Nicolás Kasansew e integrantes de su equipo, durante la cobertura en Malvinas

Opinión

Todo está clavado en la memoria

03|04|22 10:25 hs.

Cartas y cables de guerra originales que partían desde Puerto Argentino. Una parte de material que fue confiado gentilmente a La Voz del Pueblo por un ex empleado del Correo Central

Por Pablo Tano (*) 

Como entona el gran León Gieco en La Memoria, “todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia. La memoria apunta hasta matar. A los pueblos que la callan y no la dejan volar. Libre como el viento…” 

Se cumplieron 40 años de la absurda guerra de Malvinas. La que lloramos todos y con el tiempo se convirtió en cuestión de Estado para los sucesivos gobiernos en reclamo de la soberanía. La que desafió un obtuso, enérgico e inconsciente dictador con el nombre de Leopoldo Fortunato Galtieri. “Si quieren venir, que vengan, les presentaremos batalla”, vociferó desde el balcón de la Casa Rosada por cadena nacional y señalando al aire con el dedo índice de su mano derecha y los ojos vidriosos de ira y odio contenidos. 

El 2 de abril, la Operación Rosario, en homenaje a la Virgen, fue el principio del fin. Buzos tácticos y vehículos anfibios (kayaks y botes de goma) desembarcaron a la madrugada en una playa cercana a Puerto Argentino. Tiempo después, el presidente de la Junta Militar reconocía que ese fue el plan para “recuperar” las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. La rendición del gobernador del archipiélago, Rex Hunt, a los tiros, con muertos y heridos, terminó en un cruento enfrentamiento muy lejos de la ilusa negociación… 

Ese tristemente célebre y ovacionado discurso del presidente del Gobierno de facto, dos días después del desembarco, y que duró 24 minutos, contagió a una multitud en Plaza de Mayo que al ritmo de “¡el pueblo, unido, jamás será vencido!”, hacía sentir su fervor. Algunos medios, los más influyentes y poderosos, apoyaban, acompañaban y financiaban la opereta desquiciada en la que murieron 649 soldados en su mayoría jóvenes conscriptos inexpertos de todos los rincones del país.

En ese devenir doloroso y a medida que la guerra tomaba una dimensión real y concreta, el paso de los días, la sangre derramada, las balas, el fuego, los cohetes, las bombas que iluminaban el cielo, las penurias, las torturas, la escasez, el hambre, el maltrato, la muerte, la soledad, el compañerismo, los cigarrillos para controlar la ansiedad, las noches de luna gélidas e interminables de los pibes en los pozos de zorro rezando y rogando a Dios, el ocultamiento al regresar al continente y la negación….

Ya transcurrieron 40 años de reclamos, de soberanías perdidas, de reivindicaciones y derechos humanos pisoteados, de pensiones, de suicidios (se calcula cerca de 1000), acorralados, desplazados, marginados de la posibilidad de la reinserción laboral, olvidados de la sociedad… y la historia los encuentra en el mismo lugar o, mejor dicho, peor. 

Lo cierto es que las relaciones diplomáticas entre la Argentina y Gran Bretaña nunca han prosperado. La renovada Constitución de 1994 enmarca a las Islas dentro del territorio de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Inglaterra se apoderó del archipiélago en 1833…

Mensajes en papel 
Los conscriptos, jóvenes de entre 18 y 19 años, clases 1961, 1962 y 1963, intentaron comunicarse durante el conflicto bélico con sus familiares. Había que encontrar una vía de contacto para contener a esas almas desamparadas que estaban haciendo patria. Algunas cartas llegaban a destino y otras, no. Al igual que las encomiendas que las enviaban… 

Las máquinas Teletipo con las que contaba el Correo Central en el quinto piso del antiguo edificio de Encotel Argentina (Empresa Nacional de Correos y Telégrafos) fue el medio de la época para establecer la comunicación y para que alguna noticia llegara a la sociedad, mediante los pocos periodistas enviados a cubrir la guerra de la manera que se pudiera. Sobre todo el material fotográfico y fílmico de los periodistas de la agencia Télam y ATC, que fueron incautados y otros destruidos. 

La gente escribía a los soldados para que se sintieran contenidos, acompañados y no sufrieran tanto en el día a día. El desarraigo impensado e intempestivo por medio del engaño militar sin rumbo conocido y en plena juventud para en horas ponerse cara a cara con la muerte. Un destino inimaginable para miles de conscriptos que ejercían la colimba. Se fueron, se los llevaron de un sopetón de la misma forma en la que volvieron al continente: ocultos en camiones tapados con una lona verde y rogando pan para saciar el hambre acumulado

La Voz del Pueblo accedió a algunas de esas misivas y cables de guerra originales que partían desde Puerto Argentino con las noticias del maldito e injusto conflicto. 

Elías Omar, quien fuera empleado del Correo Central durante 33 años, era operador de sistemas de telecomunicaciones, uno de los encargados de recepcionar los telegramas con las máquinas Teletipo en el quinto piso del edificio de la calle Corrientes, tuvo la gentileza de compartir con este medio el valioso material que conserva como un tesoro desde hace 40 años. 

Su hija Lorena, que en ese entonces cursaba cuarto grado, escribe a Charly, soldado operador de comunicación en Puerto Argentino. El telegrama está fechado el 2 de junio de 1982. 

La transcripción: “Querido soldado: Te escribo para decirte que yo estoy preocupada por todos ustedes. Tengo miedo pero sé que no hay que tenerlo. Espero que no te pase nada. Tengo una hermana que tiene 13 años, está en la Secundaria de Aldo Bonzi. Yo estoy en 4to grado turno mañana en la Escuela Nº 74 - Jonas Salk. Mi papá me contó que te dicen Charli. Me imagino lo que estarás pasando allá lejos de tu familia. Mi hermana se llama Liliana y mi mamá Raquel. Todos pensamos y rezamos por ustedes. No estamos un minuto sin pensar en vos y ustedes. Te mando muchos saludos. Espero que me conteste. Con la ayuda de Dios venceremos. Te saluda tu amiga Lorena”. 

Respuesta de Charly 
“Querida Lorena: agradezco muchísimo que me hayas escrito. Tus palabras me han tocado muy de cerca, puesto que al leerlas te identifiqué de inmediato con mi pequeña hermana. Yo tengo una hermana de tu misma edad con la cual a menudo me comunico y ella demuestra tu misma preocupación. El temor por perderme. Yo quiero que confíen en todos los que nos encontramos aquí, ya que todavía nada se ha perdido. Con la ayuda de Dios volveremos muy pronto, victoriosos a casa para reunirnos con nuestros seres queridos. Por eso te pido que sigas rezando y que pidas con fuerza una pronta solución a este problema. Con cariño te saluda tu amigo”. 

Por otro lado, el único periodista que realizó una cobertura televisiva fue el cuestionado Nicolás Kasansew para el viejo Canal ATC. El austríaco también trabajaba para la revista Siete Días. El corresponsal de guerra escribió dos libros sobre Malvinas y hasta compuso canciones alegóricas. 

En una de sus audaces crónicas por telegrama, a las que también tuvo acceso este medio, el escritor detalla con precisión quirúrgica y con una notable calidad narrativa la tarde del domingo 16 de junio de 1982 durante una misa oficiada por el capellán de la Armada Argentina, Ángel Mafezzini, en una parte de la Bahía San Carlos. 


La carta de Lorena a Charly, soldado operador de comunicación en Puerto Argentino, y el texto de la respuesta



Domingo 16: 
“El altar está formado por tres cajas de municiones. Súbitamente, una bomba estalla. “Es en el Aeropuerto”, se sobresalta un conscripto. Sigue un momento de indecisión, pero por cuanto el padre Maffezzini no ha interrumpido el oficio. Nadie se mueve. Y las plegarias se siguen elevando hacia el cielo, ahora al son de las deflagraciones. A la vuelta, el bote es escoltado por varias toninas que se revuelcan alegremente. “Entre el sol y los delfines, me voy a convencer que estoy en Miami Beach y no en las Malvinas”, parlotea el conscripto Gustavo Masini (Veterano de Guerra de Malvinas). 

Prohibido olvidar. Memoria. El último genocidio de la dictadura cívico militar. El principio del fin. Atroz. La esperanza de encontrar un canal de diálogo con Gran Bretaña no puede sucumbir. Aunque no haya por el momento predisposición del gobierno inglés para generar un espacio diplomático, se sabe que la arrogancia no es buena consejera. Lo cierto, lo real y lo concreto es que la política colonizadora del país europeo viola y ultraja lo que establecen la Constitución Argentina y los tratados internacionales sobre soberanía territorial. Honor y gloria a los caídos y a los sobrevivientes. 

(*) El autor es periodista. Nació en Tres Arroyos y reside en la ciudad de Buenos Aires   



Add space 300x250x2