Opinión

Desde el archivo

Tribunal del Trabajo de Tres Arroyos

18|07|21 18:42 hs.

Por Carlos Miguel Antonioli (*)

En el mes de noviembre del año 1947 se sancionó y promulgó la ley 5178 que instruyó en todo el territorio de la provincia de Buenos Aires los Tribunales de Trabajo como parte integrante del Poder Judicial. Se crearon como tribunales colegiados, de única instancia, integrados por tres jueces letrados que se alternaban cada año en la Presidencia y que conocían en juicio oral y público de los conflictos individuales que se planteaban en materia laboral. Si bien les eran aplicables todas las disposiciones constitucionales de la Provincia como las calidades requeridas para ser juez, su designación, etc., la jurisdicción de los 30 tribunales que se establecieron en el artículo 2º, no coincidían en todos los casos, con la de los departamentos judiciales existentes. 

 La instalación de estos 30 tribunales se hizo en dos etapas, los primeros, privilegiando a los que se creaban en las ciudades cabezas de departamentos judiciales y en algunas de las ciudades más populosas, a partir del 1º de diciembre del año 1948 y los restantes en el mes de diciembre del año siguiente, es decir en 1949. Entre estos últimos la Suprema Corte de Justicia dispuso la inauguración del Tribunal del Trabajo de Tres Arroyos, con competencia sobre los partidos de Tres Arroyos, Necochea, Juárez y Gonzales Chaves y tomó juramento a los primeros jueces designados: Dr. Alfonso Pajares, Dr. Danilo Alberto Almirón y Dr. Carlos Miguel Anotonioli, quienes a su vez designaron a los dos primeros secretarios, el Dr. Jorge B. Arena y el escribano Villanueva del Gage. De todos ellos y desde hace ya varios años, el único que sobrevive es el autor de esta nota. 

Durante el mes de enero y habiéndolo acordado con los otros conjueces, que hicieron uso de la feria judicial, me tocó ejecutar todas las acciones tendientes a dejar instalado ese Tribunal, comenzando por la búsqueda de un inmueble adecuado, su locación, la provisión de todos los muebles que correspondían a la Sala de Audiencias para celebrar los juicios orales, con un alto estrado donde se ubicaban los tres magistrados y a nivel del piso: los pupitres para los abogados y las partes. Se colocó una balaustrada baja que separaba el ámbito judicial del resto de la sala donde se alinearon los bancos para el público. En otros ambientes, los despachos de cada Juez, de los Secretarios, del Fiscal designado: el Dr. César Lombardi y del Asesor de Menores y Defensor de Pobres y Ausentes: Dr. Mario Monsalve. Además se adquirieron y ubicaron el mostrador adecuado para la Mesa de Entradas, los escritorios, asientos, mesas y bibliotecas para las oficinas de oficiales primeros y del resto del personal asignado. Para el nombramiento de estos últimos se llamó a un concurso de idoneidad administrativa con la presentación de “currículums” y antecedentes en empleos administrativos o judiciales, debiéndose acudir para los cargos superiores en los que era imprescindible demostrar experiencia en procedimientos civiles y comerciales, a Oficiales Segundos de los Juzgados de La Plata y de Bahía Blanca. 

 El inmueble que se consideró reunía las mejores condiciones a estos efectos, fue el ubicado en el primer piso de la calle Chacabuco nº 29, que se alquiló al Señor Bonjour. 

El 1º de febrero de 1950 comenzó la actividad, con la Presidencia del Dr. Alfonso Pajares, que era el juez de mayor edad, celebrándose previamente un sencillo acto inaugural al que asistieron el Cura Párroco Monseñor Rómulo Di Giorno que bendijo las instalaciones, el entonces señor Intendente Municipal, Dr. Claudio A. F. Borton, el Senador Provincial, Dr. José Campano, varios concejales municipales, vecinos destacados e invitados especiales. 

En esta primera época eran muy contados los profesionales del derecho que residían en Tres Arroyos y casi todos, con algunos que acudían de Bahía Blanca y de Necochea principalmente, actuaron ante este Tribunal. De los de Tres Arroyos, recuerdo a los Dres. Dalmiro Yebra, Carlos Meléndez, Isaac Scher (excelente jugador de ajedrez), Evers Nelson Fossatti, Alberto Lingeri Prat y Oscar Izaguirre, a los que se sumaba el Dr. Raúl Corenfeld que si bien residía en Bahía Blanca atendía los asuntos de uno de los dos estudios jurídicos locales más importantes, que pertenecían a los Procuradores Judiciales, Luis Angel Gatti y Carlos Salas. 

No quisiera olvidar a ninguno de nuestros eficientes colaboradores, no obstante recuerdo que Juan José Roggeri, José Salerno y Enrique de Torres Curth fueron Oficiales Primeros, Enrique Vieyra, Oficial de Justicia, luego seguían Enrique García Ventureyra, Celestino Campano, Nicolás Ciancaglini y las hábiles dactilógrafas Nilda Piscicelli, Carmen Morales, Sara Fraccia y la Sra. Fernández de Mena. La Mesa de Entradas estuvo a cargo de Héctor Mario (Tito) Núñez, estudiante de derecho, que pocos años después obtuvo su título de abogado, culminando su trayectoria profesional como Juez en lo Civil y Comercial en el Departamento Judicial de La Plata. 

También merecen mi recuerdo nuestros auxiliares Enrique Couso, que llegó a ser Intendente de Tres Arroyos, Américo Raúl Santilli, que hizo una destacada carrera política y el inefable Gómez, virtuoso bandoneonista. 

Durante los cuatro años que permanecí en ese Tribunal, es decir hasta el 31 de diciembre de 1953, todos los juicios que llegaban a la Vista de la Causa, por haber fracasado la instancia conciliatoria, se tramitaron respetándose estrictamente los términos fijados en la ley 5178, se dictaba el veredicto inmediatamente después de haber concluido los alegatos y se pronunciaba la sentencia dentro de los siguientes diez días. Se dio el caso que un veredicto se leyó recién a las 02 horas del día siguiente y hasta esa hora permanecimos los jueces, los empleados necesarios y las partes que debían escucharlo. En verano se funcionaba de 7 a 13 horas, en invierno de 12 a 18 horas y se trabajaba en los sábados de 9 a 12 horas. Las Vistas de Causa se anunciaban en el diario La Voz del Pueblo y a las audiencias asistía público muy interesado en el desarrollo del procedimiento.

 Con el tiempo, como era lógico, al hacerse conocido el nuevo fuero, aumentó el número de demandas y acudieron nuevos profesionales, pero esa historia no es el motivo de esta nota. 

No deseo pasar por alto el honor que nos cupo de colaborar y asistir a la inauguración de la estatua a nuestro héroe máximo el General don José de San Martín, en su plaza epónima, en ocasión de celebrarse el homenaje al ilustre Libertador de Argentina, Chile y Perú, en el centenario de su fallecimiento, el 17 de agosto de 1950. 

Tampoco puedo resistir el evocar, aunque sea ajeno al quehacer jurídico, los muy gratos acontecimientos sociales, las brillantes celebraciones de fechas patrias y de las propias de los tresarroyenses y los encuentros con las excelentes amistades conquistadas de los que disfruté con mi familia en aquellos primeros años del Tribunal de Trabajo de Tres Arroyos. 

 (*) Fue uno de los jueces que integró el Tribunal del Trabajo de Tres Arroyos al ser inaugurado. El artículo fue publicado en la revista Reflejos, en abril de 2020. Su reproducción es una manera de homenajear a los pioneros en este fuero 


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