Pablo Gerchunoff

Opinión

Editorial

Cara o cruz

25|07|21 09:17 hs.


“La moneda en el aire” es una interesante conversación, editada en formato libro, entre dos de los más importantes historiadores de nuestro país: Pablo Gerchunoff (1944) y Roy Hora (1965). El tema: la Argentina y sus vicisitudes, salpicada de sus repercusiones en las vidas personales e intelectuales de sus autores. Como bien la define Paul Firbas, la conversación supone una relación más cercana entre los interlocutores, evoca complicidad, cotidianeidad y familiaridad y, textualmente, “…permite que el registro crítico no pierda conexión con lo local y las formas afectivas y personales, moviéndose entre las convenciones de la oralidad y la cultura escrita…”. Todo ello se logra, gracias a la amenidad de dos buenos conversadores, que aportan sus protagonistas. 

Sobrevuela en el texto, él muchas veces denominado “péndulo argentino”, esa oscilación temporal entre el crecimiento y la recesión, entre ciclos de expectativas, seguidos de otros de frustraciones. En esas fases recurrentes, y a diferencia de lo que ocurría décadas atrás, explican los autores, los procesos positivos cada vez son más cortos y los negativos, perduran mucho en el tiempo. Esa forma de ser, es muy difícil de prever y constituye una incógnita. Incertidumbre que además, y esto es lo bueno aunque parezca contradictorio, no condena al país a un desencanto definitivo. De allí la imagen de la moneda en el aire, que supone un resultado azaroso y por ello no predeterminado. Entonces, una puerta está disponible para elegir si ir hacia un lado o hacia el otro. 


Roy Hora


Dos momentos hay, según ellos, donde proyectos pudieron tomar forma consistente: el correspondiente al ciclo 1880-1914 y el del denominado primer peronismo, entre 1946 y 1951. Proyectos bien dispares, con altas y bajas, aciertos y errores, según se defienda uno u otro, pero en donde el país pudo conectarse con el sentido de la historia y distribuir, a su modo, los frutos de sus éxitos. A pesar, y gracias también, a sus defensores o detractores, ambos dejaron una estela de memoria a la cual referenciar para explicar que la Argentina supo recorrer sendas provechosas, incluso en su oscilante trajín histórico. 

El problema, la clave fundamental, es conciliar ambos proyectos, encontrar vasos comunicantes, puentes para evitar la brevedad y fragilidad cada vez mayor de las etapas contradictorias de una economía que por momentos aparenta prosperidad, pero que es altamente dependiente de los precios internacionales de sus productos agropecuarios exportables o del financiamiento externo (el ciclo 2003-2008 y la convertibilidad durante la administración de Carlos Menen, ejemplifican el concepto). Esa vulnerabilidad podría trocarse con lo que Gerchunoff informalmente denomina “modelo popular exportador”. Algo así como un modelo vigorosamente exportador pero a la vez inclusivo. Ni agro exportador con distribución de sus frutos al modo “derrame”, ineficaz para diseñar una sociedad integrada, ni tampoco un proyecto mercado internista y cerrado al mundo, que siempre ha probado tener límites estructurales en el tiempo. Una síntesis superadora de los procesos que indicamos más arriba, podría ser el camino a seguir. 

El otro dilema, es la ausencia de un discurso que hable del futuro. Hay, explica Gerchunoff, una discusión permanente sobre el pasado, sobre una sociedad que ya no tiene nada que ver con la de hoy, ni en su realidad concreta ni en su manera de ser. No poder avizorar esas diferencias por un lado, y la ausencia de discusión sobre los años que vendrán, por el otro, constituyen una carencia fundamental. Discutir sobre el pasado, una y otra vez, solo corrobora esa ausencia imprescindible. La mayor dificultad estriba en usar categorías de una sociedad que ya no existe para explicar e intentar incidir sobre la presente. Ni que hablar de lo anacrónico de este modo de ver, para dilucidar lo que vendrá. 

En todo proceso electoral, y hoy domingo, formalmente comienza otro, parece que vuelve a arrojarse la moneda al aire, en una apuesta sobre el porvenir argentino. Y ambos dilemas aparecen nuevamente: el del crecimiento y el del futuro. Cada micro decisión, materializada en la elección de a quién decidamos votar, colabora en dotar de sentido al muchas veces zigzagueante proceso histórico del país. Cada dos años, influimos en el lado en que queremos que caiga la moneda, de esa apuesta colectiva denominada Argentina. 


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