Opinión

Editorial

A pesar de las dificultades

11|09|21 20:06 hs.

El extraordinario Apertura y legendario capitán del Seleccionado Argentino de Rugby, Hugo Porta, recuerda siempre su paso como Embajador de nuestro país, entre los años 1991 y 1995, en África del Sud, como a veces denomina a la tierra que vio nacer, luchar, padecer y seguir luchando nuevamente, al gigantesco Nelson Mandela. 


Como diplomático, fue testigo de las elecciones en las que triunfó el Congreso Nacional Africano y convirtieron a Madiba en presidente de Sudáfrica, dando fin al inhumano y criminal apartheid. La vitalidad de la esperanza de los tres días de abril de 1994, en los que se votó y finalmente fue electo el líder africano, son graficados por Porta, en su descripción de largas filas de votantes de las que fue un observador privilegiado. En ellas, se mezclaban blancos y negros, hombres y mujeres, personas de condición económica modesta junto a otras con mejor situación social. 


 La imagen que más lo impactó, como le contaba al desaparecido periodista Roberto Maidana en una entrevista, fue la de un anciano negro de 92 años, que luego de aguardar en una fila por más de siete horas emitió el primer voto de su vida. Esa espera quizá haya sido una de las más gratificantes de la existencia para ese ser humano. Aquel tiempo breve, para una historia larga contaminada de segregación, le brindó la posibilidad de elegir en libertad, amparado en la constitución y las leyes, el destino de su castigada tierra. Él, como millones, pudieron hacer materia la frase repetida una y mil veces en aquel año extraordinario: “Un hombre un voto”. 

Hemos escrito muchas veces desde esta editorial sobre la escasez de profundidad en las propuestas electorales o, lisa y llanamente, en su ausencia absoluta. Exigimos el debate de una agenda para un crecimiento económico sustentable, fundamentado en una educación de calidad, en un mundo, en donde el conocimiento es lo que crea valor significativo. Escribimos sobre la escandalosa pobreza y marginalidad que padece casi la mitad del país y que conforma un nuevo tipo de esclavitud moderna, al impedirles a las personas, el incremento de las libertades necesarias para forjar un destino personal que se entremezcle en uno colectivo, dándole, de esta manera, forma y cohesión. Comentamos la superficialidad de ciertos medios, el cortoplacismo de sus análisis y su responsabilidad manifiesta en cultivar las divisiones. Pero siempre, en la larga tradición centenaria de este diario, defendimos el sistema republicano y los mecanismos institucionales del régimen democrático. 

Por esas razones, hoy no es un domingo para pasarlo sin más, como a veces ocurre, absorbidos por lo anodino que muchas veces se presenta ese día de la semana, cualidad esta última, incrementada por la apatía, el malestar y el descreimiento, que arrecia nuestro espíritu al analizar la realidad del país. Por eso, votar es importante, y esa decisión, la tuya, la mía, la nuestra, el país la necesita. Del mismo modo que para construir una casa, es importante tanto el primer ladrillo como el último, con los votos ocurre lo mismo. Ninguno vale más que otro, vivas donde vivas, tengas la edad que tengas, creas en lo que creas, definas como definas tu identidad personal, seas rico, pobre o más o menos. Quizá sea la jornada de las elecciones la que refleje más a la perfección la igualdad ciudadana. Hoy valemos lo mismo sin matices. Y eso, sin lugar a dudas, es poderoso. El voto es el combustible sano de la democracia. El que la activa, la moviliza, la sacude del conformismo y le renueva su existencia. 

Al igual que aquel desconocido anciano sudafricano, al que las injusticias, las humillaciones y la desmoralización constante, no pudieron arrebatarle su porción de esperanza, no permitamos también, que el desaliento finalmente nos venza, dando lugar a aventuras anti políticas. 

Vayamos a las urnas. A pesar de las dificultades y sobre todo, porque estas son muchas. No es solamente una obligación, es algo imprescindible.   


Add space 300x250x2