Paula y Ariel, el día del alta médica

La Ciudad

Covid-19: luego de la terapia, la recuperación

“Mi hija me decía hablá con el jefe de los médicos, que mi papá no se muera”

01|08|21 13:19 hs.

A fines de mayo, Paula Ostiza y su marido Ariel Ruiz Díaz, quien es policía, comenzaron a tener síntomas compatibles con el Covid-19. “Nos hisopamos el 2 de junio y dimos positivo ambos”, recuerda Paula en una conversación con La Voz del Pueblo. 


Tienen una hija de 9 años, Araceli, que no se vio afectada por el virus. Ella sintió dolor de espalda, de garganta y un poco de fiebre. Pero Ariel sufrió consecuencias mucho más graves en su salud, “fiebre muy alta, dolor muscular, mareos”. 

Por este motivo, debió ser internado en el Hospital Pirovano, lo que constituyó el inicio de una experiencia difícil para toda la familia.

Neumonía bilateral 
En la tarde del 8 de junio, la salud de Ariel mostraba un claro deterioro. “Me pidió que llamara al médico porque no se sentía bien, era baja la saturación de oxígeno, estaba muy descompuesto”, explica Paula. 

Se comunicó a las cinco de la tarde con el Hospital Pirovano. Cuenta que “dijeron que lo llevara al otro día. Les respondí que por favor lo atendieran porque no me sentía con fuerza para levantarlo, si él se llegaba a desvanecer. Entonces, me solicitaron que fuera con él en ese momento”. 

A poco de arribar al Centro de Salud, “le pusieron oxígeno y le hicieron una placa. Tenía neumonía bilateral, quedó internado en la Sala Covid dos. No había lugar en terapia”.

Fue en el período de mayores dificultades por la cantidad de contagios y casos graves de coronavirus en el distrito. Ariel permaneció en Sala Covid pocos días, hasta el 11 de junio, cuando tuvo lugar el traslado a La Plata. Paula señala que “fue derivado al Instituto Médico Platense, en una ambulancia de alta complejidad, que llegó desde Tandil, con especialistas. Yo fui en otra ambulancia provista por IOMA, nuestra obra social”. 

Al llegar al Instituto Médico Platense, Ariel fue ingresado “derecho a terapia, prácticamente desvanecido”. Se produjo un desencuentro, porque la ambulancia que la trasladó a ella se dirigió a otra clínica: “casi me vuelvo loca, no estaba mi marido, se equivocaron de dirección. Me contestaron que no tenían ningún paciente de Tres Arroyos y mi marido había llegado cuarenta minutos antes”. 

Cuando fue advertido el error, la llevaron al Instituto mencionado, donde “la doctora que lo recibió me dijo que llegó con lo justo”. Al producirse la internación en La Plata, “fijaron un plazo de tres horas para ver si recuperaba de a poco la saturación, caso contrario había que intubarlo. Gracias a Dios, si bien tenía sus altibajos, empezó a mostrar una recuperación”. 

Contención 
No disponía de un lugar para quedarse y hubo inconvenientes para la cobertura de un hotel, por parte de la obra social. “La gente que tramitó en Tres Arroyos no se dio cuenta que me debían hacer un PCR antes de viajar. Fui revisada de todos modos por la doctora Ana Basilio, quien me dijo ‘si noto que estás fatigada o con fiebre no podés ir, es un riesgo’. Pero me vio bien”.

Su intención siempre fue viajar, no quería que su marido se quedara solo. “Cuando la ambulancia de la mutual me dejó, vino el comisario mayor Sebastián Lapidote a buscarme. Los efectivos de La Plata se portaron muy bien, me orientaron y ayudaron para solucionar el tema de la hotelería, primero por una semana y luego por otros treinta días, de los cuales gracias a Dios solo usé cuatro”, señala. 

Le brindaron contención, a tal punto que “integrantes de la DDI iban al hotel a buscarme y me llevaban a la clínica, lo mismo en el regreso. Al no conocer la ciudad fue una tranquilidad, voy a estar agradecida toda la vida”. 

Mensajes 
Durante la internación de Ariel en terapia intensiva, Paula siempre lo pudo ver. “A través de una ventana, desde afuera, dos veces al día: a las 13 y a las 19 horas. Le escribía en un cuaderno de oficio y él me preguntaba por la nena. Después en un momento, cuando pudo tener movimiento, el médico decidió que se le dejara el teléfono. Me explicó que él tenía que comunicarse, es buenísimo para todo paciente”, relata. 


El edificio del Instituto Médico Platense


Ya con el teléfono a disposición, le enviaba mensajes a la pequeña Araceli. “Estuvo más de 20 días sin ver a nuestra hija o escuchar su voz -puntualiza-. Al estar en terapia, me comentaron los médicos, estás muy sensible y llorás, no podía llamarla. Entonces se comunicaba mediante mensajes”.

La hija se encontraba en esos días en Copetonas, con los abuelos. “Ahí tengo a mis padres”, comenta Paula. Debió mostrar una gran fortaleza, debido a que “ella me llamaba y me decía, ‘mamá hablá con el jefe de los médicos, que mi papá no se muera’. Yo me lloraba la vida afuera y después tenía que ser un roble al entrar, para que mi marido me viera bien”. 

Recuperación
Ariel debe viajar mañana a Bahía Blanca, para continuar con su recuperación. “El Covid-19 dejó secuelas graves sobre todo en los pulmones -dice Paula-. Está con kinesiología. La tormenta más fuerte pasó, pero el corazón se le avejentó y el hígado, que es un órgano que se regenera. Pero con calma se va a ir recuperando, un médico nos dijo que le va a llevar seis meses. Perdió masa muscular, once kilos de peso, y él mide dos metros. Con tiempo, paciencia y ejercicios, se irá mejorando”. 

No es sencillo, porque “Ariel siempre se manejó solo, hoy necesita ayuda. Le gusta mucho hacer deportes, ahora está limitado. Eso cuesta”. 

Habla con gratitud de los médicos del Instituto Médico Platense. “El doctor Gustavo Chaparro es el jefe de terapia intensiva; los médicos Luis Del Buono; Analía Palaoro; María Cecilia García; y Héctor Chico; todos nos atendieron de manera excelente”, enumera. 

El doctor Chico la llama todas las semanas. “Le paso los estudios, da su opinión y consejo. Es cruzarse con buena gente, a veces creemos que no hay, pero ahí están para ayudar a los demás”, valora. 

En este contexto, subraya que la policía actuó como “una gran familia. El comisario mayor no me conocía y ha sido muy atento, con muy buenos sentimientos. He visto otros compañeros de la fuerza que también reciben esa contención”. 

Juntos 
Araceli hoy está feliz con su papá en casa. Paula sostiene que “cuando llevé a mi marido al hospital la tuve que dejar solita, le dije hija ya venimos y volví sola con una bolsa con ropa. Era llorar y llorar, me abrazaba y me decía ‘mamá, mi papá es un guerrero, vos no tenés que llorar’. En lugar de yo contenerla a ella, con nueve años, me consolaba”. 

La hija preguntó muchísimo por la salud de su padre, cuando estuvo en la casa de los abuelos en Copetonas y en cada llamado telefónico a su mamá. Se encuentran juntos y disfrutan estar bien, en familia, luego de semanas de incertidumbre.