Opinión

Violencia familiar

Abuso Sexual Infantil (ASI)

30|05|21 11:23 hs.

Por Graciela Mirmi (*) 


Entre las múltiples formas que adopta la violencia familiar, se encuentra el maltrato hacia las niñas, niños y adolescentes, siendo el abuso sexual, uno de los aspectos más difíciles y complejos de detectar. 

Debemos recordar que esta conceptualización es bastante reciente, ya que históricamente niños y niñas han sido víctimas de todo tipo de malos tratos, abuso y vejámenes, sin que estos hayan sido tipificados como tales. 

Si nos remontamos a la historia de la humanidad, veremos las atrocidades cometidas con los niños/niñas, quienes distaban mucho de ser “sujetos de derechos”. 

La tipificación de Maltrato y Abuso Sexual Infantil, aparece tardíamente como síndrome en la medicina, y recién en el siglo XX, en la década del 70, es aceptado el concepto de “Maltrato Físico, Emocional, Negligencia y Abuso Sexual Infantil”, y es entonces cuando comienzan a aparecer las primeras organizaciones en defensa de la infancia. 

En las últimas décadas, el ASI ha suscitado un gran interés tanto en la comunidad científica como en la sociedad en general, debido a su prevalencia y consecuencias a corto y a largo plazo. Hoy el problema está planteado, aunque con diferentes niveles de abordaje. 

El Abuso Sexual Infantil es uno de los aspectos más dolorosos en lo que respecta a la vulneración de los derechos en la infancia. 

Es evidente que en todo el espectro del desempeño profesional se ha avanzado en la consideración y el debate de esta temática y por la publicidad dada a este tipo de delitos se logró una mayor sensibilidad social. 

Sin embargo, la detección y asistencia se realizan aún hoy en un marco de mucho prejuicio y desconocimiento. Quienes trabajamos en estas problemáticas sabemos lo difícil que ha sido, y es, enfrentar estos desafíos. 

El ASI incluye en su definición cualquier tipo de actividad de tipo sexual entre un adulto y un niño o niña, donde no hay consentimiento, o este no puede ser dado por la inmadurez o dependencia de la víctima, que no comprende totalmente lo que está ocurriendo y se encuentra entrampado en una situación confusa, con un adulto que tiene una posición de poder y autoridad sobre él/ella. 

Este puede -o no- ser un acto violento y comprende un abanico de posibilidades que van desde el exhibicionismo, manoseo de genitales, participación en material pornográfico, hasta el coito con penetración vaginal o anal. 

Es un tema en el que no se puede andar con posturas tibias, nunca debemos perder de vista que los únicos que no tienen voz propia son las víctimas


El ASI es común a todas las sociedades, estratos económicos, sociales y culturales. Estudios estadísticos han informado de cifras en la población general que oscilan entre un 30/35 por ciento con una prevalencia media de alrededor 20 por ciento en mujeres y 8 por ciento en varones. 

Además, su presencia ha sido documentada tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo. 

En nuestro país, en el año 1991, se efectuó una investigación entre estudiantes de la Universidad de Buenos Aires y se determinó que más de un 20 por ciento de los encuestados habían sido víctimas de algún tipo de ASI. Ese mismo trabajo mostró una distribución de 25 por ciento niñas y 12 por ciento niños, no muy diferente a los resultados que arrojan investigaciones de otros países. 

La experiencia clínica y diversas investigaciones determinan que los autores de los abusos son, en más de un 80 por ciento de los casos, adultos conocidos de la víctima, y en su mayoría miembros de la familia. 

Si bien nos resulta fácil explicarle a un niño/niña, que debe desconfiar de personas extrañas, es mucho más difícil cuando lo que se intenta decir es que debe estar atento y ser crítico hacia el mundo adulto en general y los miembros de la familia en particular. 

Esto produce una gran confusión y sentimiento de desprotección (¿Cuidarse de quienes lo tienen que cuidar?). 

El abusador sabe que está transgrediendo y como todos los delincuentes se protege para no ser descubierto. Su alternativa es imponer la “Ley del Silencio”. Este silencio no sólo lo impone quien abusa, también lo hace la sociedad en su conjunto, y así se convierte en cómplice. La víctima, al ser menor, inmaduro y dependiente, a merced del adulto que tiene una posición de poder o autoridad sobre él, queda indefensa ante esta situación, termina aceptando y adaptándose a ella para sobrevivir, esto se denomina “Acomodamiento o Síndrome de Acomodamiento de la Víctima”. 

Los niños/niñas tienden a ocultar los hechos por vergüenza, sentimiento de culpa, amenazas de castigo o el miedo a no ser creídos, lo que contribuye a que el abuso siga manteniéndose en un hermetismo difícil de develar, por eso cuando un niño/niña relata una situación semejante “Siempre hay que Creerle”. 

¿Qué debemos hacer si se sospecha o se conoce un caso de ASI? 

Hay que saber que nunca se debe trabajar solo, es un tema de gran complejidad, que produce un gran desgaste y requiere la intervención de varios actores. 

¿Hay que denunciar? Sí, hay que denunciar “Siempre”. El silencio sólo protege al abusador y nunca a la víctima. 

Es de vital importancia como medida preventiva la Educación Sexual Integral desde temprana edad, el conocimiento del cuerpo y el concepto de lo que es íntimo, privado. 

Hay mucho por hacer, la sociedad está tomando conciencia de la magnitud del problema y es un tema en el que no se puede andar con posturas tibias, nunca debemos perder de vista que los únicos que no tienen voz propia son las “Víctimas”. 

Todo lo que podamos aportar desde nuestros lugares de trabajo, desde nuestros hogares, por poco que pueda parecer, significará un gran avance en esta lucha por proteger y respetar los derechos de los más desprotegidos, los niños, niñas y adolescentes. 

(*) La autora es pediatra MN 62445-MP 1337


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