Agustín Márquez comenzó a ejercer como bombero Voluntario en junio del 2020

La Ciudad

Agustín Márquez tiene 19 años

Con la vocación de servicio como estandarte

23|05|21 09:52 hs.

Vive en Tres Arroyos, su ciudad de origen. El gen de la voluntad de servicio es algo que parece correr por las venas de su familia desde generaciones pasadas ya que su abuelo, su tío y su primo también fueron bomberos. Agustín Márquez cumplió en abril 19 años y desde los 12 que asiste a la Escuela de Cadetes. Egresó además en 2019 del Colegio Nuestra Señora de Luján, en donde cursó la modalidad de Economía y Administración. 


Según le han contando, la vocación le viene “desde muy chico. Yo no me acuerdo, pero me han dicho que ya en el jardín dibujaba cosas de bomberos. Me llamaba mucho la atención desde chiquito”. Tal vez haya influido en ese interés que su abuelo y su tío abuelo lo llevaban desde que era un pequeño de tres años al cuartel, donde algunos compañeros actuales lo vieron crecer y convertirse en la persona con la que hoy trabajan codo a codo. 

En su familia “tengo a mi abuelo que es bombero, aunque hoy en día está en la reserva activa, pero sigue prestando servicio en situaciones especiales que se lo requiera. Mi tío que falleció, el hermano de mi abuelo, era bombero. Mi primo también era bombero, pero se tuvo que retirar. Yo desde los doce años que integro la Escuela de Cadetes y a los 18 pasé a ser bombero, que es el siguiente paso”, comentó. 

Entrar a la Escuela de Cadetes era un anhelo muy grande para Agustín. “Ni bien se abrió la inscripción por primera vez, yo me metí. Me acuerdo que fui a La Rural y me inscribí. Un sábado fue”, dijo mostrando cómo aún ese recuerdo perdura vívido en su mente. 


Para Agustín “la vocación es fundamental” en este trabajo




De cadete a bombero 
En la formación como cadete “uno no presta servicio, pero se capacita desde temas básicos para después seguir con cosas más complejas. Se ven todos los temas y se hacen prácticas para las tareas que algún día uno puede ejercer como bombero, o no. Los más comunes por ejemplo son traumas en lo que es emergencias médicas, incendio estructural, rescate vehicular, incendio forestal, rescate en estructuras colapsadas, esos son los que usamos con más frecuencia por ahí”, indicó Agustín. 

Su experiencia con los instructores de Tres Arroyos ha sido muy buena. “Están muy capacitados, entonces abordan los temas desde la pedagogía, porque para enseñarle a un chico de doce años, como a la edad que yo entré, no podes darle un material muy específico. Realmente se trabaja mucho para que los chicos entiendan, porque así como vemos esos temas, uno también ve normas, leyes y reglamentos”, expresó. 

Como Bombero Voluntario comenzó a ejercer en junio del 2020. 

“Uno al entrar como cadete, ya vas con cierta formación. Yo me acuerdo que cuando ingresé con 12 años, eramos más de cuarenta chicos y terminamos quedando cinco o seis”, dijo. 

En la Escuela de Cadetes tienen una o dos clases semanales y a su vez son invitados a participar los fines de semana de tareas de limpieza de auto bombas o para hacer los controles de los camiones, como una forma de motivar e ir introduciendo en la cotidianidad a los chicos. 

Para Agustín “la vocación es fundamental. A muchos no les gusta porque no les va la exigencia o no es lo que esperaban. Tener que levantarte un sábado a las 8 de la mañana para estar en el cuartel, teniendo 15 o 16 años, no todos tienen ganas de hacerlo porque implica por ejemplo que no puedas salir un viernes a la noche. Hay que resignar algunas cosas, por eso queda el que le gusta”. 

En ese sentido, él no lo sintió como un sacrificio porque “yo lo que hago, lo hago por amor al prójimo. Para mi no significa nada dejar una cena o resignar una juntada porque al otro día tengo que ir temprano a hacer una guardia”, manifestó. 

En este momento, en el cuartel crearon burbujas de trabajo para evitar, en caso de que pase, contagiarse por coronavirus todos a la vez, pues sino no habría quien preste servicio. “Todos estamos ahí adentro por lo mismo, nadie tiene ningún interés porque es algo voluntario, entonces es un ambiente muy lindo. Hay compañeros que los considero como hermanos, por eso esto de las burbujas es complicado porque si uno está dividido en el cuartel, también tiene que tener la responsabilidad de no juntarse afuera. A algunos hace meses no los veo por ese tema, pero es una cuestión de responsabilidad”, sostuvo. 


El objetivo de Agustín es especializarse en emergencia médica




La vida de estudiante 
Cuando Agustín egresó en 2019, se abrió en Cresta la inscripción para la Tecnicatura Superior en Enfermería, con duración de tres años, por lo que enseguida decidió anotarse. 

Su vocación por la enfermería “también viene hace bastante, a eso de los 15 o 16 años cuando me empecé plantear qué estudiar. La verdad que no lo tuve que pensar mucho. Desde el entrenamiento de bomberos a mi siempre me gustó lo que es traumas, tratamientos de primeros auxilios y emergencias médicas”. 

Cuando llegó el momento de la elección, cuenta que decidió formarse para ser un profesional de la salud. “Mi objetivo es ejercer como paramédico o en la emergencia médica. Cuando se abrió enfermería justo ese año que egresaba, me pareció una oportunidad tremenda. Me anoté realmente sin conocer demasiado en profundidad sobre el programa, pero cada día que curso me doy cuenta que me encanta”, explicó. 

Gracias a la formación de cadete, Agustín adquirió experiencia en el ámbito de atención a emergencias, “incluso lo he hablado con un par de compañeros y compañeras que yo ya cursando la carrera tengo conocimientos previos. Y no sólo los conocimientos sino la experiencia, porque he asistido en primeros auxilios, accidentes, rescates, entonces como que de ese lado también me sirve para la carrera”, manifestó. 

Actualmente se encuentra cursando primer año de tres que son en total. “Este debería ser el segundo pero la cursada del año pasado fue muy tranquila, que no se tomo en cuenta, entonces recién en 2021 comenzamos oficialmente”, sostuvo. 

El año pasado funcionó como un acercamiento para los ingresantes de enfermería, pero este año “tenemos una exigencia mayor, como cualquier carrera, en la cursada de todos los días, parciales, entrega de trabajos prácticos, pero no lo hago como una obligación. Si bien me estreso como cualquier estudiante, lo hago por amor, lo hago sabiendo que debo estudiarlo si el día de mañana quiero ayudar a alguien y hacer el trabajo de la mejor manera posible”, declaró Agustín. 

Cuando se reciba quiere continuar una Diplomatura en Emergencias Hospitalarias que se encuentra disponible en la localidad, ya que “me viene como anillo al dedo. También hacer si puedo la carrera de Técnico en Emergencias, que me sumaría muchísimo. Distintas capacitaciones, siempre orientadas a la emergencia, que es lo que a mí me gusta”. 

A partir de este año le tocaría hacer prácticas pero por la situación sanitaria no se puede concurrir al Hospital todavía. “Ojalá que cuando me reciba, si Dios quiere, esté más tranquilo todo y haya pasado esta situación”, remarcó. 

El apoyo mutuo 
Agustín recuerda que como cadete, hubo situaciones que lo marcaron mucho. Pero se describe como una persona un poco fría, que no se suele impresionar en el momento de atender las emergencias y hacer su trabajo como debe. “En ese instante por lo menos uno no se pone a pensar en lo sentimental, uno hace lo que tiene que hacer. Si te toca atender un accidente, tenes actuar rápido y bien. Después cuando pasa, y te encontrás solo en silencio, te suelen venir las imágenes o los recuerdos de la gente”, aseguró. 

En situaciones de tensión como lo son las emergencias, “uno tiene que hacer de mediador porque no solo tenes que atender la situación sino tranquilizar a la gente que está alrededor, es un rol importantísimo”, explicó. 

Hace aproximadamente un mes, contó que “sonó la sirena un día que llovió mucho. Yo en el camino me caí y me lastimé la pierna. Incluso yendo en la auto bomba me iba cambiando y miraba como sangraba la herida. Cuando llegamos al incendio, que gracias a Dios eran un principio de incendio, uno de los chicos que entró a la casa me indicó que vaya a tranquilizar a la mujer, porque al estar lastimado no podía hacer el trabajo de fuerte”, comentó. 

“En ese momento –continuó- ya no sos el bombero que apaga fuego, el que rompe una puerta o uno que se sube a un techo. Sos el bombero del lado humano. Entonces, no tenes que sacar una herramienta, sino que tenes que contener a la persona”. 

Agustín sostuvo que “uno nunca se olvida de ese lado humano. No estás atendiendo una fractura o un paro cardiorrespiratorio, estás atendiendo a una persona que le pasó eso. No se deja de lado esa dimensión empática. Para eso también nos capacitamos mucho en lo que es psicología en emergencia, para contemplar esos aspectos”. 

Hoy en día en el cuartel cuentan con un bombero que realizó un curso de auxiliar de psicología en emergencia, por lo que tiene la capacidad de atender a las víctimas de un siniestro o a cualquiera de sus compañeros en caso de ser necesario. 

El orgullo familiar 
Al apoyo familiar para cualquier individuo en su vida cotidiana y en las decisiones que toma para su futuro es importante. Agustín en ese sentido dijo que “tengo todo el apoyo de mi familia. Antes de que yo naciera ya había bomberos, entonces se han adaptado de alguna forma. Ellos juegan un rol importantísimo en el apoyo. Entienden el trabajo al haber otros que hacían lo mismo antes que yo. Cuando suena la sirena en mi casa, hay uno que corre a abrirte el portón para que salgas con la bici, o sacan el auto y te llevan”. 

Con su vida de estudiante también lo apoyan siempre y “están orgullosos de que estoy haciendo una carrera tan humana”. 

En ese sentido, comentó que “el orgullo primero es mío, por poder seguir con la tradición familiar. A veces me siento a reflexionar y pienso que la verdad tengo una profesión hermosa y realmente no quiero dejar de hacerla hasta que no esté más acá”.