Ezequiel Valenzuela

La Ciudad

Un click, un Bitcoin, un futuro en continuo presente

Las criptomonedas ganan terreno en Tres Arroyos

02|01|22 09:06 hs.

 El acelerado desarrollo de las criptomonedas a escala planetaria cuenta con un incipiente pero sostenido capítulo local. Legionarios, visionarios o arriesgados. Operaciones complejas para ejercer el antiguo oficio de consumir. Minas virtuales, mineros de carne y hueso y la promesa en continuo presente de la riqueza por mano propia 

Por Gonzalo Arias

Un coleccionista de arte con un usuario virtual puede adquirir una obra de arte, también virtual, creada a menos de veinte cuadras del Parque Cabañas. La forma de pago, obviamente virtual, se suma a otras operaciones que se pueden concretar a la distancia de un click y que pasa a engrosar una billetera, únicamente virtual, con bajos costos operativos y sin instituciones que intermedien el intercambio.

Un trader europeo que pretende ampliar su cartera de activos financieros invierte en monedas virtuales ancladas en el valor del trigo cosechado en campos próximos a la costa del partido, mediante un desarrollo virtual pionero en el mundo de las commodities que une invisiblemente un proceso algorítmico con un silobolsa.

Un vendedor de alimento balanceado aguarda un mayor repunte del Bitcoin luego de que comprara a un precio más elevado del que cotiza en la actualidad. Mientras, observa de reojo un vehículo a la venta en una agencia fuera de la ciudad que acepta criptomonedas como forma de pago. 

Un adolescente tresarroyense, debatido entre extender sus vacaciones de verano y adquirir su entrada a una de las fests que pululan al cierre del año, convence a sus padres de abonarle un curso, virtual, para conocer de primera mano qué es eso de las criptomonedas. De paso, le insiste a su padre que las adopte en su negocio en un futuro no muy lejano. 

Escenas como las relatadas se repiten a diario a lo largo y ancho del globo, con su capítulo local en pleno desarrollo. Nociones como encriptado, criptografía, minar cripto, blockchain, criptoactivo, NFT, wallet y tokenización forman parte del vocabulario promedio de quienes incurren en la ¿fiebre? de las criptomonedas. Complejas operaciones matemáticas formuladas en sofisticadas (y onerosas) computadoras para sostener una cadena casi infinita de posibilidades numéricas que desembocan en una misma idea: la creación y sostenimiento de una moneda propia, ajena a las regulaciones y con la ¿fantasía? de crear riqueza basada en la confianza entre las partes. 

“Hay proyectos que son pura especulación y otras espectaculares, como los que prevén que en un futuro todo lo que tenga nuestra casa estará conectado. El capitalismo está en crisis, el Covid-19 tiró abajo a todas las empresas”


Vistas aún con recelo por las autoridades gubernamentales (el mes pasado, el Banco Central de la República Argentina incluyó a las operaciones de compra y venta entre las comprendidas por el Impuesto al Cheque), observadas de cerca por los agentes financieros (las sociedades de bolsa pujan por ofrecer servicios de compra y venta de estos activos), la realidad opera como orientadora: de acuerdo al índice publicado por el sitio Chainalysis, el país pasó este año a ocupar el noveno lugar en el ranking de intensidad de adopción de criptomonedas junto a naciones como Estados Unidos y Vietnam y vecinos regionales como Venezuela y Colombia. 

En nuestra patria chica, los adeptos no conforman aún una legión pero se multiplican lentamente al calor de las cotizaciones en ascenso y las ventajas de permanecer en las sombras. 

Esos mismos incipientes legionarios se encuentran en el centro de un debate que, como tal, muta permanentemente pero cuyos interrogantes aún permanecen: ¿son la tecnología que sustenta a las criptomonedas el puntapié para alcanzar el tan demorado desarrollo económico y personal o simplemente una ventana especulativa cuya burbuja un día, finalmente, explotará ante nuestros ojos y convertirá en partículas virtuales lo que se presenta como una sólida opción?

Todo en uno 
Ezequiel Valenzuela es diseñador industrial y confía en la tecnología. Le asigna un lugar clave para el crecimiento. Es por ello que, a nivel local y junto al artista Guillermo Mink, creó la primera feria de criptoarte que tuvo su primera edición en los primeros días del mes pasado en el Museo de Bellas Artes además de proyectar la presentación oficial del espacio de arte digital IAUNA Gallery. Se muestra fascinado por las posibilidades que genera el mundo cripto, por la horizontalidad que representa que una sola persona, con una computadora especialmente acondicionada, pueda convertirse en cuentapropista. 

En nuestra patria chica, los adeptos no conforman aún una legión pero se multiplican lentamente al calor de las cotizaciones en ascenso y las ventajas de permanecer en las sombras


La utopía de “sea su propio jefe”. Otro de sus proyectos, anclado en su actividad madre, es la venta de maquinaria industrial en donde acepta transar con monedas virtuales. 

“Toda criptomoneda es una red, una blockchain o cadena de bloques: cada criptomoneda posee una cadena de bloques”, explica. “¿Qué es minar? Pongamos el siguiente ejemplo: yo te mando un Ethereum por ejemplo, en algún lugar tiene que aparecer que ese Ethereum salió de mi billetera a la tuya. Eso es una transacción, un contrato inteligente: cada bloque de la red de Ethereum contiene una cantidad X de contratos y ese contrato tiene que estar encriptado por seguridad, por eso se le dice criptomoneda, cubierta mediante un código matemático supercomplejo. Los mineros están encargados de encriptar esa transacción: por tantas transacciones encriptadas, obtiene una recompensa. Es una red que se autoalimenta: cuantas más transacciones encriptan los mineros, más criptomonedas se generan. Los mineros los incorporan al mercado, porque en algún momento las van a vender”, alecciona sobre una de las principales labores que apuntalan al ecosistema de monedas virtuales. 

Consultado sobre quienes adoptaron esa actividad a nivel local, Valenzuela afirma que si bien no se conoce en concreto la cantidad total, la comunidad suma adeptos día a día.

“Siempre me encuentro gente nueva que está minando. Que yo conozca, hay cinco o seis que invertimos juntos. Hace tres años estoy en la ciudad pero comencé en esto cuando vivía en Mar del Plata: cuando me vine me di cuenta que un montón estábamos en la misma. Siempre encuentro gente nueva y la mayoría ha comprado los aparatos hace menos de dos años, lo empezaron a hacer a principios de 2020 porque la moneda tuvo un rally alcista que lo llevó de cuatro mil dólares en marzo a 73 mil dólares semanas atrás”. 

Asimismo no deja de puntualizar lo que, por definición, muchos las miran de reojo: la posibilidad de que se convierta en una nueva burbuja especulativa como tantas otras que asolaron a la humanidad desde las vísperas del capitalismo.

“Hay proyectos que son pura especulación y otras espectaculares, como los que prevén que en un futuro todo lo que tenga nuestra casa estará conectado. El capitalismo está en crisis, el Covid-19 tiró abajo a todas las empresas. ¿Y dónde se refugiaron esas empresas? En el Bitcoin. Al capitalismo tan mal no le cae, más cuando obtiene ganancias extraordinarias en un año de más del 400%...”, concluye.



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