Sede de la Fiscalía (archivo)

Desde la Redacción

Por Enrique Mendiberri

La cultura del abuso

10|10|21 20:29 hs.

La sorpresa no cesa en torno al violento video que se viralizó días atrás en Tres Arroyos, donde dos adolescentes literalmente hacen llorar a un tercero luego de someterlo a sus bajos instintos bajo amenaza de golpearlo y hasta lastimarlo con un arma blanca. 


Es que, primero, los victimarios son casi niños también. Tienen apenas 12 y 13 años. Nunca estuvieron detenidos o, por lo menos, obligados a vivir a situaciones extremas como la que le hicieron vivir a su víctima. Al mismo tiempo, tampoco residirían en ambientes de violencia intrafamiliar o, hasta el momento, nunca formaron parte de una denuncia al respecto. 

A esta altura de la investigación, ya no quedan dudas que la raíz del flagelo que se viralizó a través de un video realizado con un celular es cultural. 

 La cultura del abuso es la que se impuso en ese dramático episodio que posiblemente marque la vida de quien lo sufrió. 

Una cultura que consiste en lastimar con ese abuso más que con un golpe o un corte como el que amenazaban realizar con un cuchillo de cocina si es que el joven amenazado no accedía a complacer los violentos deseos de los otros dos jóvenes que no le permitían salir del ambiente en el que estaba acorralado.

 Y se percibe desde la realidad hasta en el arte y la comunicación. Esto último lo vemos en contenidos que, en los últimos años, se impuso, por ejemplo, en los medios con películas o series televisivas de singular éxito de audiencia, donde el poder lo rige el más fuerte de un grupo de delincuentes presos y lo ejecuta con sexo, violando al más débil o transformándolo en su esclavo como una cuestión de supervivencia. 

 El mismo sexo al que se apela sin consecuencias en el lenguaje común, por ejemplo, cuando la burla sobre la ventaja ante una derrota deportiva también surge como un sometimiento natural en amistosas discusiones entre amigos en las que la frase “les rompimos el c…” significa lo peor de haber sido superado, violado por su rival. 

La cultura del abuso llegó para quedarse. Se metió en las conversaciones, en las comparaciones, las bromas y agresiones como un arma oscura a la que, lamentablemente, en casos como el que hoy nos toca ser testigos en Tres Arroyos, gustan recurrir muchos violentos cuando se dejan llevar por sus bajos instintos a la hora de dejar su marca definitiva y dolorosa en el otro.        


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