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Carta de Lectores

Escribe Gladis Naranjo

Memorias de un cuarto oscuro

05|10|21 12:27 hs.

Señora directora:

El clima electoral del mes de septiembre (campaña, PASO del día 12 y tembladeral posterior) nos ha expuesto a ser espectadores del disparate mirando y escuchando a nuestros políticos como protagonistas o transformados en lastimosos actores de reparto. Con una inagotable capacidad demagógica, han recreado escenas del sainete criollo que resultaría jocoso si no fuera decididamente patético y grotesco. 

Desde la emoción de mis 22 años de edad en que voté por primera vez, cuando se escuchaba enardecida a la multitud: “¡Cámpora al gobierno, Perón al poder!” hasta la actualidad, el misterio del cuarto oscuro se desarrolla en un asombroso continuo que parece no tener fin. En aquel año, 1973, un presidente electo se colocó la banda. Le quedaba muy grande. Había sido designado para ese cargo por quien ostentaba el verdadero liderazgo político. Y él aceptó desempeñar ese rol. El escenario de entonces era muy diferente al de hoy, pero los partidos actuales, empecinados en repetir la historia nos plantean las mismas escenas una y otra vez, cambiando solo el telón de fondo. Y la banda le sigue quedando grande. 

Claro que desde aquel “alambre de fardo en el bolsillo” y el “¡Leña, leña, leña!” vociferado en la plaza, se transforma hoy gracias a twitter y se expone más prolijamente en el pensamiento de una diputada nacional (la misma que se condolía, en concordancia con el pensamiento de su jefe de bloque, por tener que sacrificar “nuestros ríos y nuestras cataratas” para comprar vacunas) que amenaza con cerrar sucursales de supermercados como método de control de precios.

¿Advertirá que ese mecanismo que tiene 70 años de recorrido no ha dado resultado? ¿Ignorancia, perversidad o estupidez?

¿O los recientemente bautizados como “bienes culturales de la Argentina” que nos remiten a las viejas regulaciones de 2006 y de 2008, marcados fracasos? 

¿Cómo olvidar mi libro de lectura de primer grado con el feroz adoctrinamiento político partidario ejercido sobre niños de 6 años, si ahora una profesora que se desgañita desorbitada es etiquetada como “formidable” cuando manifiesta ese mismo ensañamiento ante sus alumnos adolescentes?

Las dádivas preelectorales, desde las zapatillas de Ruckauf en 2001 hasta los electrodomésticos de San Luis y Gral. Rodríguez y las bicicletas de Avellaneda, pasando por la extorsión sustentada con dinero en efectivo (en dólares, en el caso de San Luis, a jovencitos que culminan su escuela secundaria) y hasta con agua potable (Santiago del Estero), llega a la denigrante y canallesca “platita en el bolsillo” del candidato a diputado ex Plan Qunita (descubridor del mecanismo de vehiculización del coronavirus en una pelotita de tenis) hasta la ignominia a la que son sometidos miles de ciudadanos obligados a que un puntero político intermediario en la desembozada dádiva gubernamental pase lista de asistencia en una plaza. 

Y el 15 de noviembre, qué? ¿Y todo lo que falta? 

No nos espantamos ya del abrazo al “ejemplar” gobernador de una provincia pauperizada en la que mueren niños de hambre y tisis, o la lisonja descarada a sindicalistas mafiosos y extorsionadores, o los privilegios de un exvicepresidente condenado por chorro y coimero que goza de libertad por una alquimia nefasta, que alcanza también a empresarios ladrones de dinero público y sobre los que nuestro gobierno hace “la vista gorda” en total complicidad. 

¿Nos puede extrañar el que se justifique a hijos y entenados que han robado vacunas y que todavía ejercen sus cargos en el Congreso? Los otros, ni saben que han robado. Su escala de valores está lo suficientemente trastocada como para declararlos irrecuperables para la vida democrática de nuestro país. Y ni siquiera lo saben. 

Miramos las escuelas canceladas para millones de niños y adolescentes, mientras muchos viejos morían (80% de nuestros muertos) en la más absoluta soledad, roto hasta el lazo de cordura que los unía a sus familias. 

No basta con confesar con cara de compungido que fue una “ocurrencia de la querida Fabiola”, en un claro gesto de desprecio por la población y de cobardía hacia su mujer. 

No basta con un “poquito más de platita en el bolsillo”, no basta con regurgitar desde el túnel del tiempo a un par de energúmenos que “arrastran marcas”, uno un exaltado caudillo provinciano venido a menos, otro un experimentado y multifacético patotero profesional que sobreactúa como gran vocero nacional, acallado ahora el griterío de impotencia y del índice admonitorio que transitó desde las cartas astrales hasta la invocación a Dios. Hemos visto todo. Nos queda el 40% de pobreza (18 500 000 argentinos), el 54% de esos pobres menores de 15 años, miles pidiendo trabajo, miles que quieren comer tres veces por día, miles a los que no pueden convencer de que vamos hacia la vida que queremos. 

El pueblo delibera y gobierna por medio de sus representantes en el Congreso. Por todos los chicos de las escuelas silenciadas durante 18 meses, por todas las persianas bajas, por todos los trabajos perdidos, por las universidades calladas y los estadios desbordados. De nuestro voto dependen. De nuestra memoria. 

Gladis Naranjo, médica de a pie, jubilada. 


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