Opinión

Editorial

Expresiones

30|05|21 10:17 hs.

Las manifestaciones anti cuarentena sucedidas durante la semana pasada en Rosario, Córdoba y Buenos Aires, expresan una faceta oscura dentro de un contexto pandémico que no da tregua en relación al nivel de contagios. Los denominados negacionistas anti vacunas, una definición elocuente que por sí misma transmite la ausencia de argumentos que poseen ese tipo de grupos, sus mensajes provocadores y ofensivos sumados al carácter anti ciencia de sus puntos de vista, son peligrosos. 


Es innegable la existencia de la pandemia y la discusión acerca de su origen, una fuga de un laboratorio en China o a causa de la comercialización de alimentos congelados o de ciertos animales en los mercados multitudinarios y enormes de Wuham, todavía está abierta. Aunque las noticias, a través de la voz de los científicos más variados, ven poco probable la primera opción, la geopolítica internacional la trajo a la palestra, al conocerse la orden del presidente norteamericano, Joe Biden, de darle a la Central de Inteligencia Americana (CIA) un plazo de noventa días para elaborar un informe en tal sentido. 

Finalmente, más tarde o más temprano, se conocerá la respuesta a este interrogante sustancial. Independientemente de ello, la pandemia sigue ahí y hasta el momento son pocos los países que la han logrado controlar a fuerza de restricciones, ensayos y errores, capitalizar experiencias ajenas y, ¿qué duda cabe?, vigorosos planes de vacunación. 

Es cierto que vivimos en una sociedad libre y que en ella, todas las expresiones deben tener su cauce, más aún aquellas que no son compartidas por determinadas mayorías. La pluralidad debe ser salvaguardada a toda costa y la censura, debería estar erradicada. Estos días, a causa de las marchas negacionistas, en el periodismo se suscitó el debate en torno a sí deben ser reflejadas mediáticamente dichas movilizaciones. 

Deben ser contrarrestados con información seria, sostenida por la ciencia y la estadística, más testimonios, imágenes, relatos y experiencias


Mostradas, para que la opinión pública saque sus conclusiones; incluso, asumiendo que lo que argumentan es falso, carece de sustancia científica y por ende, constituyen expresiones que no soportan el escrutinio más elemental, sean o no, profesionales de la salud, algunos de sus exponentes. Además de que ponen, con puras mentiras, en tela de juicio el esfuerzo ciudadano, sometido a límites, avances, contramarchas e incertezas. 

Creemos que sí, que deben ser visibles, porque son hechos de la realidad, aunque irónicamente la niegan. Pero deben ser contrarrestados con información seria, chequeada y, en este caso en particular, sostenida por la ciencia y la estadística, más testimonios, imágenes, relatos, experiencias recogidas a lo largo y a lo ancho del mundo, como también a lo largo y a lo ancho de nuestra ciudad. La evidencia de lo que vivimos es tal y tan abrumadora, que supera los límites de la impericia política. Esta última, no puede ser el argumento para negar la vitalidad de la pandemia y sus efectos. 

Las expresiones negacionistas, son siempre minoritarias pero no por ello menos dañinas. Los medios de comunicación democráticos deben estar alerta frente a ellas, para enfrentarlas, simplemente oponiendo hechos y argumentos incontrastables a la naturaleza de su engaño fundamental.


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