Hernán Pujato

Opinión

Por Juan Francisco Risso

Delta II: El gran olvidado

10|10|21 00:39 hs.

Cualquier habitante NYC (nacido y criado) de Bariloche le dirá que a la Península de San Pedro se la quedaron los militares. Un lugar paradisíaco y nada lejano; de ser así habrá sucedido en algún gobierno militar. También hay civiles propietarios. Y como el dato es viejo, quizá la propiedad de la península ya se haya “civilizado” mucho.


Todo esto me vino a la cabeza cuando el General Pujato me admitió que –efectivamente- era dueño de una isla en la –creo- segunda sección de islas. No diré Puerto Madero, pero Barrio Norte del Delta. Lo juzgué mal. Pero mal. Miren lo que refiere de él la Wikipedia.

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 Hernán Pujato (Diamante, 5 de junio de 1904-Buenos Aires, 7 de septiembre de 2003) fue un militar, diplomático y explorador argentino que fundó las primeras bases antárticas del país, así como el Instituto Antártico Argentino. 

Hernán Pujato nació en 1904 en la ciudad de Diamante, en la provincia argentina de Entre Ríos, siendo su madre Martina García y su padre José Diego Pujato. Ese mismo año Argentina comenzó, de manera ininterrumpida, efectiva y notoria, su permanencia en la Antártida. Realizó sus estudios primarios en la escuela pública Independencia de Diamante y los secundarios en el Colegio La Salle Buenos Aires. 

Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 1º de marzo de 1922 de donde egresó como subteniente de Infantería el 24 de julio de 1924. En 1927 se desempeñó en el Regimiento de Infantería de Montaña 16, en la localidad de Uspallata, provincia de Mendoza. Allí adquirió la aptitud de esquiador militar y desarrolló una gran actividad de montaña; en 1929 intentó llegar a la cumbre del Aconcagua, debiendo suspender el ascenso 300 metros antes de la cumbre debido a un fuerte temporal. 

En 1935 ingresó a la Escuela Superior de Guerra, de donde egresó con el título de oficial de Estado Mayor en 1938. Fue destinado nuevamente al Centro de Instrucción de Montaña en la provincia de Mendoza. 

 Carrera militar 
Estando destinado como agregado militar a la embajada argentina en Bolivia, en 1947, siguió con atención los planes de reconocimiento del territorio antártico próximo a la Argentina, que habían comenzado con la expedición en 1942 del capitán Alberto J. Oddera y otras subsiguientes. Hasta esas fechas, la cartografía de la región era apenas vestigial, y el desconocimiento sobre los aspectos biológicos y geológicos de la misma era casi total. Una visita oficial realizada por el presidente Perón a dicho país en 1948 fue la excelente ocasión para que Pujato pudiera exponer sus planes antárticos ante el más alto nivel de decisión política nacional. 

En 1949 Pujato, entonces coronel, presentó al presidente Juan Domingo Perón un detallado plan de acción que incluía la instalación de bases científicas y poblacionales en la Antártida, así como la creación de un instituto científico a efectos de investigación. El interés oficial en el proyecto llevó a que se lo destinara a Estados Unidos y Groenlandia a fin de adquirir los conocimientos técnicos necesarios para la supervivencia en latitudes extremas. La Armada nacional no estaba en condiciones técnicas de realizar la logística necesaria para tamaña acción, razón por la cual debió recurrirse al empresariado privado que colaboró en todo lo atinente a traslado y carga. 

Las labores de preparación concluyeron en 1951, y el 12 de febrero de ese año el transporte patagónico Santa Micaela, propiedad de la empresa naviera argentina Pérez Companc, comandado por el capitán Santiago Farrell, zarpó con el material necesario para construir una instalación permanente en el territorio antártico. La Primera Expedición Científica a la Antártida Continental Argentina erigió el 21 de marzo la base San Martín, en la bahía Margarita, el primer asentamiento humano al sur del círculo polar antártico y la primera base científica argentina en el territorio continental antártico. A partir de la base, equipos en trineo recorrieron la zona, recabando información geográfica. En estas misiones relevaron unos 105.000 km cuadrados, bautizando con nombres argentinos los accidentes geográficos cartografiados. 

El 29 de marzo se iniciaron las comunicaciones aéreas entre la base San Martín y el destacamento naval Melchior, y en diciembre se demostró la posibilidad de conectarlas directamente con el continente, gracias al vuelo de un hidroavión partido de Río Gallegos que lanzó sobre la base útiles y correo. 

Ese mismo año, Pujato fue nombrado general de brigada y titular del recientemente creado Instituto Antártico Argentino (IAA); insistió, de acuerdo con su plan, en que éste dependiera del Ministerio de Asuntos Técnicos, no de las autoridades militares, afirmando que la tarea principal de las bases antárticas era la investigación. 

En 1952 se experimentó con las comunicaciones aéreas; el 7 de febrero dos hidroaviones partieron de Río Grande, en Tierra del Fuego, y aterrizaron en la Antártida, regresando tres días más tarde. En marzo, el ARA Bahía Aguirre llevó a la base San Martín el primer helicóptero empleado para la fotografía aérea en la Antártida. En 1954, pese a los informes desfavorables, promovió la compra de un rompehielos; finalmente se adquiriría en Alemania el rompehielo ARA General San Martín, con la intención de alcanzar el final del mar de Weddell. El 20 de diciembre de 1954 zarpó, con Pujato a bordo, con la impedimenta necesaria para instalar la base antártica Belgrano. 

El 18 de enero de 1955, tras alcanzar la costa sur del mar de Weddell, se fundó ésta, la más austral del mundo en su momento. Las tareas de exploración se llevaron a cabo por tierra, empleando trineos, y por aire, con dos monoplazas traídos a tal efecto, que alcanzaron los 83º 10' de latitud sur; Pujato piloteó personalmente muchos de los vuelos de reconocimiento. El éxito le valió el nombramiento de general de división. 

El 16 de septiembre de 1955 el Presidente Juan Domingo Perón fue derrocado y a su regreso ninguna comitiva oficial lo recibió. Las condecoraciones que Perón le había otorgado le iban a jugar en su contra, y Pujato fue llamado a comparecer por las nuevas autoridades, que lo habían sumariado. Posteriormente por decisión del gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu pasó a situación de retiro y apartado de sus cargos. 

No había podido alcanzar el Polo Sur, pero ya había encontrado quien pudiese terminar lo que él comenzó: el coronel Jorge Edgar Leal. 

Fue reconocido en vida como "Ciudadano Ilustre de Diamante", fue nombrado Comandante Honorario del Comando Antártico del Ejército y fue homenajeado por la Cámara de Diputados de la Nación el 14 de agosto de 1991. 

 Malvinas y Pujato 
Durante la Guerra de las Malvinas, en 1982, Pujato -ya un general retirado de 78 años- se presentó al comandante del Ejército ofreciéndose como piloto para estrellarse con un avión cargado de explosivos contra algún buque británico. 

 Reconocimientos: 
Libro de actas original de la Dirección Nacional del Antártico con las firmas de Pujato y Jorge Edgar Leal, Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur. 

Gran Maestre Fundador de la Orden de Los Caballeros al Desierto Blanco. 

En 1951 Perón honró a Pujato imponiéndole su nombre al Instituto Antártico Argentino, creado por decreto del Poder Ejecutivo Nacional nº 7338, del 17 de abril de 1951.6 

Con la Revolución Libertadora, Pujato fue pasado a retiro. Permaneció activo en organismos internacionales, y en 1967 se nombró en su honor "cerro Pujato" a la cumbre ubicada en 82°40′S 42°57′O. 

En 1981, al cumplirse 30 años del Ejército en la Antártida, se le entregó la Medalla del Ejército Argentino. 

En 1983, el 26 de octubre, el Comandante en Jefe del Ejército lo designó Comandante Honorario del Comando antártico del Ejército, por su prestigiosa carrera militar y su permanente preocupación por la actividad antártica Argentina. 

En 2002 la escritora Susana Rigoz publicó el libro Hernán Pujato: El conquistador del desierto blanco. 

La provincia de Río Negro incorporó en 2010 al calendario escolar su natalicio. 


 Con sus años y toda su experiencia a cuestas y a fines de no molestar, obligando a su cuidado a su familia, el General Pujato decidió internarse en el Hospital Militar Campo de Mayo, allí ocupó hasta su muerte una humilde y sencilla habitación. Recibía a sus amistades con una bata de la Institución. Donó sus salarios de militar retirado a ese Hospital para contribuir a su manutención y no causar erogaciones al Estado. Quienes lo atendían y los que lo visitaban gozaban de su sabiduría y le pedían que les relatara sus acciones antárticas a lo que jamás se negó. Recibió el reconocimiento de sus conciudadanos en vida. 

Falleció a los 99 años de edad en el Hospital Militar Campo de Mayo. Sus restos fueron llevados a la Antártida, y descansan en el islote Bárbara, cercano a la Base San Martín. 

 Véase también 
Campañas antárticas de la Argentina (1950 a 1959) 

Referencias 
 General de División D. Hernán Pujato, artículo en el sitio web de la Fundación Marambio. 

 «Hernán PUJATO». www.marambio.aq. Consultado el 22 de abril de 2017. Hernán Pujato: El conquistador del desierto blanco, María Ghirlanda, 2002 -ISBN 9879754050 115 pág 

 «Página/12 :: Para un hombre borrado de la historia». www.pagina12.com.ar. Consultado el 8 de febrero de 2019. «Hernán Pujato - conquistador antártico». La Gazeta. 

 El Diario del Fin del Mundo (17 de abril de 2009). «Se conmemoró el 58º aniversario de la creación del Instituto Antártico Argentino». Fundación Nuestro Mar. Consultado el 23 de febrero de 2010. Rigoz, Susana (2002). Hernán Pujato: El conquistador del desierto blanco (1 edición). Argentina: María Ghirlanda. p. 264. ISBN 978-987-97540-5-4. Archivado desde el original el 19 de mayo de 2007. Consultado el 23 de febrero de 2010. 

Fontana, Luis Roberto. Rememoración Histórica 50 años de la Base San Martín. 

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 Salimos del edificio de calle Arroyo dejando allí al viejo general y su esposa -Maína, si la memoria no me engaña- que nos despedían desde el portal. Alguien recordó que en su juventud Pujato vino de la campaña antártica, se casó, y a los pocos días regresó en el avión siguiente. Allí lo recibían sus grandes amigos: los perros. Mencionaron que procuraba establecer una raza antártica, supongo que seleccionando los mejores ejemplares. Con el tiempo se prohibieron los perros por traer enfermedades a la fauna autóctona. Épocas en que a ambos polos se procuraba llegar con ayuda de perros y aún de ponys, estos últimos totalmente disfrazados para defenderlos del frío. Existieron muchos fracasos con aquello de los polos. Y por esas épocas andaba Pujato llevando la bandera argentina. Hoy, el “sector antártico argentino” es igual al chileno, así se lo enseñan a los chilenitos. Y hay bases inglesas y de otras nacionalidades. Pero gracias a hombres como Pujato metimos los codos en el círculo ántartico y allí somos alguien. Hay familias argentinas habitando ese suelo. 

Mientras caminábamos alguien mencionó que el general Cristino Nicolaides le había rendido un homenaje hacía poco tiempo. Otro familiar apuntó que estaba muy enojado “con lo que estaba pasando”. Claro… un viejo general que pide un avión cargado de explosivos para volar a Malvinas y hacer su desastre particular… ¡qué puede tener que ver con sujetos como Nicolaides! Pujato era como esos vikingos que necesitan morir espada en mano. Y yo creyendo que se afanaba una islita del Delta, infeliz de mí. Porque como alguna vez dijo Guarany “un hombre no es el auto y la casa que tiene. Un hombre es lo que tiene adentro”. 


Por Juan Francisco Risso




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