Juan Carlos Saint Martín, "Cairolo" para todos

La Ciudad

119 aniversario de La Voz del Pueblo

Cairolo, inolvidable compañero de trabajo

14|09|21 09:14 hs.

Durante más de 40 años, Juan Carlos Saint Martín se desempeñó en el área de impresión en La Voz del Pueblo. Conocido por todos como Cairolo. Laburante, simple y de sonrisa franca. 


Nos dejó el 2 de julio a los 82 años, día en que falleció en Bahía Blanca. Estaba por cumplir 20 años como jubilado y era habitual verlo andar en bicicleta, por calle Alvear, en dirección a la casa de un amigo. Una de sus salidas habituales. 

De muy joven conoció a Marta Betbeder, se casaron y tuvieron dos hijas: Patricia Alejandra y Paola. Fue un matrimonio para toda la vida, estuvieron juntos durante poco menos de seis décadas. 

Antes de ser convocado al servicio militar, trabajó en un taller mecánico. Luego el diario fue su casa en la primera cuadra de calle Colón y desde 1995, en la actual sede de avenida San Martín. Hasta que en 2001, con el inicio del nuevo siglo, finalizó su etapa laboral.

En una nota sobre sus vivencias, publicada en 2007, recordó que su ingreso a la empresa se produjo el 1º de marzo de 1961, cuando el entonces gerente Lindor Sanguinetti lo entusiasmó para incorporarse “porque ponían una máquina nueva, la Marinoni, con la que trabajé hasta que en 1978 instalaron la NewsKing”. Describió con precisión el traslado y armado de la impresora, cuando tuvo lugar la mudanza de La Voz del Pueblo, y los cambios técnicos para la incorporación del color. 

Le gustaba el fútbol, jugó en Boca de Tres Arroyos y era ferviente hincha también de Boca a nivel nacional. Las conversaciones sobre un partido y acerca del deporte más popular de la Argentina resultaban habituales.

Una presentación suya al momento de tramitar la jubilación, sobre las características del trabajo de impresión y en el taller gráfico en tiempos en que las prácticas eran mucho más artesanales, fue tomada como antecedente. Su planteo permitió que otros empleados de su área en Tres Arroyos y la provincia se jubilaran de manera anticipada. “¡Cuántas personas te tienen que agradecer!”, fue una de las frases que escuchó sonriente en un ocasional encuentro con un ex compañero.

Padeció una afección repentina de salud. Queda como consuelo, que hasta poco antes de su desaparición física estuvo bien, disfrutó también del período de descanso y de la familia. 

Seguramente era muy bueno en lo que hacía. Dedicado y conocedor del oficio. Más allá de las cualidades como obrero, trascendió por ser una persona que mostró grandeza en su actitud cotidiana, con la bondad como principal atributo.