En su casa. Juan Gutiérrez en la cancha de El Nacional

Deportes

Entrevista a Juan Gutiérrez

“Hay que tratar de mejorar todos los días, no conformarse con llegar”

02|05|21 00:19 hs.

Cuando Juan Gutiérrez era chico, no se imaginaba como jugador de fútbol en un club. Simplemente cruzaba enfrente de su casa, en Sáenz Peña al 1500, a los terrenos baldíos y se sumaba a “los picados”. Eso sí, antes hacía los deberes que le daban en la Escuela 15. Dice, en este sentido, que “cuando sos chico lo único que querés es jugar, son las ocho de la noche y estás jugando a la pelota en el barrio”. 


Sus padres eran Waldo Néstor Gutiérrez y Elsa Noemí Amestoy, quienes tuvieron siete hijos. Juan empezó a trabajar en la adolescencia, para “ayudar un poco a mi familia, era lo primordial. Quería terminar el primario y buscar un empleo”. Se empezó a desempeñar como repartidor en una carnicería del Mercado San Martín, actual Museo Mulazzi. Recuerda que “el apellido de quien tenía el puesto era Di Marco. Mi hermano mayor, que falleció, estaba trabajando ahí detrás del mostrador y me hizo entrar para hacer el reparto en bicicleta”. Y agrega, con una sonrisa: “la bicicleta era más grande que yo, con un canasto de madera. Tenía 12 o 13 años. Había muchos clientes en casas y en hoteles. Me faltaba un año para terminar el colegio, me pasé a la educación nocturna, finalicé la Escuela 15 por la noche”. 





En sus palabras, se percibe la dignidad del esfuerzo. “Me gustaba porque colaboraba en mi casa, ayudaba a mi familia a pesar de que mi papá trabajaba, y me ganaba una platita para mí”, señala. 

Su padre tenía el oficio de albañil e integraba el personal de la empresa de construcción de Zurita. “Con el tiempo se separó de mi mamá, ella siguió luchando para criarnos a todos. Cada uno a medida que fue creciendo buscó trabajo y gracias a Dios así pudimos ir avanzando”, valora. 

 Ser consciente 
Su primer club fue Villa del Parque. Cuenta que “Antonio Méndez, quien vivía en calle Estrada, empezó a trabajar en inferiores y llevaba chicos del barrio. Me entusiasmé. Fuimos a la Liga, me fichó mi mamá”.

 Fueron los pasos iniciales en el fútbol. Allí hizo “prácticamente todas las inferiores. Ya en Quinta División no jugué. Conocí al Chivo Rivada, al Ruso Beigbeder, a los hermanos Pontacq, un club muy lindo y tenía muchas inferiores. Antonio era muy buena persona, de formar a los pibes, de darte acompañamiento en la vida cotidiana”. 

Antonio Méndez inició posteriormente la misma tarea pero en El Nacional. “Un día, conversando, me dijo si no me gustaría ir y así lo hice -puntualiza-. Empecé en Quinta División, jugué pocos partidos, y luego en Tercera. Me tocó el servicio militar, fui a Olavarría, estuve nueve meses y salí en una baja especial. Cuando volví ya me pusieron en Primera”. 




Debutó en el primer equipo del Decano con Martín Ozán como director técnico. “Mi debut fue en 1983 en Chaves ante Huracán Ciclista, en ‘el cajoncito’, la cancha que tenía antes. Era difícil jugar ahí”, observa. 

Más allá del contexto en cada partido, subraya que “en líneas generales tengo una personalidad muy fuerte, no me influye lo de afuera, el árbitro, el rival tampoco. Soy muy convencido de lo que yo hago y de lo que mi equipo hace. La cabeza es lo principal en un jugador de fútbol, el querer todos los días estar un poquito mejor, no decir llegué y conformarse”. 

 Considera que el desafío no es llegar, sino mantenerse y evolucionar. “Hay que estar bien de mentalidad -reitera-. Ser consciente de que aquello que lograste debes ir mejorándolo día a día, porque nadie te lo regala”. Juan reflexiona que “a veces estás en Primera, jugas bien tres partidos. Recibís elogios, te podés confundir. Es como que no afirmas todo el pie, afirmas la punta y es un error que se comete”. 

Martín Ozán lo ubicó en la posición de 8, como volante por la derecha. “El que me hizo defensor, marcador central, fue Bruno Zinni. Llegó por primera vez a El Nacional en 1984, el año anterior habíamos descendido. Fue poniendo pibes. En 1985 estaba la base del club y llegaron refuerzos como Robledo, Tati Fernández, Jimmy Jiménez, Beigbeder, entre otros. Salimos campeones de Segunda y en 1986 logramos el campeonato de Primera”, indica.

 Al describir el perfil del equipo, afirma que “jugaba bien, había buen grupo y sobre todo rescato que todos tiraban para el mismo lado. En el plantel tenías voz de mando, gente con experiencia. Aprendí muchísimo”. 

Enumera a algunos de los referentes de la institución, a modo de ejemplo, como “Suhit, Arámbulo, Poroto Fernández, Andreasen, Gustavo Coronel, Pablito Granero, el Mono Viera, Gustavo Ferrario, Daniel Salomón. Por supuesto, hay más. Yo participé en muchos torneos con ellos”.

 Es una actividad que la desarrolló con dedicación. “Me lo tomé de manera muy profesional -afirma-. El hincha, la gente que paga la entrada, los dirigentes, tus compañeros, tu familia que iba a la cancha. Quería que me vieran bien”. 

Por esta razón, cuando estaba de vacaciones en Claromecó, se levantaba a las seis de la mañana para salir a correr en la playa. “En verano, antes y después de las vacaciones, cuando venía de mi laburo, hacía 12 kilómetros corriendo. Entonces al llegar el tiempo de volver a entrenar con el plantel, estaba en condiciones”, explica. 

Relata que muchos le decían “es una locura lo que vos hacés Juan” y expresa: “Era mi forma de ser, mi temperamento”.

 La clave es tener una conducta responsable. “Por ahí me pongo a hablar con los chicos de ahora que están llegando y les digo si tienen que jugar el domingo, enciérrense el fin de semana, es cuidarse muchachos -exclama-. Yo los sábados me acostaba a las ocho de la noche y andaba de novio. Mi novia, que ahora es mi señora, me bancaba y me apoyaba”. 



Admite que “soy muy exigente conmigo mismo. No solamente en El Nacional, en todos los equipos que tuve la suerte de jugar lo hice siempre igual. Creo que la vida me dio el premio de haber jugado con lo mejor que pasó en la Liga de compañeros y de rivales. A cancha llena. A fines de los ‘80 e inicios de los ‘90”. 

Hace una pausa y nombra a notables futbolistas del citado período. “El Nacional tenía a los hermanos Portugal, Chichín Alvarez, Conejo Pérez, Mario Márquez, todos venían de jugar el Nacional B. En Quilmes estaban los hermanos López, Eduardo Kohli, Murro, Barbeito, Ivanoff, Montero, Valenzuela. Ibas a ver a Huracán y tenía a Claudio García, Moreno, Franklin Martínez, Néstor Di Luca. Boca con Ruberto, Longo, unos equipos enormes. Es un premio para mi haber jugado con muy buenos futbolistas y muy buenas personas”, manifiesta con gratitud. 

También en el Decano compartió equipo con “Peralta, Cárdenas, Chuleta Fernández, Racich. Todos venían con mucha chapa. Llegaban el miércoles, se quedaban jueves y viernes. Entrenaban como cualquiera de nosotros y te enseñaban”. 

En 1988, Juan jugó un torneo regional con El Nacional, que tenía a “Tota Beitía, Di Luca, Bermegui, Marcelo, Aranzabe, el Gallego Alvarez, Silva. Y en Alumni Azuleño, que fue uno de los rivales, estaban Ivanoff, Montero, Kohli; nos ganaron por diferencia de gol”. 

 Otras experiencias 
Durante dos años integró Colegiales, también con Bruno Zinni como técnico. “Estaban el Gallego Del Río, Starópolis, Andrés Mónaco, Sergio Bonana”, comenta. 

En 1999 se sumó a Recreativo Echegoyen, que tenía “jugadores del club y llevó a Lelo Di Luca, yo, algún otro jugador de Tres Arroyos, y dos refuerzos de Necochea. Perdimos la final de la Liguilla con San Martín”. Se refiere a dirigentes y allegados de Echegoyen como “muy buena gente, un ambiente de famiia. Me acuerdo del papá de Pablo Salvai, de Tenaglia, hacían lo imposible para que vos estuvieras cómodo. Son recuerdos que a mí me quedan. Iba todos los días a entrenar y los fines de semana a jugar, le dedicaba muchas horas. Se te comprometés, hay que cumplir. Entrené toda la vida de noche y en invierno, a veces, veíamos cuando empezaban a caer las heladas”. 

En la temporada 2001, ya nuevamente en El Nacional y con Luis Serra como técnico, decidió que era el año de la despedida en el fútbol de la Liga. Ascendieron y en 2002 –reiterando lo que sucedió en 1985-1986-, el club logró el campeonato de Primera. “Serra es muy buena persona. Exigente, de entrenar y trabajar, responsable”, elogia. 

En 2002 y 2003 jugó en la Liga Comercial, para La Mercantil Andina, por invitación de un amigo. Relata una anécdota de una tarde en 2004: “un día regresé del trabajo a mi casa y mi señora me dice te vinieron a ver. Era Serra, quería hablar conmigo. Al rato volvió, estaba dirigiendo a Olimpo y andaba buscando un marcador central. Le respondí que llevaba dos años sin hacer nada, solamente ir y jugar en la Liga Comercial. Me convenció con el argumento de que yo me ponía en forma rápido, empecé a entrenar y me embalé”. 

Es así que en 2004 y 2005 jugó en Olimpo, que todavía utilizaba la cancha anterior en el barrio. “En el equipo que integraba en la Liga Comercial estaba Pitufo Alvarez, volvió a jugar en 2004 porque Serra lo llevó a Olimpo. En 2005 ascendimos”, relata. Otros de sus compañeros eran “Quintana, Martín Ascorti, en un parte de esa etapa estuvo Guillermo Sauce y la base del club”. 

 Su último año de práctica deportiva en la Liga de Tres Arroyos fue en Cascallares, en 2006. “Jugué hasta los 42 años –sostiene-. Participé del torneo, no en la liguilla. Llevaron muchos jugadores”. 

 Quilmes y Huracán
En su trayectoria, intervino en dos regionales. Con El Nacional en 1988 y luego en Quilmes, como refuerzo. “Venía del trabajo a las siete y media, me iba a entrenar al complejo con el profesor Abraham y Mario Epherra, que era el técnico, nos juntábamos ahí los que no podíamos ir al mediodía, entre ellos Martín Giménez de Chaves. El equipo contaba por ejemplo con Claudio García, el Pato Schmidt, ya estaban los dos Julián, Cacarito Vázquez, Coronel”. 

En la década del ’80 tuvo una oportunidad inolvidable. “Durante una semana, participé en el plantel que dirigía Hugo Zerr en Huracán. Por decisión mía prioricé el trabajo. Yo tenía mi familia, estaba relativamente bien como para arriesgar a dejar mi laburo. Pero es una vivencia única”, expresa. 

 Triunfos 
Ganó cinco títulos. Cuatro con El Nacional (ascenso de 1985, Primera en 1986 y 1988, el ascenso en 2001) y uno en Olimpo (el ascenso en 2005).

 Además de tales logros, le queda la tranquilidad de haber entrenado y jugado de acuerdo a sus convicciones. La alegría por tantos compañeros que lo apuntalaron y ayudaron en su crecimiento. La gratitud por haber transitado un camino inolvidable en el fútbol, deporte que conoció de muy chico en los terrenos baldíos de calle Sáenz Peña.   


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El orgullo y la alegría que genera la familia

Juan Gutiérrez está casado con Mirta Susana Bramajo. Tienen cinco hijos: Carlos, Vanina, Patricia, Diego e Iván. Trabaja en la Chacra Experimental Integrada Barrow desde hace 35 años y su hijo mayor también es empleado en esta entidad. “Carlitos salió campeón de Segunda con Argentino. Un año empezó a jugar en Argentino y ascendió con Guillermo Sauce como técnico”, comenta. 

Otro de sus hijos que jugó al fútbol es Diego. “Hizo inferiores en El Nacional, después pasó a Olimpo. Le digo, estás marcado por la varita mágica. Estuvo dos años sin jugar, cuando Unión volvió a la Liga, se incorporó al plantel y salieron campeones, lograron el ascenso”, recordó. Lo elogia porque “tiene unas condiciones bárbaras. Es hábil, rápido. Se adapta a cualquier sistema”. 


Acompañado por Alexis, uno de sus dos nietos


Omar Espinal fue técnico de Unión el mencionado año y luego lo contrató Quilmes. Llamó a Diego para que forme parte del Cervecero. “La gente de Unión le dio el pase a préstamo y salió campeón con Quilmes”, afirma. 

 Juan señala que “Diego estuvo luego en Cascallares, pero ahora se le complica entrenar porque trabaja en el campo. Los dos juegan en la mitad de la cancha hacia arriba. Carlitos dejó, empezó a jugar en la Liga Comercial”.

 Sus dos hijas están en pareja y son mamás. “Tengo nietos -expresa con satisfacción-. Vanina tiene a Carmela, una beba que va a cumplir dos meses; y Patricia es madre de Alexis”. 

Con énfasis, dice que “la familia es fundamental, lo más importante que tiene el ser humano. Cuando ganás estás contento, ahora cuando perdés, los que te aguantan son tu señora, tus hijos, te contienen”. 

Se muestra agradecido con su esposa porque “toda la vida me acompañó. A ella le gusta el fútbol, sufría conmigo cuando perdía y se alegraba en las victorias, la conocí jugando al fútbol. Eso hace que realmente uno se sienta reconfortado, estoy orgulloso de mi familia y de todo lo que logré con el apoyo de ellos”.  


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Colegas
“Tengo muy buena relación con todos los jugadores con los que he jugado”, afirma Juan Gutiérrez. 

Describe a Claudio García como “un jugador bárbaro, descomunal. Primero en todo, para entrenar, para jugar, ganador al máximo, quiere siempre más y no se conforma, y entrena como juega, un animal”. 

Habla con admiración de Franklin Martínez, Eduardo Kohli, Néstor Di Luca, de quien señala que “es buena persona, buen compañero, te enseña”. 

 Sostiene que le debe mucho a Abel Peralta, Mario Márquez y otros referentes que “te van marcando en tu carrera”. 


Lealtad
Lo expulsaron una vez. Cuando ascendió Olimpo en 2005, ante Argentino en la cancha de Boca. “Hubo un altercado, un penal mal sancionado en contra nuestro. Con Guillermo Sauce no dejábamos patear el penal. Tuve que ir a declarar a la Liga, me dieron diez partidos. Fue un problema con el juez de línea, no con el árbitro. La otra final la miré desde adentro del vestuario. Quedó como anécdota”, rememora. 

Después alguna vez quedó suspendido por acumulación de amarillas. Manifiesta que “no tenía roces con los árbitros. Y nunca se me cruzó pegar una patada con mala intención”.   


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Técnico en inferiores y la reserva

Durante ocho años, Juan Gutiérrez fue técnico en las divisiones inferiores de El Nacional, en una tarea que realizó junto al profesor de Educación Física Marcelo Daseville.

 Cuando Omar Espinal se desempeñó como director técnico en Quilmes, Juan trabajó en las inferiores; mientras que en Unión durante tres años dirigió a la reserva.  

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