Silvia Sugimori se radicó en Santa Rosa de Calamuchita, provincia de Córdoba

Claro, Reta y Orense

Ante una nueva etapa en Calamuchita

Silvia Sugimori: “La gente de Claromecó me ha demostrado cariño y agradecimiento”

10|07|21 20:27 hs.

Por Alejandro Vis

Silvia Sugimori llegó a Claromecó para ejercer su profesión de médica el 1º de mayo de 2011 y permaneció hasta el 31 de mayo de 2021, poco más de una década. Su madre Lucrecia Carrasco de Azurmendi reside en San Miguel de Tucumán, también su suegra y otros familiares, por lo cual buscó radicarse en un lugar más cercano a la mencionada ciudad. En este contexto, cuando surgió una oportunidad laboral en Santa Rosa de Calamuchita, provincia de Córdoba, consideró junto a su familia que era un buen destino.

 “Tuve en un momento la idea de quedarme en Claromecó, pero las circunstancias de la vida me han ido llevando a tomar decisiones”, señala. Al describir su experiencia en la localidad, dice que “no había dimensionado la magnitud del afecto de la gente, lo percibí mucho en las últimas semanas antes de irme, el respeto y la confianza. Me lo han demostrado con mensajes, el encontrarme en un negocio, en la calle. Uno hace su trabajo y trata de hacerlo bien. Recibí cariño y agradecimiento, es lo que me llevé conmigo”.

Elecciones de vida 
Nació en San Miguel de Tucumán y se crió “en el ingenio Ledesma, provincia de Jujuy, donde mi padre Miguel Sugimori, hijo de japoneses, trabajaba en la papelera. Mi madre es oriunda de allí”.

Estudió medicina en la Universidad Nacional de Tucumán y también realizó su residencia en clínica médica en la capital de la provincia. Luego sumó la especialidad de gastroenterología, en el Hospital Udaondo de la ciudad de Buenos Aires.

 “Ya cuando fui a estudiar la carrera, me quedé en San Miguel de Tucumán”, a la que describe como “una urbe muy grande” con sus aspectos positivos y también negativos, sobre todo porque fue víctima de hechos de inseguridad.



 “Ese trajín que tiene una ciudad de ese porte me hizo trasladarme a un lugar más tranquilo”, recuerda sobre su arribo a Claromecó. Traza un paralelo entre su infancia y lo que le ofrecía la localidad de nuestro distrito; “el pueblo de Jujuy donde me crié era de una dimensión parecida. Quería que mis hijos tuvieran una infancia y adolescencia linda, como la tuve yo, eso me lo dio Claromecó”, destaca.

 También incidió mucho que “llevaba varios años de guardias en un hospital regional de Tucumán y quería bajar un cambio. Llegué a través de Mary Souto, nos enteramos que había un puesto libre”. 

Reflexiona sobre el tiempo transcurrido que “han pasado cantidad de compañeros al lado mío. Uno se da cuenta después, cuando está viviendo ahí, que no es fácil. Se necesita mucha experiencia para estar en un centro de salud solo a veces, sin el respaldo que se tiene en un Hospital que cuenta con diversos servicios, y donde hay otros colegas”. 

 En este sentido, argumenta que “para tomar decisiones solo, se requiere una cierta experiencia. He tenido colegas de pocos años de recibidos y es demasiada responsabilidad”. 

El ser médico de una comunidad chica implica “atender de todo”. Observa que “hice guardia en el Hospital Pirovano y las urgencias en Claromecó son las mismas: accidentes, problemas cardíacos, hemos tenido situaciones graves y hay que recorrer 70 kilómetros con un paciente crítico, vas con el corazón en la boca. La adrenalina que se genera es la misma que en otras ciudades”. Sin embargo, el cambio lo notó “en la vida familiar. Esa ha sido la principal elección, darles a los chicos un crecimiento en un ámbito tranquilo”. 

También instaló su propio consultorio y atendió a los afiliados de PAMI; “para ellos es mejor tener un médico de cabecera en el lugar, por lo que significa trasladarse”, puntualiza. 

Le han quedado amigos, con los que mantiene un contacto. “Les he asegurado que voy a ir de visita como turista. Siempre dije, en algún momento tengo que disfrutar enero o febrero en la playa. Los veranos me agarraba trabajando a full”, afirma. 

Siente gratitud “con la gente y el lugar”, tras lo cual reitera que “he recibido afecto. Al conocerme con los vecinos nació una relación muy buena y uno lo vive de otra manera”. 



 Prioridades 
En Santa Rosa de Calamuchita está empezando “de cero”, pero subraya que “no me asusta, tengo unos años en la profesión”. Además no es la primera vez que vuelve a comenzar. 

“Por cantidad de habitantes, es un intermedio entre Claromecó y Tres Arroyos. Con mi familia decíamos ‘si vamos a movernos, que sea a un lugar tan lindo como el que estamos’”, relata. 

Una ventaja notoria es que está más cerca de su madre, su suegra, hermanos, primos y otros familiares. “Ellas ya están grandes, no se encuentran muy bien de salud -explica-. Tenía que hacer muchos kilómetros para verlas, íbamos una vez al año. En el balance entre lo laboral y la familia, ha pesado más la familia”. 

Está casada con Gustavo Tramenelli, quien es profesor de teatro y posee un estudio de grabación ambulante. “Graba a los cantantes emergentes, está más dedicado al estudio que al teatro. Siempre me ha acompañado a distintas ciudades donde fui a especializarme. Andamos a la par”, valora. 

Tuvieron cuatro hijos: Agostina, de 21 años, Giuliana que tiene 20, Joaquín de 18 y el menor Ian Lucas de 16. Silvia Sugimori menciona que “tres están en la universidad y uno en el secundario. Estaban estudiando en La Plata, una de mis hijas se enfermó de Covid, es difícil por la distancia. Ahora pueden estudiar en Córdoba, estamos cerquita. La verdad es que yo priorizo mucho a la familia”. 



 Metas 
En el interior del país se aprecia la necesidad de médicos. Sostiene que “hay una avidez de atención, en distintas zonas de la Argentina”. 

Debido a la pandemia de Covid-19 y por circunstancias personales, afrontó en 2020 y primeros meses de 2021 “un año muy duro. He perdido por el coronavirus un familiar, amigos, colegas. Sobrellevar esa carga emocional ha sido fuerte. Tuve además amigos en terapia, familiares enfermos”. 

En el caso específico de la labor en Claromecó, manifiesta que “hemos sido dos clínicos trabajando todo un año y enganchado después con la temporada, ha sido intenso”. 

En este contexto, se inclinó por “estar más cerca de la familia, en la balanza la pongo primero”. 

No son pasos sencillos, implican un movimiento grande. Con convicción, concluye que “nada es imposible cuando uno se pone metas y está dispuesto a cumplirlas”.