El Gobierno considera que la suba de precios dejó atrás su peor parte

Opinión

Editorial

Estar a la altura

13|06|21 09:06 hs.


La Editorial, en la voz de Diego Jiménez


La inflación terminó en mayo cerca del 3,8%, suma casi un 22% en los primeros cinco meses del 2021 y un 45% acumulado en el último año (mayo 2020-mayo 2021), según las consultoras privadas (Ecolatina, 3,4 %; Analytica, 3,5%; Eco Go, 3,7%; FIEL, 3,8%) que miden el índice regularmente. Este pronóstico, convalidado oficialmente, anticipó que se prevé un resultado levemente más bajo que el 4,1% de abril y se consideró, desde el Gobierno, que la suba de precios ya dejó atrás su peor parte, aunque se estabilizó en un piso alto, por encima del 3 por ciento mensual. Recordemos que la inflación no estuvo por debajo del 4% desde el mes de febrero (3,6%) de este año. No son datos para organizar una fiesta, pero si la tendencia se consolida, aportan cierta previsibilidad en la tradicionalmente volátil y díscola economía vernácula. 

El programa de vacunación se acelera y el gobierno se aferra a sus resultados como un oasis que le aportará cierto alivio en el humor social. Lo cierto es que una calma en este sentido, aporta una dosis de tranquilidad en una sociedad que hace más de un año (como ocurrió y sigue sucediendo en todo el mundo) vive en una realidad ajena a su sociabilidad como especie humana, con todas las consecuencias que está circunstancia extraordinaria supone. 

Olvidar la dimensión excéntrica de lo que vivimos empobrece el análisis y lo literaliza en una medida que le quita toda sustancia comprensiva. 

Ambas realidades descriptas, sin obviar la agobiante realidad de la pobreza y marginalidad que sufre gran parte de la población, coexisten con una falta de claridad de la actual administración económica en relación al rumbo seguido y a seguir. Es importante saber hacia dónde se quiere ir y efectivamente se va. Si esté elemento no está presente, las suposiciones, las especulaciones, la incertidumbre y la desorientación se convierten en dominadores de la escena política-económica. La certeza es necesaria, la senda imprescindible. Luego, se discute sobre la realidad de sus supuestos. No hay mejor estrategia económica que una explicitada. 

Por otro lado, la oposición no aporta mucho más que eslóganes y muletillas, lo cual no contribuye a elevar una discusión que requiere, dada la gravedad del contexto, más espesor. Concentrados en candidaturas y en cierta vanidad de estudio de televisión y redes sociales, su abordaje de la realidad no deja de ser superficial, en gran parte de sus actores que regularmente aparecen en los medios. Como siempre se ha expresado desde este medio, la necesidad de sellar acuerdos políticos para el corto, mediano y el largo plazo, es una deuda que la dirigencia sigue teniendo con una sociedad que en algunas ocasiones percibe cierta orfandad por parte de sus representantes. En este sentido, la cogestión de la realidad, es responsabilidad también de aquellos y aquellas, que ejercen el poder desde otros ámbitos que no son exclusivamente el área ejecutiva. La oposición se concentra demasiado en la elaboración de respuestas e intervenciones públicas rápidas, breves, de tweet, pero sin articular un discurso coherente de lo que haría en caso de estar al frente del gobierno. Su deuda con el complejo presente, también es alta. 

En otro orden de cosas, pero no ajeno al contexto que nos envuelve, la discusión de prioridades en cualquier circunstancia y sobre todo en las más difíciles, define toda una cosmovisión de lo que un gobierno entiende que debe ser una ciudad y de cómo deberían vivir mejor sus habitantes en ella. Hablar de prioridades es necesario siempre y en todo momento, con vigor, con seriedad, con pasión y defendiendo puntos de vista claros. Tres Arroyos requiere un debate de esa envergadura y su dirigencia debería estar preparada de manera solvente (humana y técnicamente) para abordar una cita de este estilo. Lo ocurrido esta semana, muestra cierta distancia, todavía extensa, para que ello ocurra de la manera en que la ciudad lo merece y necesita. Reproches, ofensas, apoyos, ataques y comunicados no son más que artificios sofistas que revelan la ausencia de un abordaje a fondo de los temas que preocupan a los vecinos. 

El proyecto llamado Argentina, en donde hay un lugar llamado Tres Arroyos, es demasiado importante, como para superficializar nuestro modo de abordar sus principales temas y problemáticas. Tan solo estando a la altura, alentaríamos un buen comienzo.


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