“Apuntamos a un turismo de pasar el día”, dijo Carlos ‘Cali’ Peciña, uno de los integrantes del grup

Dorrego y Oriente

La Voz de Dorrego

Nos encontramos en El Perdido

03|08|21 12:21 hs.

Por Fernando Catalano


“Mostrar la riqueza del lugar -aunque sea simple- es lo que nos va a terminar dando identidad”. La frase que no suena pretenciosa, pero sí comprometida, pertenece a Carlos ‘Cali’ Peciña uno de los integrantes del recientemente creado grupo de turismo rural La Flor de El Perdido, distrito de Coronel Dorrego. 

La localidad, como el resto de los pueblos del interior bonaerense, nació a la par del desarrollo de la actividad ferroviaria. La historia del pueblo que lleva ese nombre por el arroyo que lleva el mismo nombre comenzó a escribirse “cuando se detuvo la locomotora por primera vez”. 

En la actualidad cuenta con mil habitantes que representan a varias colectividades, detalle que hace a la población particularmente atractiva. “Tenemos muchas cosas para mostrar”, afirmó el descendiente de vascos. 

Comentó que es común que muchas personas, cuando ingresan, se confundan con el nombre de la localidad. “Explicamos que El Perdido, Estación Guisasola es un mismo pueblo”; que se encuentra sobre la Ruta Nacional Nº3, en el kilómetro 577, a sólo tres kilómetros y medio.


El sábado reciente, un grupo promotor de turismo rural, puso en marcha la experiencia de instalar a El Perdido como destino para el turismo rural


La Flor de
El nombre del grupo de turismo rural de la localidad tiene un vínculo con Tres Arroyos. La Flor de El Perdido fue un establecimiento que -por 1876- perteneció a Don Fermín Muñoz. Fue un Juez de Paz de Tres Arroyos que trasladó su juzgado a cuatro kilómetros de El Perdido, a su estancia que fue una fracción muy grande de campo a la que bautizó con el nombre La Flor del Perdido. 

Allí, apuntó ‘Cali’, comenzó a funcionar su juzgado, el correo nacional y la mensajería. “Ese establecimiento estaba en el camino Las Carretas y es ahí donde nace nuestro arroyo, El Perdido. Se llama así porque es muy pequeño, nace, desaparece y serpentea en la llanura”, explicó. 

Fue entonces que a modo de homenaje, por considerarlo como un factor importante para el posterior desarrollo del poblado, decidieron identificar al grupo turístico con ese nombre. 

Describió que el grupo está integrado por el bar museo ‘Lo del Tin’, un negocio típico de ramos generales de 1918, cuyo propietario es Eduardo Valentín García; La Francisca, una casa familiar con raíces vascas –de la que es bisnieto- está enclavada a media cuadra de la plaza central; al grupo también lo integra El Paraíso de Nora (de Nora Di Paola), una casa habitación para un alojamiento de un día o dos; y dos establecimientos rurales, uno llamado Los Vikingos de Inés y Eduardo Olsen que cuentan con una historia e impronta danesa; y La Alborada, de Javier Pérez Balade, a unos 11 kilómetros de El Perdido. 

Atractivos propios
“El Perdido tiene -como todo pueblo de la provincia- una arquitectura ferroviaria muy importante. Su estación hoy está en operatividad, funciona una cerealera, pero es de la municipalidad; el Centro Cultural La Casona y la agrupación gaucha Los de Fierro, desde 1995, tienen su sede social”, describió. 

Contó también que el pueblo tiene el museo del Club Atlético Recreativo Progreso, el más antiguo de Coronel Dorrego, la Escuela Nº 4 que cuenta con un retoño del histórico pino de San Lorenzo -del convento de San Carlos- plantado por los granaderos. “Tenemos una impronta de alemanes del Volga, el barrio Moscú (Ruso), una historia muy importante de principios de siglo con asentamientos de muchos dinamarqueses, la capilla levantada por los germanos y los irlandeses”, contó al repasar las características y orígenes de sus pobladores. 


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“Entendemos que como está todo suelto, tener un grupo que coordine esos atractivos para mostrarlo, le haría muy bien a la localidad. En verano hay un natatorio gratuito municipal, con una pileta con fogones y parrilla que lo mantiene la municipalidad; se puede pasar un día de verano en el pueblo”, apuntó como una de las propuestas de turismo al paso con las que cuenta el destino. 

Proximidad 
La mirada que el grupo promotor de turismo rural dorreguense tiene sobre la oferta que pretende proyectar incluye a todo visitante, pero considera especialmente a las comunidades vecinas. 

A una hora de Bahía Blanca, a sesenta kilómetros de Monte Hermoso, a ochenta de Tres Arroyos; las posibilidades apuntan a atraer a las personas que quieran separarse un poco de la ciudad y la rutina, para estar en contacto con la naturaleza y probar un buen asado al estilo de El Perdido; una propuesta que busca sumarse al corredor turístico que componen otras prestaciones que el distrito va alineando para tener una oferta turística más abarcativa y organizada.

“Uno trata de captar al turista con la gastronomía, dándole una buena presentación, estamos en la capital provincial del aceite de olivo. Queremos que se lleven lo nuestro, lo que sabemos hacer; un desayuno con la miel de nuestros apicultores; mostrar la riqueza del lugar -aunque sea simple- es lo que nos va a terminar dando identidad. Apuntamos a un turismo de pasar el día. La gastronomía, una picada, el asado o una merienda de campo –seguro- estarán en la oferta”, prometió ‘Cali’ en el cierre de la nota con este diario.    


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