La visita de la Fragata Libertad generó emociones genuinas (Caro Mulder)

Opinión

Editorial

Libertad

08|08|21 09:33 hs.


La Editorial de este domingo, en la voz de Diego Jiménez


“Scientia et Pax” (Frase escrita en el escudo de armas de la Fragata Libertad)

Fue Sarmiento (¿quién otro podría tener tantas iniciativas educativas?), el creador de la Escuela Naval Militar, en el año 1872. Uno de los tantos resultados de su agotador impulso, violento y desbordado en muchas ocasiones, fue el dotar a la Armada Nacional del primer buque escuela llamado La Argentina, puesto en actividad en el año 1884, el mismo en el que nació nuestra ciudad. Luego le siguió la Fragata Presidente Sarmiento, construida en Birkenhead, Inglaterra, que zarpó del puerto de Liverpool el 14 de julio de 1898, iniciando en enero del año siguiente su primer Viaje de Instrucción. El último lo realizó en 1938, totalizando unos veintinueve.

Proyectada en 1946, comenzada a construir en 1953, en el Astillero Río Santiago e impuesto su nombre en 1956, la Fragata Libertad se botó ese mismo último año. En 1962 entró en servicio, pero fue en mayo de 1963 cuando fue incorporada oficialmente a la Armada con la ceremonia de afirmación del pabellón. Años después, el Poder Ejecutivo Nacional, por decreto presidencial del 30 de mayo del 2001 la nombró nave Embajadora de la República. Tres años más tarde, inició su reparación de media vida. Esta modernización le permitirá mantenerse activa por varias décadas más, sumando otros a los más de sesenta países recorridos, a los quinientos puertos en donde amarró y extendiendo su servicio como año de escuela final para centenares de oficiales de marina. Y ella misma, una noche primaveral de un 3 de agosto ancló frente a las amplias playas de nuestro partido, descansó en sus aguas y al atardecer del día siguiente continuó su viaje, en cumplimiento de su misión que es la de “…completar la formación profesional de Guardiamarinas, contribuyendo al incremento de sus conocimientos marítimos, náuticos y a su formación en la cultura de trabajo en equipo y el nacimiento de futuros líderes naturales… Además, contribuye a la política exterior del país representándolo en el extranjero. Allí, fuera de casa”…”difunde las bondades de su realidad geográfica cultural y productiva, mostrando a su vez su vocación como un país eminentemente marítimo…”. 

Gente, junto a la desembocadura del arroyo Claromecó observando a lanchas particulares partiendo a navegar para acercarse a la Fragata. Otros, en un día único, de otra estación, dispuestos en la playa como en una jornada de verano, mirando a lo lejos una silueta inimaginable para nuestra costa. Tranquilidad, sonrisas, saludos entre vecinos, pies fríos empujando un bote amigo, ojos fundidos en un horizonte puesto en pausa, atravesado por una visita especial. Agosto nos trajo un día feliz e inesperado, como lo son muchas de las emociones genuinas. Tan naturales y simples, que para la artificialidad resultan incómodas. 

Navegamos también, viendo cómo se convertía en cada vez más grande la postal que a lo lejos divisábamos con tres palos (trinquete, mayor y mesana), surcando unos pocos kilómetros de un Atlántico convertido en anfitrión amable, plácido, de lanchas, gomones y algún canoista audaz. El cielo, limpio, solo surcado por aviones de pilotos locales que querían ver de otro modo los 104 metros de eslora y los 14,30 metros de manga de una embarcación noble, distinguida, anclada firmemente, contrastando en su estabilidad con los movimientos continuos de las pequeñas que la circunnavegaban una y otra vez. 

Su tripulación bien dispuesta, sin negar en absoluto cada uno de los saludos con las manos y las voces de tresarroyenses emocionados, incrédulos a causa de un espectáculo salido de otro mundo. Pero no, estaba ahí, tan propia como nuestras playas, las cuales sentimos y vivimos como una extensión de nuestros jardines, patios, veredas y plazas. 

Se hablaba por cierto, se comentaban las características del navío, la imaginación trataba de construir las sensaciones de los marinos atravesando mares y climas exóticos, los recibimientos disfrutados a lo largo y a lo ancho de los océanos, la disciplina de a bordo, las ocupaciones de cada uno de los miembros de la tripulación, la lejanía de sus hogares y el modo elegido para servir al país de hombres y mujeres, más de 300 en total, entre Jefes y Oficiales, Cadetes y otros integrantes de este extraordinario Buque Escuela. Fue uno de esos días en que sin querer, despojados de interpretaciones, prejuicios, cosmovisiones y universos particulares, sentimos orgullo del país en que vivimos. Esa sensación cálida que parte del pecho y que en algunos momentos rebalsa de humedad en la frontera entre los ojos y las mejillas. Que a veces, como el miércoles pasado, estuvo acompañada de una palmada fraterna o de una expresión alegría. Terminó una visita sobria, con un mensaje republicano sencillo y profundo. Como reza en su escudo, solo la concordia y el desarrollo educativo, a pesar de los mares bravos que nos toca y tocará recorrer, nos llevarán a buen puerto. 


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