Opinión

Robin Wood

Se fue el hombre, queda la leyenda

31|10|21 16:49 hs.


Por Leandro Paolini Somers (*)

¿Qué más escribir acerca de Robin Wood? Como uno de los autores de Robin Wood, una vida de aventuras. Biografía autorizada me queda poco por tipear. Pero quizás puedo llamar a la reflexión acerca de su legado, y no solo el literario. 

La mayoría de los seres humanos no viven, existen. En general, quienes nos movemos en el tiempo que tenemos en el tercer planeta no hacemos nada trascendente. Sin embargo, cada tanto aparecen faros. Esos que VIVEN. Esos que TRASCIENDEN. Esos que son inolvidables. Robin Wood es uno de esos pocos seres humanos que cumplen con esas envidiables variables. Esos que forjan su destino, sube una catarata contra la corriente, hacen lo imposible. Eso fue Robin. El pibe que la pasó mal. Muy mal. En un contexto atroz, rodeado de carencias y abandonos de todo tipo. Materiales y afectivos. Y sin embargo, el pibe creció. Sobrevivió. 

Con las malas cartas que le dio el destino, malísimas, el pibe se convirtió en un tipo, que siguió teniendo mala suerte, pero que tuvo astucia, garra y un talento incomparable para ganar cada mano de esas en las que el destino creía que le iba a ganar. Robin siempre ganó sus manos. A la larga siempre ganó. 

 Más allá de los 10.000 guiones, los casi cien personajes creados, los viajes en todos los continentes, los saltos en paracaídas y los campeonatos de karate ganados (que raconto, eh; ojalá pudiésemos vivir un tercio de todo eso), más allá de crear a Pepe Sánchez, Dago, Savarese, Nippur y el resto de la banda, también creó a sus maravillosos hijos. Vivió y dio vida. A sus personajes y a sus hijos. Amó y fue amado. Por sus hijos, sus fans, por Annemette, por muchísimas compañeras de aventuras, por amigos y finalmente por María Graciela Sténico Wood, esa férrea guerrera que lo acompañó hasta sus últimos momentos. Vivió y amó. Amó escribir, amó la aventura, amó a sus compañeras y a sus hijos. Como un trapecista sin red, a su estilo. 

 Agradezco haberlo conocido, tener el honor de ser uno de los guardianes de su memoria, haber compartido algunos cafés y risas juntos e incluso haberle podido dar un regalo que me trajo mi madre de Irlanda que disparó otros diálogos acerca de nuestras raíces irlandesas, mientras repasábamos los contenidos de su biografía.

Ahora me queda el recuerdo y mucho de Robin por leer. Sí, todavía lo sigo leyendo y descubriendo como cuando era niño y leía sus historietas en la casa de mi abuela. Qué lindo es todavía tener material para leerlo y tenerlo en la memoria. Viejo loco, divino, genial. Que honor, maestro. Gracias por tanto. 

Así que a nuestro modo, con nuestras herramientas, a seguir el faro, a vivir y no solo a existir, que la aventura en sus muchas formas siempre nos espera. Robin con el legado de su vida y sus escritos nos guía. A leer, a vivir, a amar, a la aventura, Robin desde otro plano nos cuida.    

(*) Leandro Paolini Somers (1976) nació y se crió en Ramos Mejía, pero terminó su escuela secundaria en Miami. Tiene un título terciario como periodista y uno universitario como licenciado en Comunicación Social. Es autor del libro de cuentos “76 Mujeres” (2018) y de la novela” Deus Ex Imperium” (2019), con prólogo de Leonardo Oyola e ilustraciones de Salvador Sanz.

Es uno de los tres autores (junto a Diego Accorsi y Julio Neveleff) de “Robin Wood, un vida de aventuras (biografía autorizada)”. Actualmente es traductor de profesión y trabaja en una segunda novela. Solo le faltan conocer cinco países de la masa continental latinoamericana. Comió pirañas acampando en el Amazonas y dice que tienen gusto a pollo pero con demasiadas espinas. Es hincha de River. Vive frente al mar. 
Instagram: @leapaolinisomers / Fan page de Facebook: Leandro Paolini Somers / www.paolinisomers.com 


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