Opinión

Por Enrique Mendiberri

Adiós y gracias viejo punk rocker

15|08|21 19:48 hs.

Era mitad de los 80’s en un pueblo de la Patagonia cuando escuché por primera vez a Los Violadores. No tenía 13 años cuando el riff de “1, 2, Ultraviolento” que había grabado un amigo en una publicidad de la FM Rock and Pop me “contaminó” para siempre. 


Y ni hablar cuando lo ví a Pil. Una imagen que nada tenía que envidiarle al mismísimo Jhonny Rotten de los Sex Pistols, los dueños del rock más crudo y real que lo proclamado hasta ese momento por el heavy metal, se había metido en mi retina para no irse jamás. 

Después era cuestión de escuchar lo que cantaba para entender que la cosa iba en serio. El tipo te abría la cabeza, te marcaba la cancha como ninguno con letras directas y llenas de realidad como sólo Los Violadores te la podían dar. 

Ayer por la mañana, una historia de Instagram me trajo la noticia más triste. Enrique “PilTrafa” Chalar (62) había dejado este mundo para irse a otro universo para contaminarlo de libertad, locura y rebeldía, como lo hizo con todos sus fans mientras vivió en este mundo. 

Integró un producto artístico que le cantaba “Represión” a los militares a fines de los ‘70s y se emborrachó de fama cuando sacaron un disco que, en su principal hit, recreaba una noche de gira y desenfreno en el idioma que Stanley Kubrik había creado para Alex y sus drugos (amigos) en la legendaria película “La Naranja Mecánica”. 

Muchos años después, parte de un estrato de la “nueva” sociedad argentina, intentó condenarlo por el nombre de la banda y, mientras sus socios del escenario se defendían con el argumento que nació porque eran “violadores de la ley”, Pil fue más simple y lo tradujo en un tweet hermoso respondiéndole a Sara Stewart Brown (autora del posteo que los hizo TT por última vez el pasado 2 de junio): “el nombre (Los Violadores) nació en 1979, plena dictadura (violadores de la Constitución) suena inútil contextualizarlo en 2021, carece de gracia comparativa”. 

PilTrafa fue la cara de una banda épica del rock nacional, que nada tiene que envidiarle a Sumo o Los Redonditos de Ricota. Lamentablemente, las internas y el desgaste la hicieron diluirse después de 12 discos (contando tres recopilaciones y otros tantos en vivo), pero resucitaron momentáneamente un 16 de abril de 2016 para que muchos ochentosos como yo volvieran a verse las caras con sus amigos y salgan a disfrutar de su música por última vez en un histórico recital en el Luna Park (el “Luna Punk”, le pusieron al disco). 

 Hoy toca despedirlo y, quienes lo disfrutamos brillando en un escenario o esperamos ansiosos sus discos, lo hacemos con el mismo cariño con el que le dimos la bienvenida el día que nos tocó escucharlo la primera vez. Adiós y gracias viejo punk rocker. 


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