. 

Asimismo, este tipo de personas presenta un fuerte sentimiento de envidia hacia los demás, son completamente inseguros y no soportan la frustración. 

Los psicópatas carecen de empatía, es decir, no solo no se pondrían en el lugar del otro sino que además, nunca sentirán el dolor que provocan en su víctima porque tampoco les interesa. En ellos abunda el egocentrismo, la necesidad de una satisfacción personal, la necesidad de control tanto a las personas como a las situaciones, la sensación de tener poder o de simplemente, ser especiales respecto de los demás. 

En general, son impulsivos, buscan anular a sus víctimas ya sea con su forma agresiva de dirigirse verbalmente hacia ellas o bien, con el silencio, el desprecio e incluso, la indiferencia. Se victimizan para tener el control de las circunstancias, utilizan un lenguaje irónico y dañino, manipulan la realidad para hacer sentir culpable a su víctima e incluso, responsable de sus acciones. 

La violencia de género puede llegar, en extremo, a la muerte. Pero antes de ese paso, existen señales a las cuales hay que prestarle mucha atención: los agresores suelen castigar a sus víctimas con humillaciones, comentarios despreciativos, caras y gestos de desprecio, miradas de odio, silencios interminables, anulación y como no toleran la frustración, descargan su rabia hacia sus parejas o ex parejas. 

Y claro, todo este cúmulo de comportamientos provoca un círculo vicioso del que es muy difícil salir pero no imposible. 

  -0-0-0-0-0-

La pandemia “silenciosa”
Sin dudas, la pandemia del coronavirus ha cambiado al mundo. La “nueva normalidad” se antepuso a nuestros planes y nuestros proyectos e incluso, nos ha hecho repensar la forma de relacionarnos con los otros. El Covid-19 se ha cobrado la vida de millones de personas alrededor del mundo y lo sigue haciendo, día tras día. 

Pero hay algo que no cambia, incluso, durante la pandemia. La violencia de género es un problema con el que conviven miles de mujeres desde hace años y que se ha acrecentado significativamente durante el 2020. Evidentemente, la vulnerabilidad de las mujeres se ha transformado en el arma en la cual se han apoyado los agresores para disparar la bala de la cobardía. Porque si de algo no caben dudas es que aquellos que nos conciben como un objeto -digno de ser controlado y modificado a su antojo- lo que menos tienen es valentía. 

Y la pandemia ha potenciado el encierro, el aislamiento de esas mujeres que quizá antes estaban pidiendo ayuda y que se vieron obligadas a seguir conviviendo bajo el ala de aquellos hombres que les robaron desde la autoestima hasta la dignidad. 

Pero afortunadamente de todo se sale y nunca está de más pedir ayuda. Las cifras lo demuestran y queda claro que haciendo visible esta problemática, será más fácil incitar a todas aquellas mujeres que viven historias similares a que encuentren una solución a una situación que ellas no han elegido nunca. 

Durante el 2020, casi 300 mujeres por día se comunicaron telefónicamente con el 144 en nuestro país y en el 95% de los casos fue para denunciar violencia psicológica. Que los números no hablen solos: es tiempo de prestarles más atención, antes de que sea demasiado tarde.

(*) La autora es tresarroyense. Licenciada en Comunicación Social y Locutora Nacional