Emiliano Galende, doctor en psiquiatría y psicología, impulsor de la ley de Salud Mental

Opinión

Salud Mental

¿Y si hacemos algo diferente? (primera parte)

04|04|21 13:25 hs.

Por Agustín Báez (*)


Me encantó la pregunta, porque como todos sabemos, pensar algo diferente significa tener resultados diferentes, o sea “se sale de la zona de confort”,...“se cambia”. 

La idea de este artículo y otros futuros, es reflexionar sobre la importancia de la capacitación, actualización de los profesionales, terapeutas, acompañantes, familiares, enfermeras, funcionarios, políticos, entre otros para impulsar los cambios de paradigma y de actitudes, que las leyes requieren y con los cuales fuimos criados y educados, y no son fáciles de modificar si no es con la educación. Tenemos una gran ventaja ya que contamos con una gran institución como es el CRESTA, de la cual formé parte de la comisión de apoyo desde el mismo nacimiento con el decreto 3517/2004 y posterior intervine en un trabajo conjunto con innumerables actividades de capacitación, hasta la fecha. 

Nuestra historia de vida y la de nuestros hijos debería estar protegida por varias leyes que en general no se cumplen y que son muy interesantes. Me refiero a la “Convención Internacional de los Derechos de las personas con discapacidad” (CDPCD) enmarcada en la ley 26378/2008; La ley de Salud Mental (SM) 26657/2010; Código Civil y Comercial de la Nación 26994/2015 que con los artículos 31 y 43 entre otros establece algunos principios de la CDPCD y porque no la “Declaración Universal de los derechos humanos” del año 1948 (rige hace 73 años), entre otras varias leyes, normativas, ordenanzas que muchos desconocen y somos especialistas en no cumplirlas. 

Existen compromisos internacionales con la Corte Interamericana de Derechos Humanos firmados en 2019; el Plan de Acción para Salud Mental, con el Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud. 

La sanción de la Ley de Salud Mental 26.657 de noviembre de 2010, constituyó un hito en la sociedad por la transformación del modelo de abordaje, impulsando un cambio de paradigma, al disponer la sustitución definitiva del sistema manicomial, basado en la internación en hospitales psiquiátricos, por un modelo de atención comunitaria, que debería estar basado por una red integrada de dispositivos que garanticen una atención humanizada y de calidad y que permitan a las personas vivir con autonomía y sin ser segregadas en instituciones. 

“Si creemos que “la enfermedad” son solo los síntomas, si esa es la comprensión del sufrimiento mental, seguramente nos conformaremos con calmar o eliminar esos síntomas”


Sin duda, hubo algunos avances en el cumplimiento de la ley, pero no es suficiente. La ley 26.657 dispone en su artículo 9 que el proceso de atención de la salud mental “debe realizarse preferentemente fuera del ámbito de internación hospitalario y en el marco de un abordaje interdisciplinario e intersectorial, basado en los principios de la atención primaria de la salud” y con profesionales y auxiliares capacitados y/o actualizados. 

En el mismo sentido, el Plan Nacional de Salud Mental 2013-2018 preveía como uno de sus objetivos el fortalecimiento del primer nivel de atención en el marco de la Atención Primaria de la Salud, incorporando recursos humanos de Salud Mental en los Centros de Atención Primaria y capacitando en servicio al personal que trabaje en ellos. 

Los Centros de Atención Primaria forman parte de la red de servicios generales y juegan un rol esencial en materia de promoción, prevención, detección temprana y tratamiento oportuno de las crisis, además de ser más accesibles y cercanos para las personas que requieren asistencia.

En mi caso en particular siempre insisto en todos los ámbitos de incorporar las capacitaciones que tiene que ver con la CDPCD, Ley de Salud Mental, en todas las instituciones, Institutos de formación docente, universidades con carreras sociales, arquitectura, psicología, asistentes sociales, trabajadores sociales, acompañantes, etc., porque exigen cambios de paradigma para los cuales no estamos formados.

Capacitación continua 
Me fundamento en las declaraciones realizadas a un medio del impulsor de la ley de Salud Mental, doctor en psiquiatría y psicología, Emiliano Galende, en relación a si los profesionales están capacitados para implementarla adecuadamente. Su respuesta fue que “Salud Mental hoy requiere de especialistas integrados en equipos interdisciplinarios (artículo 8 de la ley), formando criterios de atención y a la vez ampliando los recursos de intervención. Esto requiere que los psicólogos, los médicos, los trabajadores sociales, los enfermeros, tengan una formación que les permita actuar con los recursos de atención de las familias, la comunidad y así potenciar el alcance social de los mismos servicios”. 

Galenda realiza un análisis muy claro. No olvidemos que finalmente actuamos como comprendemos el problema, si creemos que “la enfermedad” son solo los síntomas, si esa es la comprensión del sufrimiento mental, seguramente nos conformaremos con calmar o eliminar esos síntomas. Para actuar en las determinaciones complejas de un sufrimiento mental hay que tener una comprensión también compleja del trastorno. Eso aún falta en los planes de estudio. 

Hay una relación antagónica y contradictoria, que surge entre las propuestas de una comprensión bio-psico-social de la Salud Mental y la actual utilización generalizada del psicofármaco


La mayor parte de los problemas de sufrimiento mental severo, no sólo en las psicosis, están articulados a situaciones sociales de desamparo, expulsión social, desempleo, marginalidad. Estas condiciones forman parte de su sufrimiento y plantean una complejidad: además de aliviar los síntomas, hay que ayudar con su vivienda, su posibilidad de empleo, recuperar vínculos familiares, lograr una rehabilitación social, reintegrarlos socialmente a través de programas específicos. Todo esto forma parte de la enfermedad y requiere formación para atenderlos. 

La evolución y la posibilidad de recaídas, depende de que estas personas logren tener empleo, vivienda e integración en la sociedad. Calmar solamente los síntomas expone sin duda a la recaída, y en definitiva, transforma en crónicos muchos trastornos por deficiencia de la atención. 

La capacitación y formación de recursos humanos se detallan en el anexo III (Acta N° 6/14: Comisión Nacional Interministerial en Políticas de Salud mental y adicciones). Se brindan una serie de recomendaciones a las universidades públicas y privadas, en relación a la formación de los profesionales, que sean acordes con los principios políticos y dispositivos que se establezcan en cumplimientos de la ley (herramientas y dispositivos de inclusión social). 



Sin duda que no es una tarea sencilla por la gran complejidad que significa el campo de la Salud Mental. Especialmente de la relación antagónica y contradictoria, que surge entre las propuestas de una comprensión bio-psico-social de la Salud Mental y la actual utilización generalizada del psicofármaco, junto a la explicación médica del trastorno psíquico, para su tratamiento. 

Esta mirada forma parte de la evaluación social y cultural del tema que realiza Galende. Intenta recuperar lo esencial de la comprensión para una acción transformadora sobre el sufrimiento mental. Una razón basada en la relación con el semejante, quien pide ayuda, en la intención de lograr una comprensión capaz de transformar sus síntomas y de habilitar potencialidades de autonomía para actuar sobre su realidad. Los dos elementos, la comprensión en conjunto y la relación entre quien padece el trastorno y quien lo ayuda, son complementarios y constituyen lo esencial del proceder terapéutico.

(*) Integrante del grupo de padres Más Inclusivos de Tres Arroyos   

Agustín Báez


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