María Elena con su hija Giuliana, quien tiene 14 años

La Ciudad

María Elena Laurie: una inyección de humor

La enfermera

04|07|21 09:13 hs.


El primer día del año 2016 ingresó a trabajar en el Hospital Pirovano y un año después completó la carrera. Eligió ese camino motivada por su mamá y por la médica con la que trabaja hace más de catorce años. Su familiaridad con la atención al público, con el trato de pacientes, con medicamentos, la animó, aunque su madre le advirtió lo sacrificada que sería su profesión. 

La médica con la que trabaja fue un apoyo más que necesario para poder culminar la carrera, ya que fueron años en los que debió llevar adelante el estudio, las prácticas, la atención de su hogar y para eso tuvo que coordinar horarios y acciones. 

“El primer año de la carrera vas viendo si es o no lo tuyo, hay mucho material de lectura y además la práctica. Llegás al hospital y te preguntás qué haces en ese lugar, por eso el primer año es decisivo, porque te das cuenta si podés abordar al paciente, si podés llevar adelante la carrera”. 

María Elena vive con su hija Giuliana de 14 años y conjuga su trabajo profesional con la atención de las tareas hogareñas, las compras, la preparación de los trabajos, los domicilios, el hospital, la atención en el consultorio. 

“Empecé como pasante cubriendo distintos sectores de 0 a 6 horas, al recibirme quedé a cargo de clínica Anexo como enfermera de la noche. En lo personal la pandemia fue un cambio tremendo, como trabajadora de la salud no había vivido una pandemia. Todos los días aprendo, me informo e interiorizo, al principio fue difícil para todos”.

María Elena forma parte del grupo de profesionales que a diario van al Polideportivo a ejercer su trabajo, con una misión especial, vacunar. Luego de la convocatoria al personal de salud, los que querían participar del operativo se inscribieron, recibieron información online y fueron examinados para completar los conocimientos necesarios con el fin de trabajar con la vacunación. 

El abordaje del paciente es personal, María Elena decide, como en su vida profesional, hacerlo con el humor. 

Hace de su profesión un canto a la vida, ya sea en el servicio, en el consultorio, en el vacunatorio, no lo vive como una profesión sino como “la” profesión, esa que no se limita a aplicar inyecciones o controlar los signos vitales, sino que además, a brindar acompañamiento. “Muchas veces me tocó estar en la hora de la muerte de los pacientes, en el Anexo atendí mujeres que tenían distintas patologías y ahí es donde uno crece también, donde alguien tiene que ser fuerte, la familia está destruida, enojada triste y vos acompañando”. 

En el caso de las personas que se acercan a recibir su primera dosis de la vacuna contra el Covid, María Elena decide recibirlas con buena onda porque sabe que tiene que contenerlos porque en general no saben qué le va a aplicar y lo desconocido causa incertidumbre. 

“El humor es continuo también cuando vuelvo a mi casa, el humor es la forma de sacar el miedo, de que te entiendan, es otra forma de realizar el abordaje, que es todo en cualquier momento de la vida o en cualquier trabajo”.

Mucho respeto
Un día, a la salida del trabajo, una joven mamá la detiene en la puerta y le pregunta si la recuerda, señala a una niña pequeña que corre y juega en el parque del hospital y dice: ¿Sabés quién es? 

María Elena confiesa no recordar a ninguna de las dos, entonces la mujer la conduce al pasado cercano, a una noche en la que las cosas se complicaron en pediatría. María Elena atendía en el Anexo cuando escuchó que sus compañeros corrían y se ocupaban de un caso que necesitaba de muchas manos y decisiones muy acertadas. Una parturienta con un embarazo complicado necesitaba de toda la atención profesional posible. Las y los enfermeros actuaron en equipo, la niña nació, su mamá fue trasladada a otro centro de salud y la noche terminó con una terapia grupal analizando toda la situación. 

Su rostro y sus formas resultan inolvidables para quienes la conocen en circunstancias difíciles en las que la contención y el humor son sus máximas premisas


Ahí estaba la niña, jugando, y la mamá agradeciendo a sonrisa completa.

Así, como ella, otras personas que se acuerdan del cumpleaños de su hija o que le tejen algo de regalo, su rostro y sus formas resultan inolvidables para quienes la conocen en circunstancias difíciles en las que la contención y el humor son sus máximas premisas. 

“Siento mucho respeto por las distintas patologías, los distintos momentos que transitan las personas, el equipo de enfermería del Hospital es muy bueno y trabaja diariamente para sacar adelante a los pacientes, es el nexo, el lazo que une a la familia, los médicos, el paciente, todos son excelentes y de las distintas jefaturas y supervisores aprendí muchísimo”.

Antes de dejar la guardia, cuando llega su reemplazo, se predispone para un momento al que llama de “terapia grupal” porque hay situaciones que pegan fuerte y requieren de tiempo, mucho tiempo para hablarlo entre compañeros, resolver las cuestiones en equipo, buscar la contención y reafirmación de lo actuado. 

“No es cierto que te vas a tu casa y no te llevas las emociones, en el trayecto del hospital a casa voy pensando y siempre trato de rescatar lo positivo. Quiero llegar a casa, ahí me espera Guli que es lo más y la que me dice: Mamá, ¡basta! Porque no puedo soltar lo que viví en servicio. No es que la cargue de problemas a ella porque hay que resguardar al paciente, no hablo de eso, sino de la preocupación que no puedo dejar en la puerta de casa”. 

La gente se acerca en la calle cuando reconoce a María Elena, “Giuli era chiquita y no quería pasear conmigo en la Fiesta del Trigo porque a cada paso la llenaban de besos, es que muchos pacientes saben lo importante que es mi hija para mí. La gente agradece mucho sobre todo cuando las abordas de cierta forma, te tienen presente siempre y no se olvidan”. 

María Elena habla mucho con su hermano que es policía y enfrenta a diario problemas similares a los suyos. “Son situaciones extremas en distintos ámbitos, pero nos identificamos en varias de ellas. Cuando estuvo mi mamá internada, mis compañeras, la supervisora, me acompañaron de manera extraordinaria, se generan buenos vínculos con el otro”. 

La enfermería la enaltece, el buen humor la ayuda a sobrellevar momentos límites de la vida, el compañerismo y trabajo en equipo son sus banderas. No es chiste, claro que no, es la vocación al palo.